martes, 18 de noviembre de 2014

#142 Brújula



Esta pieza me la regaló en noviembre de 2014 mi amiga Annie Calzia, que la compró en la santería del Santuario de Schoenstatt, de San Isidro (Argentina).
Es de cerámica y viene con un imán por detrás. Tiene pintado al Niño Jesús, envuelto en pañales, acostado en un pesebre, y la leyenda "hoy nos ha nacido el Salvador".
Es redonda como una brújula y me conecta con la búsqueda emprendida por los pastores de Judá apenas escuchar el anuncio del ángel: "Hoy les ha nacido en la ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor" (Lucas 2, 11).
Ciertamente eran gente sencilla, humilde... hombres de un resto fