jueves, 8 de diciembre de 2016

#203 Entre lirios



Este pesebre lo compré en octubre de 2016 en una tienda de Little Italy, en Manhattan, Nueva York.
Se trata de una pieza ovalada de colgar, hecha en resina, con un marco de color violeta (¡color del Adviento!) y un centro que se puede girar y que de un lado tiene la imagen del pesebre y en la otra cara estas palabras en inglés: “Glory to God in the highest, and on earth peace, good will toward men". Es una cita del Evangelio de Lucas (Lc 2,14), lo que los ángeles cantan al anunciar a los pastores el nacimiento del Niño Jesús: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace".
Este pesebre fue diseñado por el artista estadounidense Jim Shore, fue hecho a mano en China y forma parte de la colección de Heartwood Creek, de la estadounidense Enesco.

La pieza en sí misma es muy bella, muy delicada en su diseño. Pero yo posé mi mirada en un detalle: María cubre con una manta al Niño y en esa manta hay estampado un lirio rosado...
Enseguida me vino a la memoria este versículo que se repite dos veces en el Cantar de los Cantares:  "¡Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado, él pastorea entre los lirios!" (2,16; 6,3).
Esto lo dice la esposa de su esposo, que es pastor y lleva sus ovejas a las mejores praderas.
El pastor conoce bien los campos y sabe diferenciar entre unas flores y otras. Sabe de la amargura y las espinas del cardo y de la suavidad y el perfume del lirio. No lo sabe de oídas, ha elegido ir personalmente a recorrer los campos y ver de cerca y tocar lo que crece allí...
Y por eso puede decir de su amada: "Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las jóvenes" (Cantar 2,2).
El pastor queda prendado de la hermosura del lirio y allí donde le encuentra elige apacentar.
¿Qué hace al lirio bello?
Este poema del Cantar recorre la historia de amor entre este pastor, que también es rey, y su enamorada. En un punto, ella lo pierde de vista y se lanza a buscarlo con desesperación...
San Juan de la Cruz, inspirado en este libro bíblico, recrea esta búsqueda en parte de su "Cántico espiritual":

"Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste, habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero:
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.
(Respuesta de las criaturas:)
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura, e, yéndolos mirando,
con sola su figura vestidos los dejó de hermosura".

Mil gracias derramando, es el propio amado el que hermosea los prados... y embellece a las flores.
Porque él, como lo dice el propio Cantar, es también lirio: "Sus labios son lirios que destilan mirra pura" (5,13).
Es Dios quien hermosea al alma con sus gracias derramadas... y se deleita en ello y viene a pacer en ese lirio.
Santa Teresa de Jesús, comentando el Cantar en su "Conceptos del Amor de Dios", habla también de cómo Dios va hermoseando al alma con virtudes y dice que es "un hacer la cama Su Majestad de rosas y flores para Sí en el alma". ¿No les suena a pesebre?
Esto es lo que hizo con la Virgen María, "la llena de gracia". En ese lirio eligió Dios encarnarse, nacer, pacer... Ella misma es la manta que lo cubre en este pesebre... Ella es la cuna de flotes que el Rey hizo para Sí...
Pero María es un litio que no excluye a otros... Todos estamos llamados a dejarnos hermosear por Dios y que Él venga a nacer en nuestro pesebre.
Si no sabemos dónde encontrarnos con esa mirada que hermosea, hay que salir a buscarlo como la amada del Cantar... hay que salir a buscarlo como María, quien perdiéndolo de vista de regreso a Nazaret nos enseñó a ir en búsqueda del Niño... En el templo, en el corazón... ¿dónde estás, Amado?



Oración para hallar a Jesús

Virgen bendita,
¿por qué te afliges
buscando a tu Hijo perdido?
¿Es que ignoras dónde está?
¿No te acuerdas de que mora
dentro de tu corazón?
¿No sabes que se apacienta
entre lirios?
Tú misma dices:
”Mi amado para mí y yo para él,
que se apacienta entre las azucenas”
(Ct 2, 16).
Tus pensamientos y afectos,
tan humildes, puros y santos,
son los lirios que invitan
a habitar en ti al divino esposo.
¿Suspiras por Jesús, María,
porque sólo a él le amas?
Déjame a mí que suspire por él
y por tantos pecadores que no le aman
y que al ofenderle lo han perdido.
Madre mía amantísima,
haz que yo encuentre a tu Hijo.
Bien es verdad que él
se deja encontrar de quien lo busca.
”Bueno es el Señor
para el alma que lo busca”
(Lm 3, 25).
Pero haz que yo le busque
como debo buscarlo.
Tú eres la puerta
por donde todos acabamos
encontrando a Jesús;
por ti espero encontrarlo
yo también. Amén.

San Alfonso María de Ligorio,
"Las glorias de María".

sábado, 3 de diciembre de 2016

#202 Noche silenciosa




Este pesebre lo compré en octubre de 2016 en la tienda Christmas and City de Little Italy, en Nueva York.
De la marca estadounidense Roman y fabricado en China en 2013, es una pequeña pieza de resina, de colgar, que tiene grabada una imagen, de líneas muy simples, del Niño Jesús en el portal de Belén, rodeado de animales.
En el fondo pueden leerse algunas palabras grabadas a mano alzada, en inglés antiguo:
"Silent night, holy night,
all is calm, all is bright

round yon Virgin Mother and Child.
Holy Infant, so tender and mild...
Jesus, Lord, at thy birth".
Se trata de la primera estrofa de "Noche de paz", considerado el villancico más famoso del mundo y cuya génesis y difusión merecen ser contadas.
Lo que más me ha sorprendido es que la letra de esta canción cumple justo en 2016 dos siglos desde su creación y que Nueva York, ciudad donde encontré este pesebre, si bien no ha sido la cuna de este villancico, sí fue un punto importante para la difusión universal de este tema.
El título del villancico es "Stille Nacht", en su alemán original, y su letra fue escrita en 1816 por Joseph Mohr, un joven sacerdote católico de la parroquia Sana María, en Lungau, cerca de Salzburgo (Austria).
Mohr se mudó en 1817 a la iglesia de San Nicolás, en Oberndorf, una pequeña localidad sobre el río Salzach, también cerca de Salzburgo.
Al parecer, acercándose los días de la Navidad de 1818 el órgano de la iglesia estaba dañado. Preocupado por cómo animar la liturgia, Mohr tomó su poema de catorce estrofas escrito en alemán dos años antes y le pidió a Franz Xaver Gruber, organista y maestro de escuela de la vecina localidad de Arnsdorf, que le compusiera una melodía para dos voces solistas, coro y guitarra.
Ambos entonaron por primera vez la canción en la misa de Nochebuena de 1818. El villancico arrancó los aplausos de los habitantes de Oberndorf, en su mayoría marineros del río Salzach y obreros de los armaderos de barcos.
Transcripciones y partituras del tema empezaron a circular por la región y rápidamente se difundió por toda Europa gracias a las actuaciones de cantores tiroleses, que lo incluyeron en sus repertorios.
Fueron estos quienes también llevaron la canción al otro lado del Atlántico. En 1839, los trovadores tiroleses Rainrer iniciaron una gira por los Estados Unidos que duraría hasta 1843.
"Noche de paz" fue entonada por primera vez en el "nuevo mundo" el día de Navidad de 1839, cuando los Rainer la interpretaron frente a la estatua de Alexander Hamilton que se encuentra en el pequeño cementerio de la iglesia de la Trinidad, en la neoyorquina Wall Street.
En 1859, el sacerdote episcopaliano John Freeman Young, de la misma iglesia de la Trinidad, de Nueva York, publicó la primera traducción al inglés de la canción, tomando solo tres estrofas del tema original, y que es la versión actual más popular del villancico.
Muchos afirman que está canción, que ha sido traducida a unos 300 idiomas y dialectos de todo el mundo, logró tener una difusión tan inmediata y universal por contener un mensaje de paz lanzado en un contexto de penurias fruto de las guerras.
De hecho, el villancico se escribió tras el fin de las guerras napoleónicas.
En particular, la región de Salzburgo y de la ribera Salzach quedaron a merced de ocupaciones militares y de las nuevas divisiones geográficas de la postguerra, lo que trajo nefastas consecuencias para los pobladores que vivían de la actividad naviera.
"Stille Nacht" expresaba, por tanto, una necesidad profunda de la época y el contexto social en los que fue alumbrada: la paz.
Ese mismo deseo llevó a los soldados alemanes y británicos que peleaban en el frente occidental durante la primera Guerra Mundial a cantar "Noche de paz" en la famosa tregua de la Navidad de 1914. La canción fue elegida por ser el único villancico que las tropas de los dos bandos conocían y fue entonada en los dos idiomas, alemán e inglés.
En 2011, la Unesco reconoció a esta canción como patrimonio cultural intangible de la Humanidad, un merecido homenaje para una creación que canta los sentimientos inefables del ser humano ante el nacimiento de su Redentor.




sábado, 5 de noviembre de 2016

#201 Corporal




Este pequeño cuadro me lo regaló mi amiga Annie en julio de 2016 y lo compró en Santiago de Chile.
Tiene en el centro una figura en relieve, como de peltre, de la Virgen María con el Niño Jesús en sus brazos.
El Niño, que parece dormir plácidamente, está arropado cuidadosamente con el manto de María, que figura ser como una prolongación de ella misma.
Esta imagen me hizo acordar a la celebración de la Eucaristía, en la cual se utilizan distintos lienzos.
Uno de ellos es el corporal, que es una pequeña pieza cuadrada de lino. En el altar, sobre el corporal, como Jesús envuelto en el manto de María, descansa la Eucaristía.
El sacerdote coloca sobre este lienzo la patena y el cáliz, pero antiguamente la Sagrada Hostia descansaba directamente sobre el corporal.
La utilización de este elemento denota el sumo cuidado y respeto que se le debe dar a la Eucaristía.
El nombre de "corporal" viene del Cuerpo del Señor, que va a reposar sobre este lienzo.
Sin embargo, el corporal no es el descanso final de Jesús Eucaristía. Los verdaderos corporales somos nosotros cuando comulgamos... Somos bastante más que un lienzo para Él y seguramente ansía encontrar en nosotros aquellos brazos de María, la calidez de aquel manto, la serenidad que le hacía descansar plácidamente...

"Corporales, rodeados
de ángeles, también yo
envidia os tengo a vosotros.
Como los limpios pañales,
envolvéis a mi Jesús,
mi único y solo tesoro.
Mi corazón cambia, ¡oh Virgen!,
en corporal puro y bello,
para poder recibir
la hostia blanca do se esconde
tu amado y dulce Cordero".


Extracto de "Mis deseos junto a Jesús escondido en su prisión de amor", 
poesía escrita en 1895 por Santa Teresa del Niño Jesús


domingo, 30 de octubre de 2016

¡Cuatro años!




Hoy cumplimos cuatro años con esta sencilla iniciativa que, desde este blog y sus perfiles en las redes sociales, quiere ser una invitación para todos a asomarse y adentrarse en el misterio de Dios desde la ternura del Niño Jesús, su abajamiento, su don contínuo...
Contemplar el pesebre mueve el corazón a dejarse amar por Dios y a ofrecer ese amor que recibimos gratuitamente. El solo dejarse invadir por la dulzura del Niño -aunque no pensemos nada, aunque no digamos nada, aunque simplemente nos quedemos mirando el nacimiento- es ya una oración bellísima.
Y esto es lo que proponemos desde este espacio, abierto siempre al compartir fraterno... ¡porque a Belén no vamos solos!
Gracias a todos los que siguen este blog, los que dejan sus comentarios o envian sugerencias, los que comparten sus reflexiones, los que acercan sus pesebres, los que nos siguen en las redes sociales, los que oran por esta iniciativa, los que la alientan, los que se prenden en las propuestas para Adviento y Navidad a través de Camino a Belén, los que están en contacto todo el resto del año... Y, sobre todo, ¡gracias al Señor!




martes, 18 de octubre de 2016

#200 Icono ruso


Este pequeño icono con la imagen del pesebre me lo regaló mi amiga Annie en julio de 2016.
Lo compró en una tienda junto a la iglesia de la Santísima Virgen María, en Santiago de Chile, una iglesia católica apostólica ortodoxa que está bajo la tutela del patriarca de Antioquía.
Pero el icono viene de más lejos aún. Fue fabricado por la firma Sofrino, en la capital rusa, junto al templo de San Serafín de Sarov, que depende del patriarca de Moscú.La diferencia principal entre los iconos y la pintura convencional de temática religiosa —que también existe en la cultura ortodoxa— es que el icono, aun siendo una obra de arte, es un objeto sagrado, tiene una fuerza particular y está dedicado, sobre todo, a la oración.
El arte de los iconos tiene su simbología propia. Por ejemplo, en este icono de la Natividad verán tres estrellas sobre la cabeza y los hombros de María. Estas tres estrellas simbolizan la virginidad de María antes, durante y después de dar a luz a Jesús.
También los colores tienen una simbología. El dorado, por ejemplo, es el color de Dios y de su luz y en este icono está presente en el Niño y en la Estrella.
En el revés de este icono hay un texto en ruso que, con paciencia y ayuda de la tecnología, logré traducir al español.
Lo primero que dice es "Navidad de Cristo" e indica dos fechas, que en realidad es una sola: el día de Navidad, "25 de diciembre - 7 de enero.".
Esto es porque los cristianos orientales -ortodoxos rusos, serbios y otros- celebran la Navidad el 25 de diciembre pero según el calendario juliano, fecha que cae el 7 de enero en el calendario gregoriano que seguimos en Occidente.
En las iglesias ortodoxas, la fiesta de la Navidad está precedida de un período de ayuno de 40 días.
La liturgia de la Víspera de Navidad es muy particular y culmina con el icono de la Natividad en el centro del templo, ante el que se entona el "tropario" propio de la festividad.
¿Y qué es un "tropario"? Eso me pregunté cuando en la traducción del texto en ruso que venía en el revés del icono saltó esta palabra que hasta entonces no había escuchado nunca.
"Tropario" es una palabra de origen griego para designar un tipo de canto propio de los ritos orientales. Es como un himno o una antífona más prolongada.
Pues bien, hay un "tropario" propio para la Navidad, que canta a Jesús, verdadera Luz, verdadero Sol, a quien vienen a adorar los que antes adoraban a los astros...
Y este "tropario" es justamente el que trae este icono en su reverso. Comparto la letra e invito a rezarlo, por qué no, cantándolo...


Tropario de la Navidad
(Tono 4)

Tu Nacimiento, oh Cristo nuestro Dios,
iluminó al mundo con la luz de la sabiduría,
pues los que adoraban a los astros,
por la estrella aprendieron a adorarte,
oh Sol de Justicia,
y a conocerte, Oriente de lo alto.
¡Señor, gloria a Ti!



domingo, 9 de octubre de 2016

#199 Niño rumi


Este pesebre lo compré en mayo de 2016 en la ciudad argentina de San Rafael (Mendoza), pero procede de Perú.
Es una única pieza, en miniatura, con la figura del Belén delicadamente tallada en piedra de Huamanga.
Huamanga es una provincia de la región de Ayacucho, en Perú.
La piedra típica de este sitio es un tipo de alabastro traslúcido o blanco con vetas tenues, muy maleable pero también frágil. Al parecer, la actividad de la talla de la piedra de Huamanga no se inició sino hasta la llegada de los españoles a esas tierras, entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII.
Precisamente, en la época virreinal utilizaban esta piedra para hacer tallas del Niño Jesús por lo que este material recibió la denominación, en lengua quechua, de "niño rumi" ("niño de piedra").
En el Evangelio de Mateo, Jesús utiliza la figura de la piedra para referirse a si mismo: una piedra desechada.
"La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular" (Mateo 21, 42).
Es una cita, en boca de Jesús, del salmo 118: "La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular" (Salmo 118, 22).
Los constructores, en teoría expertos, debían buscar un roca fuerte, firme, para cimiento de su edificio. Seguramente estudiarían y evaluarían varias piedras. Y, confiados en su juicio, su percepción, su supuesta sabiduría, harían su elección. Elección que implicaría descartar aquella piedra que les parecía o muy pequeña o muy débil. Sí, seguramente, siguiendo sois propios criterios, descartarían una piedra como la piedra de Huamanga, el "niño rumi".
Pero el Padre -quien, como dice san Pablo, elige "lo que el mundo tiene por débil para confundir a los fuertes" (1 Corintios 1, 27)- colocó a su Hijo, el descartado, como piedra angular de su plan de salvación.
San Pedro, al que el propio Jesús eligió como piedra de cimiento, llama a Jesús "la piedra viva, rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa a los ojos de Dios". Y nos recuerda que quien deposita su confianza en esta "piedra angular", no será confundido (1 Pedro 2,4-6).
También nosotros somos piedras, pequeñas, débiles, y, con la tracia de Dios, maleables en las manos del Padre para que Él pueda esculpir su obra.
Somos pierdas que quizás unos descarten o rechacen o tengan por poco valiosas o defectuosas. Pero elegidas por Dios para la construcción de su templo vivo... Somos integrados a su construcción apoyados en la piedra angular, que es Cristo. Y somos ensamblados en un edificio junto a otros, que también comparten nuestra condición de frágil piedrita... tenida por menos por los "fuertes"... pero "preciosa" a los ojos de Dios.


"Son ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por Él,todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por Él, también ustedes se van integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu".
Efesios 2



domingo, 18 de septiembre de 2016

Niño invitado #40: Caminar de la mano



Esta imagen del Niño Jesús caminado de la mano de san José la descubrí en agosto de 2016 en uno de los laterales de la capilla San Roque, que está junto a la Basílica de San Francisco, en Buenos Aires.Hay un cierto momento en que los niños ya no quieren caminar dándole la mano a un adulto. Se sienten firmes en sus pasos, creen que ya pueden cuidarse solos de los peligros que surgen al andar y, además, comienzan a avergonzarse de que otros piensen que aun no son "independientes".
A todos nos pasa esto. Y en el proceso de aprender a caminar por la vida del espíritu también nos puede pasar.
Hay un pasaje del libro de Oseas que presenta a Dios como un padre tierno, paciente, amoroso, que enseña a caminar a su pueblo como a un niño.
"¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos!" (Oseas 11,3).
Sin embargo, el pueblo de Dios no reconoció esos cuidados, creyó que podía andar solo y, como hacen los niños cuando quieren dejar de ser niños, se soltó de la mano de su Padre. Y entonces vinieron las caídas...
De esta imagen del pequeño Jesús tomado de la mano de José lo que más me conmueve es su humildad, el hecho de que, siendo Dios, se dejó enseñar a caminar en su Humanidad...
No es solo que quiso pasar por esta experiencia por la que debemos atravesar todos los seres humanos. Es además el modelo que nos deja: déjense guiar, déjense tomar de la mamo del Padre, es el único modo de dar pasos seguros... porque si no somos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos.
Hay algo más con esta imagen. La primera vez que la vi, no lo dudé: es el Niño con José. Sin embargo, después de mirar varias veces la foto, me entró la duda: ¿No será Jesús llevando de la mano a un niño?
Lo consulté con una buena amiga, a la que le envié la imagen, y ella, aunque inclinándose por la primera opción, no descartó que pueda ser Jesús, adulto, con un niño...
Como sea, y si así fuese, creo que también vale la misma lectura pues Jesús, que se dejó enseñar a caminar y que nunca se soltó de la mano del Padre, se convirtió en esa escuela en el mejor Maestro que podemos tener: aquel del "sígueme", del "levántate y anda", del "vayan hasta los confines del mundo", el de los pasos firmes, el que camina y hacer caminar sobre las aguas... el de los pies ungidos y besados... y el de los pies clavados. El que nos dice: "Yo soy el camino".



jueves, 8 de septiembre de 2016

#198 El manto azul de la Virgen



Este pesebre lo compré en mayo de 2016 en la ciudad argentina de San Rafael (Mendoza).
Es una sola pieza, en cerámica, de colores intensos. Es muy hermosa la unidad que forman José, María y el Niño.
Pero quisiera reparar en el manto azul de la Virgen, que fue lo primero que me llamó la atención al ver este pesebre.
El azul es, prácticamente desde la Edad Media, el color predominante del amplio velo que lleva la Virgen en diversas advocaciones y representaciones.
Los tonos de azul más oscuros se asocian al dolor de María por el sacrificio de Jesús en la Cruz, mientras que los tonos de azul más claros, brillantes o luminosos están asociados al gozo y a la luz que nos trae la Virgen.
El amplio manto azul de la María también remite al cielo, un cielo cuya contemplación lleva a los ojos del alma a posarse en Dios. Un cielo que inspira amparo, protección, refugio. Cuando Dios se hizo Niño eligió cobijarse bajo el manto azul de María...
Pero Él no quiso guardárselo solo para sí. Y al darnos a María como Madre nos regala también su protección.
"¡Sería todo tan fácil si acudiéramos siempre a la Señora!", asegura el hermano Rafael Arnaiz Barón (1911-1938), monje trapense español, canonizado en 2009.
De él, comparto las líneas que siguen abajo, de una carta escrita en octubre de 1937 a su tío Leopoldo, y que me parece que son la expresión amorosa y agradecida de un corazón que se sabe bajo el manto azul de la Virgen.

“¡María!, cuántas cosas dice esa palabra... iSi yo supiera escribir! no sabría acabar. Esta noche quiero ponerte dos letras y expansionarme un poco hablándote de la Señora.
Es tan hermoso y tan consolador el cariño a la Virgen, que me dan pena los que no la conocen, los que no la quieren, aunque no sea más que un poco... y, sin embargo, querido hermano, ¿dónde
se halla el cristiano, por tibio que sea, que no se acuerde en algún momento de su vida de la Virgen María?
Todos, todos llevamos dentro algo que, después de Dios, sólo María puede comprender y puede consolar... Ese algo es criatura, ese algo es necesidad humana, es cariño, a veces dolor...
Es ese algo que Dios puso en nuestras almas, y que las criaturas no pueden llenar, para que así busquemos a nuestra María... María, que fue Esposa, que fue Madre, que fue Mujer... ¿Quién mejor que Ella para comprender, para ayudar, para consolar, para fortalecer?
¿Quién mejor que María, la Santísima Virgen, para refugio de nuestros pecados, de nuestras miserias?
iQué bueno y qué grande es Dios que nos ofrece el corazón de María como si fuese el suyo! iQué bien conoce Dios el corazón del hombre, pequeño y asustadizo! ¡Qué bien conoce nuestra miseria, que nos pone ese puente... que es María! ¡Qué bien hace el Señor las cosas!
¡Ah, si supiéramos amar a la Virgen, si comprendiéramos lo que significa para Jesús todo el amor que podemos ofrecerle a la Virgen! Seríamos mejores, seríamos los hijos predilectos de Jesús.
No sé si diré algo que no esté bien. Que Ella no me lo tome en cuenta y que Dios me lo perdone, pero creo que no hay temor en amar demasiado a la Virgen ... Creo que todo lo que en la Señora pongamos, lo recibe Jesús ampliado... Yo creo que al amar a María, amamos a Dios, y que a Él no se le quita nada, sino todo lo contrario.
Es algo difícil de explicar, ¿me entiendes? Pero mira, ¿cómo no amar a Dios al poner nuestro corazón en lo que Él más quiere? ¿Cómo no amar a Dios, viendo su infinita bondad que llega a poner como intercesora entre Él y los hombres a una criatura como María, que todo es dulzura, que todo es paz, que suaviza las amarguras del hombre sobre la tierra poniendo una nota tan dulce de esperanza en el pecador, en el afligido...
Que es Madre de los que lloran. Que es Estrella en la noche del navegante. Que es... no sé... es la Virgen María.
¿Cómo no bendecir, pues, a Dios con todas nuestras fuerzas al ver su gran misericordia para con el hombre, poniendo entre el cielo y la tierra a la Santísima Virgen?
¡Cómo no amar a Dios teniendo a María!
¡Ah, hermano, es algo en que el alma se pierde... No comprende. Sólo le queda un recurso para no enloquecer... y es amar mucho; vivir arrebatado en amor a María, la Madre de Dios, la Virgen llena de gracia. La que nos ayuda en la aflicción cubriéndonos con su manto azul. La que en la tierra nos ayuda, para darnos luego en los cielos a su Hijo Jesucristo. La que es bendita y ensalzada por todos los coros celestiales. La que en la Trapa amorosamente sonríe cuando algún frailecillo llora.
¿Qué más te he de decir? ¿Quién soy yo para cantar las bellezas de María?
Nadie, ya lo sé. Pero no importa, cuando cogí la pluma me propuse hablarte de la Señora; recordarte que... -¡qué pretensión!- en los cielos está María, nuestra Madre...
¡Ah, si yo tuviera las palabras y el corazón de David, al mismo tiempo que tener mi fortaleza en Jesús, tendría mis debilidades en María... mi torre murada en Dios, mis consuelos en María (Salmo 18,2-3).
Tú dices muchas veces «todo por Jesús», ¿por qué no añades «Todo por Jesús y a Jesús por María»?
Sí, querido hermano, «en sólo Dios tengo puesta mi esperanza», dice el gran rey David (Salmo 17,3 )...
IAhl, si hubiera conocido a la Santísima Virgen, hubiera añadido: «Y esa esperanza es María». ¿No lo crees tú así?
No te extrañe, pues, que yo le tenga mucha devoción y que quiera que todo el mundo se la tuviera... ¡Sería todo tan fácil si acudiéramos siempre a la Señora!".

sábado, 27 de agosto de 2016

Niños invitados #39: Los "Manuelitos" de Mama Antula


En agosto de 2016 tuve la oportunidad de visitar la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, de Buenos Aires, faltando pocos días para la beatificación de la fundadora de este sitio histórico, María Antonia de Paz y Figueroa.
Conocida popularmente como Mama Antula, María Antonia nació en la provincia argentina de Santiago del Estero en 1730, cuando aquel territorio dependía del Virreinato del Perú.
A los 15 años hizo votos de pobreza y castidad, adoptó el nombre de María Antonia de San José y, junto a otras compañeras, bajo una forma de vida consagrada conocida entonces como "beaterio", se dedicó a asistir a los jesuitas en su labor pastoral y social, en particular en los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.
La figura de Mama Antula se hizo conocida gracias a su empeño por mantener vivo el carisma ignaciano luego de que en 1767 el rey español Carlos III decretara la expulsión de los jesuitas de sus territorios, lo que la movió a recorrer varias provincias del norte argentino, organizando los Ejercicios Espirituales, hasta finalmente llegar en 1779 a Buenos Aires, donde en 1795 fundó la Casa de Ejercicios Espirituales, sitio de su muerte el 7 de marzo de 1799.
En todo su peregrinar, María Antonia llevaba consigo, colgando de su cuello, una cruz sobre la que está recostado el Niño Jesús, una de sus principales devociones.
Lo llamaba su "Manuelito", una forma usual de referirse al Niño en aquella época, derivada de "Emmanuel" (Dios-con-nosotros). "Manuelito, el que todo lo puede", lo invoca, confiando en su Providencia.
La cruz con el Niño que llevaba colgada María Antonia, que actualmente se conserva en un cuadro con reliquias en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, era de unos 7 por 13 centímetros, de alabastro y madera. El Niño está recostado sobre uno de su lados, en una de sus manos sostiene los tres clavos con que fue clavado en la Cruz y sus pies están sobre una calavera, símbolo del triunfo de Cristo sobre la muerte.



En una carta, de 1784, María Antonia detalla así cómo es el Manuelito de su crucifijo: "La acción del Niño es estar acostado sobre la cruz y algo inclinado sobre el lado derecho. La mano izquierda tiene cogidos los tres clavos por sus puntas y con ello descansa sobre el cuadrel y parte del vientre la mano derecha, estando el brazo unido al cuerpo viene a parar en la mejilla y le sirve como de reclinatorio. La pierna izquierda recuesta sobre la derecha y está con su garganta sobre la pantorrilla de la misma derecha; los pies descansan sobre una calavera que pisa el izquierdo y toca el derecho con su empeine. Se previene que el Niño está enteramente desnudo y sin toalla o cosa que se le parezca. Esta postura o figura de mi Niño Dios ha sido la que más me ha robado la atención".
María Antonia le tenía a esta imagen "muchísima devoción", según me contó durante mi visita a la Casa de Ejercicios la hermana Zulema Zayas, superiora de las Hijas del Divino Salvador, continuadoras de la obra de Mama Antula.
"El Niño Jesús acostado sobre la Cruz encierra todo el misterio de nuestra fe, desde el nacimiento hasta la muerte de Jesús en la Cruz y lo que se trata de transmitir es justamente la Vida que nace de ahí", explica la hermana Zulema.
Decía por entonces Mama Antula que a su Niño apenas si se le podía distinguir alguna facción porque cuando llegó a su poder estaba ya "bastante usado" y ella "rara vez" se lo desprendía del cuello.
A eso se agregaba la gran devoción que despertaba la imagen entre la gente y que movía a muchos a besar la cruz: "Siendo tierno el afecto que sacan las almas de los santos Ejercicios, quizá por ilusión del demonio, se me postran a los pies y yo, confundida de mi indignidad, los aparto de mí, dándoles a besar mi Niño Dios".
Poco después, María Antonia, que casi nunca se sacaba su cruz, tendrá que desprenderse de ella más a menudo porque no pocos se la pedirán prestada en casos de especial necesidad de socorro divino, como enfermedades o partos.
Así, como ella misma dice, la cruz termina un poco "gastada" por lo que en febrero de 1784 decide encargar otra igual al padre Gaspar Juárez, un jesuita exiliado en Roma y que había sido su guía en en Santiago del Estero.
En su encargo pide, entre otras cosas, que la nueva cruz le sea enviada con "gracias particulares para beneficio de las almas" que besarían la imagen y alabarían el santísimo Nombre del Niño.
Pero la llegada de su nuevo Manuelito comenzó a demorarse.
Casi un año después dirá que "ya quisiera tener a la vista" la nueva imagen "para encomendarle especialmente los asuntos" suyos.
Por los intercambios epistolares, sabemos que el nuevo Niño, mandado a hacer en Roma, había sido enviado a mediados de 1785 por el padre Juárez hacia el puerto de Cádiz, desde donde sería embarcado rumbo a Buenos Aires.
Con ansias crecidas en la espera, en enero de 1786 María Antonia le escribe nuevamente al padre Juárez: "Hasta el presente aún no ha llegado a Buenos Aires y ciertamente que ya tarda".
En esa misiva asegura que el deseo de contar con una nueva imagen no es solo de ella: "Toda ponderación es nada para decir el anhelo y veneración que tienen a Manuelito, pues así los señores clérigos, como todas las personas de suposición, están deseando que llegue, y ya el que yo tengo en el cuello, que es de piedra, no lo dejan, pues, para enfermedades, para partos, en todo anda él, y ya lo ando mezquinando, porque está ya algo gastado".
Esta carta resulta reveladora del alcance que la obra de María Antonia estaba teniendo en la creciente devoción al Niño Jesús en Buenos Aires.
Ella invitaba a adorar a su Manuelito a quienes participaban en los Ejercicios Espirituales, una costumbre que luego se pondría en practica en las iglesias de Buenos Aires en la Navidad de 1785, según lo describe la propia Mama Antula en su misiva de enero de 1786: "Con que, luego que llegue el otro (Niño), lo pondré en el altar para que todos lo adoren; pues esta devoción no sólo ya es grande, sino que cada día toma más aumento. Buena prueba de esto es lo que, a imitación de los Ejercicios, se ha hecho en la próxima Pascua de Navidad en varias iglesias de esta ciudad, aun de regulares; pues no habiendo habido costumbre hasta ahora de exponer el Niño Dios en los brazos de un sacerdote a la pública adoración de los fieles, lo han hecho en estas Pascuas, del mismo modo que se practica en los Ejercicios". 

Monseñor Marcos Ezcurra, en su libro "Vida de María Antonia de Paz y Figueroa", cuenta que Mama Antula tenía además por costumbre durante los Ejercicios "hacer un día la adoración en el pesebre, tierno acto en que imitaban a los pastores los ejercitantes, que muchas veces eran gente de campo; y se compungían con él aún los más endurecidos pecadores, que habían resistido hasta allí hasta las exhortaciones de los sacerdotes y predicadores más celosos y elocuentes”.
Finalmente llegó el nuevo Niño, pero resultó ser algo más grande e imposible de llevar al cuello. Este Niño también se conserva en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, dentro de una caja de vidrio, en la celda que ocupó María Antonia.




Junto a la imagen hay un pequeño cartel que señala que el Niño fue mandado a hacer en Roma en 1785 por el padre Juárez. Recuerda también que Mama Antula exclamaba con frecuencia: "¡Alabemos y glorifiquemos incesantemente a Manuelito!".
El Niño, una talla en madera, también está completamente desnudo y recostado sobre una cruz, aunque sobre su lado izquierdo. Parece dormido. Su cabeza reposa sobre su brazo izquierdo y con el derecho abraza el madero.
Se ve que Mama Antula lo contemplaba y lo daba a contemplar... Decía que este Niño era el "hechizo" de cuantos lo veían y se nota que a ella también le fascinaba e intuía algo más del misterio que encierra esta imagen.
Esto le escribía al padre Juárez en julio de 1788: "Es preciso decirle también algo de Manuelito, el que Vuestra Merced me mandó. Es el hechizo de cuantos lo ven y si Vuestra Merced lo viera, no lo conociera; es muy letrado; de repente le da en decir 'Esclavito, esclavito', sin saber por qué y mirándolo después de tiempo de estos dichos con atención, hallo que por algunas peladuras que se le ha hecho al barniz, ha descubierto unas vetas casi negras, que parecen propiamente manchas de azotes con ramales; toda la cara la tiene como cruzada o marcada; los bracitos con unas señales de ligaduras de cordeles, como si las hubiesen hecho a propósito; y estoy con curiosidad de que Vuestra Merced sepa si la madera de que lo hicieron tiene vetas, porque es cosa particular. No deje Vuestra Merced de averiguado y avíseme en la primera ocasión".

"En esta Buenos Aires
aún me hallo aguardando
a que Manuelito me abra el camino y
seguir adonde fuere su agrado".
Mama Antula, 1787.

sábado, 13 de agosto de 2016

#197 Entre la paja del pesebre




Este cuadro me lo regaló en mayo de 2016, por mi cumpleaños, mi sobrino y ahijado Tommy. El marco lo pintó él y su mamá lo ayudó a pegar la hermosa imagen del pesebre.
Sobresale la abundante paja, entre la que se esconde la espiga del verdadero trigo: Jesús, el grano de trigo que ha de morir para ser Pan de Vida.
San Pedro Julián Eymard (1811-1868), sacerdote francés considerado "apóstol de la Eucaristía", afirmó alguna vez que la "Eucaristía se sembró en Belén", entre la paja de nuestra pobre humanidad.
En una meditación sobre "La Natividad y la Eucaristía", el santo señala que el trigo se siembra y "se necesita que se deposite en la tierra, que germine, que madure, hasta que, una vez segado, se muela para hacer de él pan nutritivo".
Al nacer en Belén "sobre la paja del establo", afirma Eymard, "el Verbo divino preparaba su Eucaristía".
"Ese trigo celestial es como sembrado en Belén, casa de pan; vedle sobre la paja; esta paja está pisoteada, destrozada, representa a la pobre humanidad; esta paja es estéril de suyo; Jesús la levantará de nuevo, le devolverá la vida y la hará fecunda; ved ya sembrado ese grano divino. Sus lágrimas son la humedad que lo hará germinar, y llegará a ser hermoso", continúa el santo.
Observa que Belén se halla situado sobre una colina que mira a Jerusalén. "Cuando esta espiga esté madura -señala-, se inclinará hacia el Calvario, donde será molida y sometida al fuego del sufrimiento para que se convierta en Pan vivo".
Pero, insiste, "la Eucaristía empieza en Belén" pues "ya el Emmanuel viene a habitar en medio de su pueblo" y comienza a vivir entre nosotros, una presencia que será perpetuada por la Eucaristía.
En Belén, señala, "el Verbo se hace carne; en el Sacramento se hace pan, para darnos a comer su carne".
Eymard observa además que en Belén se da principio a "las virtudes del estado sacramental" pues Jesús oculta ya allí, en el pesebre, su divinidad y "cubre su gloria divina, para llegar gradualmente a ocultar también su humanidad".
En el pesebre, el Niño es débil, pobre, "se despoja de toda posesión".
"El establo no es suyo, se le ha cedido de limosna; vive con su Madre de las ofrendas de los pastores y de los dones de los Magos; más tarde, en la Eucaristía pedirá al hombre un sitio donde albergarse, la materia de su Sacramento, una vestidura para su ministro y su altar. He aquí cómo Belén nos anuncia ya la Eucaristía”, afirma el santo.
Hoy, en la Eucaristía, Jesús sigue siendo trigo molido que se nos ofrece como Pan de Vida... en medio del pobre pesebre de nuestra humanidad.




viernes, 22 de julio de 2016

Pesebre invitado #38: Mirando a Belén




Este pequeño cuadro apareció un día de principios de mayo de 2016 en el acceso al bautisterio de mi parroquia, la Basílica de María Auxiliadora, de Buenos Aires.
La imagen muestra a María, con el Niño en brazos, y a José, y por debajo un caserío: es Belén.
María y José observan desde arriba la pequeña ciudad. Pero su mirada no es altiva.
Fueron hasta allí para cumplir con un decreto imperial de censarse. Como José pertenecía a la familia de David, tenían que inscribirse n Belén, la ciudad natal del célebre rey.
Pero estando ya allí le llegó a María la hora de dar a luz a Jesús. Y el alumbramiento fue en un pesebre porque, como lo señala el Evangelio de Lucas, "no había lugar para ellos en el albergue" de Belén.
No sabemos si fue porque el sitio estaba completo de huéspedes, o porque no tenían cómo pagar el hospedaje, o porque nadie les tendió una mano... lo cierto es que "no había lugar para ellos".
Pudieron haber alegado la condición de José de miembro del linaje del rey David... O María, sabiéndose Madre del Hijo de Dios, pudo haber lanzado un mar de protestas y reproches... Pero nada de esto... El Evangelio hace un silencio sobre la reacción de José y María al encontrarse con que "no había lugar para ellos"... silencio evangélico que es eco del silencio humilde de María y José.
Humildad que abre camino a la humildad del pesebre, humildad que Dios Padre quiso como primera cuna de su Hijo muy amado.
Imagino a María, con el pequeñísimo Jesús ya en sus brazos, y a José observando, a lo lejos, desde el pesebre de la voluntad de Dios, a la pequeña Belén donde no hubo lugar para ellos...
Mirada sin resentimiento, sin reproches, sin enojos...
Mirada que tal vez no lo comprende todo, pero lo acepta todo en la confianza ciega en los por qué que se esconden en los planes de Dios Padre.
Mirada con un dejo de tristeza: la pena no por el albergue que se les negó a ellos sino por la acogida que no le dieron al Dios hecho Hombre...
Mirada silenciosa, hecha oración, en la comunión con el Niño, por la conversión de nuestros corazones, para que en ellos Dios sí encuentre sitio para nacer...


domingo, 17 de julio de 2016

#196 ¡El don es Él!



Este cuadro me lo regaló en mayo de 2016, por mi cumpleaños, mi sobrino Juan Cruz, que intervino con sus manos para pintar el marco.
Es una imagen bella, llena de color y detalles preciosos, como esas dos ovejitas en uno de los ángulos.
Es la escena de la Adoración de los magos. Pero hay algo que llama mi atención y es que María parece que dejó de prestarles atención a los reyes y sus costosos regalos, se giró y me mira.
Uno de los magos, recogido en la oración, arrodillado, ni se percató... pero los otros dos, cargados con sus dones para el Niño, también se dieron vuelta para ver a quién mira la Virgen y me observan... las manos.
Yo caí en Belén sin nada para el recién nacido. No sé si los reyes piensan que soy una descarada o una desubicada... pero a María parece no importarle que yo llegué con las manos vacías.
De hecho, ni me mira las manos, sino que me está mirando a los ojos, con ternura, con una sonrisa.
No pronuncia palabra, pero me muestra a Jesús, como presentándomelo, como ofreciéndomelo... su Hijo, el Todo, para colmar mi nada.
Y entonces ya no siento vergüenza de mis manos vacías, las tengo libres para aceptar a Quien se me ofrece. ¡El don es Él!



sábado, 2 de julio de 2016

Pesebre invitado #37: La Virgen del Socorro, la Madre del pesebre


Este pesebre lo descubrí en marzo de 2016 en la Basílica Nuestra Señora del Socorro, de Buenos Aires. Es de estilo clásico y ocupa uno de los altares laterales de la iglesia.
La advocación de la Virgen del Socorro es antigua. Existen diferentes imágenes para este título mariano. Quizá la más conocida sea la del ícono bizantino de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
A Buenos Aires la advocación llegó en la segunda mitad del siglo XVIII desde España, donde había sido difundida por la orden de los agustinos, tras su popularización en Palermo (Sicilia, Italia).
Aunque las representaciones de la Virgen del Socorro son diversas, en la mayoría de ellas María lleva a Jesús en brazos, gesto que habla de sus cuidados maternales, su dedicación amorosa al Hijo, su atención permanente a las necesidades de Jesús...
Como dice esta oración: "¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro, en cuyos brazos el mismo Niño Jesús parece buscar seguro refugio!".
La Virgen del Socorro es la Madre del pesebre, la
 Madre que mira atenta al Niño, que vela junto a Él, que está muy cerca de Jesús para procurarle todo lo que necesite. 
Esta misma Madre es la que Jesús nos dio en la Cruz.
Te invito a mirarla cómo Jesús la mira desde este pesebre... para descubrir a quien siempre está dispuesta, atenta y muy cerca para socorrernos.




"Oh, Santa María, ayuda a los pobres,
da fuerza a los débiles,
consuela a los que lloran,
ruega por todos,
ruega por los sacerdotes,
intercede por las piadosas mujeres,
que sientan tu socorro
todos los que exaltan tu misericordia.
Recibe benignamente los deseos
de los que a Ti se encomiendan,
concede a todos lo que te piden.
Que sea tu cuidado pedir
por el Pueblo de Dios.
Tú, que mereciste, Virgen bendita,
llevar en tu seno al Redentor del mundo,
que vive y reina por los siglos de los
siglos. Amén".

Oración de San Agustín a la Virgen María



jueves, 23 de junio de 2016

#195 Llaves


Este llavero me lo regaló mi mamá en mayo de 2016. Tiene la imagen de un pesebre y lo puse con las llaves de mi casa.
Dar las llaves del propio hogar a alguien implica un acto de confianza. También de cesión del dominio absoluto sobre ese lugar. Ahora alguien más podrá entrar y salir cuando quiera, tendrá libertad para hacer y deshacer...
Si Dios habita en nuestro corazón -o por lo menos aspiramos a que no sea un huésped de paso- es justo que tenga las llaves de nuestra vida. Confiarnos a su voluntad, permitirle que disponga de nosotros y que "acomode" nuestro corazón como lo hace un dueño de casa.
Santa Gertrudis de Helfta, a quien se representa con un Niño Jesús en su corazón, cuenta que una vez le ofreció al Señor que descendiera a la morada de su corazón. Y Jesús le respondió: "Si me das esa libertad, dame la llave de tu voluntad propia".
La imagen de la "llave de la voluntad" también está presente en los escritos de santa Teresa de Jesús. Es el "darse del todo al Todo" en el que mucho insiste.
En su "Libro de la vida", santa Teresa sostiene que quien entrega esta "llave" a Dios ya "no quiere hacer cosa, sino la voluntad del Señor", ni "quiere cosa propia, sino que haga de todo conforme a su gloria y a su voluntad".
"Tengo para mí que un alma que allega a este estado, que ya ella no habla ni hace cosa por sí, sino que de todo lo que ha de hacer tiene cuidado este soberano Rey", dice más adelante Teresa.
Darle las llaves y que venga a nosotros su Reino hasta un día poder decir con san Pablo: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20).


viernes, 3 de junio de 2016

Niño invitado #36: el Sagrado Corazón de Francisco


Esta imagen del Sagrado Corazón del Niño Jesús la tomé en abril de 2016 en uno de los altares laterales de la Basílica de San José de Flores, en Buenos Aires, la iglesia que frecuentó durante su niñez y adolescencia el Papa Francisco.
Imagino que muchas veces habrá mirado esta imagen, se habrá dejado interpelar por este Jesús, Niño, que con su pequeña mano izquierda señala su Corazón.
Cuando veo una imagen del Sagrado Corazón -Jesús que muestra, que descubre, que señala su Corazón- pienso en su Amor ofrecido, pero también en el amor que nos pide -nuestro pobre amor para su Corazón herido- y en el camino que quiere proponernos desde el latir de su Corazón. Es como si Jesús nos dijera, señalando su Corazón: "te ofrezco mi Amor, necesito tu amor, te propongo amar así...".
Pero, ¿y qué nos dice este Corazón desde el pecho de Jesús Niño? Lo mismo, pero con el acento puesto en dejarse amar y amar con "corazón de niño".
En junio de 2014, en una homilía para la fiesta del Sagrado Corazón, el Papa Francisco dijo que, para comprender el amor de Dios, el hombre necesita buscar una dimensión inversamente proporcional a la inmensidad: la pequeñez, la pequeñez del corazón.
En nuestra pequeñez Dios vuelca su misericordia, su ternura. Él es Padre.
Dice Francisco que lo "que Dios busca en el hombre es una relación de papá-hijo", "pero si nosotros nos sentimos fuertes, no experimentaremos nunca la caricia del Señor".
Hay que hacerse como niños. Tener corazón de niño.
"Y cuando Jesús habla de sí mismo, dice: ‘Yo soy manso y humilde de corazón’. También Él, el Hijo de Dios, se abaja para recibir el amor del Padre”, añade el Papa al marcar la actitud de Jesús, quien nos enseña desde su Corazon de Niño cómo abrirnos al Amor de Dios.



sábado, 28 de mayo de 2016

Pesebre invitado #35: Como en Belén, pero aquí y ahora



Este sagrario lo descubrí en abril de 2016 al visitar la parroquia Patrocinio de la Virgen, aledaña al hospital Churruca, en Buenos Aires.
El tabernáculo no es muy grande. Está sobre un pedestal muy sencillo, a un costado del altar. Está dispuesto de tal modo que, si uno se acerca con delicadeza, se pueden abrir las puertas frontales y dejarlas abiertas para poder adorar al Santísimo, expuesto en una custodia, tras un vidrio.
En las puertas frontales se pueden ver imágenes de un ángel anunciando a los pastores el nacimiento de Jesús y de otro guiando a los magos de Oriente hacia el pesebre. Ambas imágenes, cuando el sagrario está abierto, miran hacia el centro, donde está Jesús, Vivo y Verdadero.
Cuando vi la hermosura de este sitio de adoración, donde Jesús está presente como en Belén, me acerqué para observar más de cerca... Descubrí que los laterales y la puerta por detrás, que custodia la reserva, también tienen imágenes relativas al nacimiento de Jesús. Uno de los laterales muestran a los tres magos de camino a Belén. El otro lateral presenta a un ángel anunciando el nacimiento a dos pastores. Y la puerta de atrás exhibe una escena muy tierna, del Niño Jesús, en el regazo de María, siendo alimentado en el pesebre.
Poco después me enteré de que todas estas imágenes corresponden a pinturas de Bradi Barth (1922-2007), una artista suiza, pero que vivió la mayor parte de su vida en Bélgica y que se distinguió por la belleza de sus obras sobre motivos religiosos.
Es un sitio de adoración precioso. Muy sencillo y silencioso. Con Jesús Vivo y Verdadero. Como en Belén, pero aquí y ahora.
Y, más allá de la belleza artística que pueda o no tener, cada sagrario, cada altar donde Jesús Eucaristía esta presente es nuestro Belén.







"Mi belén es el altar: 
no hay cueva, sí sacramento,
besa y come tu alimento,
adórale hasta llorar,
que adorar es puro amar.
Como María y José
a mi Dios adoraré: 
Salve, Cuerpo, aquí escondido,
Salve, amor, de Dios ungido,
Salve, Misterio de fe".

"Ave Verum Corpus", de Rufino María Grández, sacerdote capuchino, en "Cantad Eucaristía".





martes, 24 de mayo de 2016

#194 Divino Niño, auxilio de los cristianos



Este llavero con la imagen del Divino Niño lo compré en abril de 2016 en la santería de la Catedral de Buenos Aires.
Es una imagen bastante difundida: el Niño pequeño, vestido de rosa, con sus brazos extendidos, descalzo sobre una nube que por debajo lleva la leyenda "Yo reinaré".
Lo que para mi era desconocido hasta hace poco es el origen salesiano de esta devoción. Y ahora, cuando lo veo, hasta me parece que, aunque no va vestido igual, es el Niño que se ha bajado por unos instantes de los brazos de la Auxiliadora...
Todo comenzó con la llegada a la ciudad colombiana de Barranquilla del padre Juan del Rizzo, un misionero salesiano italiano, en 1914.
Un día su superior le encomienda a él y a otros compañeros salir a pedir limosnas para apoyar la construcción de un templo. Pero como el padre Juan era muy tímido no pudo pedir nada y al parecer fue reprendido.
Entonces se fue a rezar a los pies de una imagen de María Auxiliadora, que tiene al Niño en sus brazos. Y en un momento sintió que el pequeño Jesús le decía que no se preocupara y que Él le acompañaría al día siguiente a pedir la limosna.
Es entonces cuando el padre Juan se confía al Niño y hace el propósito de propagar la devoción al Divino Niño Jesús. Y lo hace con la devoción que él ya conocía, que era la del Niño Jesús de Praga.
En 1934 el padre Juan es trasladado a Bogotá, al colegio León XIII, y le encomiendan la animación del oratorio del Campo San José, en el barrio 20 de Julio, pero le piden que no promueva allí la devoción al Niño de Praga pues esa tarea ya la realizaban los carmelitas en esa ciudad.
Entonces el padre Del Rizzo va a una tienda de artículos religiosos del centro de Bogotá y compra allí una imagen del Niño Jesús. Pide que le quiten una cruz que llevaba en la espalda y que le retoquen un poco el rostro.
La figura, un Niño de brazos abiertos dispuesto a recibir a todos, fue colocada en el oratorio. Pronto la devoción ganó gran popularidad. Y el amor al Niño despertó en muchos corazones el deseo de ayudar a los chicos más pobres del oratorio.
Hoy el Divino Niño tiene un santuario en este sitio, que es visitado por miles de fieles cada semana. Su fiesta principal se celebra el primer domingo de septiembre.


Oración de la confianza al Divino Niño

Niño amable de mi vida,
conduelo de los cristianos,
la gracia que necesito
pongo en tus benditas manos.
Tú, que sabes mis pesares
pues todos te los confío,
da la paz al angustiado
y alivio al corazón mío.
Y aunque tu amor no merezco
no recurriré a Ti en vano
pues eres Hijo de Dios
y auxilio de los cristianos.
Acuérdate, oh Niño Santo,
que jamás se oyó decir
que alguno te haya implorado
sin tu auxilio recibir.
Por eso, con fe y confianza,
humilde y arrepentido,
lleno de amor y esperanza
este favor yo te pido.
Divino Niño Jesús,
bendícenos con amor.



sábado, 14 de mayo de 2016

#193 Ven a visitar tu viña




Este Niño me lo regalaron mamá y papá en abril de 2016. Lo compraron en una tienda de Mercedes (Argentina), pero -y quién sabe cómo llegó hasta aquí- es originario de Puerto Rico. Lo sé porque venía con una tarjeta adosada, indicando que es creación de la artesana Mercedes Buenaga, de Río Piedras.
Es una única pieza de barro, con el pequeño Niño envuelto, que descansa sobre una enorme hoja de vid.
Esta imagen me hizo recordar algo que el pueblo de Israel pedía a Dios: "Ven a visitar tu viña" (salmo 79). Y Dios no ignoró estas oraciones. Realmente vino a visitar su viña, encarnándose.
No solo vino a nuestra viña, a nuestra humanidad, sino que se hizo Él mismo vid. "Yo soy la vid verdadera". Y nos asumió como sarmientos... para dar frutos en Él.
El punto de partida para esta "visita" de Dios a nuestra viña no es otro que su Amor misericordioso. Él nos plantó, nos dio una tierra donde crecer... y cuando fuimos invadidos -o nos hemos dejado invadir- por la maleza, no desoyó la súplica: "Ven a visitar tu viña".
En ese Amor misericordioso debemos confiar cada vez que sintamos que nuestra viña es asaltada, pisoteada, saqueada... Es el Amor de quien se hizo vid por nosotros.


"Tú sacaste de Egipto una vid,
expulsaste a los paganos y la plantaste;
le preparaste el terreno, echó raíces
y llenó toda la región.
Las montañas se cubrieron con su sombra,
y los cedros más altos con sus ramas;
extendió sus sarmientos hasta el mar
y sus retoños hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado sus cercos
para que puedan saquearla
todos los que pasan?
Los jabalíes del bosque la devastan
y se la comen los animales del campo.
Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu viña,
la cepa que plantó tu mano,
el retoño que tú hiciste vigoroso.
¡Que perezcan ante el furor de tu mirada
los que le prendieron fuego y la talaron!
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,
al hombre que tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,
que brille tu rostro y seremos salvados!"
Salmo 79
"Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo".
Lucas 1, 68



viernes, 29 de abril de 2016

#192 Pino


Este pesebre me lo regaló en diciembre de 2015 mi amiga Daniela Vulcano.
Es una única pieza, de resina, y dentro tiene luces de colores que funcionan a pila. Es un pino nevado, con una estrella dorada en la punta. Pero lo mejor es que el árbol no se roba el protagonismo, sino que en primer plano está el pesebre.
La tradición de colocar un pino dentro de la casa y decorarlo con luces para la Navidad tiene ya unos siglos y es originaria de Alemania.
Lamentablemente en muchos lugares el árbol queda como único signo de la Navidad y la representación del nacimiento de Jesús, lo verdaderamente central, queda marginada o ausente.
No se trata de eliminar al árbol sino de poner las cosas en su justo lugar: que el pesebre recupere su sitio destacado y que el árbol de Navidad adquiera un sentido más profundo y no meramente decorativo.
Buscando por allí, encontré un escrito, de autor desconocido, una verdadera oración que comparto más abajo y que, me parece, es válida no solo para los días de Adviento en los que se arma el árbol sino para cualquier momento del año, porque de lo que se trata, finalmente, como el pino decorado en los días de Navidad, es ser signo, testimonio, del amor de Dios encarnado. ¡Nosotros también podemos ser pino!

"Esta Navidad quiero ser tu pino, Señor. Un pino sencillo, de los que nacen en las sierras, pero con unas ramas verdes y frescas, alimentado por la savia de tu Vida divina.
Como un reflejo tuyo, mi forma será triangular, signo de la Santísima Trinidad, y si una rama sobresale demasiado, hazme sensible para cortarla antes de que me deforme demasiado.
Empezaré a limpiar mi tronco y mis ramas de todo musgo que tenga.
Y así, poco a poco, quitaré todo lo que me estorba: mi egoismo, mis envidias, mis incomprensiones, mi orgullo, mi soberbia, que como 'plagas' crecen sin que yo me de cuenta.
Como un recuerdo de todas las estrellas que brillaron esa noche bendita en que Tú naciste, me llenaré de foquitos de colores para reflejar a los demás la alegría de tu venida al mundo.
Escogeré unas esferas doradas, las más brillantes, para que representen todas mis alabanzas por el sol que sale cada día, por las estrellas, por los atardeceres tan hermosos y por todas las maravillas del mundo que Tú creaste para nosotros, por ser nuestro Ser Supremo.
Continuaré con muchas esferas rojas, que representan mis peticiones. Te pido que hagas de mi un instrumento de tu Amor. Te pido por mi familia, mis amigos, mi comunidad, mi parroquia. Por mi patria, para que sea un país donde Tú siempre reines. Que jamás el desaliento entre en mi corazón. Te pido tu Santo Espíritu y, con Él, la verdadera sabiduría que viene de ti.
Dame, Señor, lo que Tú sabes que me conviene y yo no sé pedir. Dame mucha paciencia y humildad. Dame prudencia para nunca herir a nadie y dame caridad para tener un corazón grande que sepa amar.
Pondré también unas esferas azules, para pedirte con ellas perdón porque yo no siempre he sido fiel, porque no he sabido dar ni perdonar, porque viendo la luz he preferido la oscuridad, porque conociendo el bien he optado por el mal.
Por último, me llenaré de esferas plateadas, muy grandes, que serán para darte gracias por todo lo que he recibido de ti. Gracias porque me has otorgado salud, bienestar, alegría y satisfacciones.
Gracias también por la enfermedad, las penas y los sufrimientos, aunque me cuesta trabajo decírtelo y aceptar tu voluntad. Tú sabes lo que hiciste.
Gracias, Señor, por todo aquello que me acercó íntimamente a ti. Es tanto lo que tengo que agradecerte...
Y en la punta, con una luz muy intensa, pondré una estrella enorme, que me ilumine siempre, ésa será mi fe. Una fe madura e inquebrantable, siempre en aumento, que se alimentará de tu Sagrada Eucaristía y de tu Palabra.
Por eso, esa luz brillará para todo aquel que se acerque a mi, porque Tú brillas en mi.
Yo quiero ser tu pino, Señor.
Lléname de alegría para participar a todos mis hermanos el gozo de poseerte, Señor".

domingo, 27 de marzo de 2016

Niño invitado #34: La mirada del Resucitado




Este Niño está en uno de los altares laterales de la Basílica de Santo Domingo, de Buenos Aires.
Lo elegí para este Domingo de Pascua porque su figura inocente, revestida de blancura y con el cayado de la Cruz victoriosa, me habla de Jesús Resucitado.
Pero más me dicen de su resurrección esos sus ojos, llenos de vida, de ternura, de paz, de misericordia... Pupilas de brillo delicado en las que se dibuja la Vida verdadera por Él conquistada y por Él dada...
¡Qué en esta Pascua nos descubramos vivos en la mirada del Resucitado!


"La muerte ha madurado de ternura
tu rostro, luz de Dios, semblante humano;
el paso por la Cruz ha embellecido
tus ojos, tus mejillas y tus labios.

Y ahí estás, Jesús, para mirarte,
del Padre y del Amor icono exacto;
mirarte es comunión y paraíso,
perdidos en tu faz, por ti mirados.

Tu imagen es presencia y sacramento,
el don total de Dios en ti donado;
tu frente es el reflejo del Espíritu,
tus ojos son el Padre remansado.

Con cuerpo de una Virgen tú naciste,
y en ese cuerpo Dios está entrañado,
mas luego de tu muerte eres más cuerpo,
de Dios perdón, purísimo regalo.

Tus ojos y los nuestros se han fundido,
oh Dios a quien miramos y adoramos,
oh dulce rostro, pasto del amor,
en esa tu mirada, Amado, báñanos.

¡Exhausto manantial manante siempre,
oh rostro del secreto revelado,
deleite de pupilas, oh Jesús,
a ti el amor hermoso en nuestro canto! Amén".

Himno pascual, de Rufino María Grández, capuchino.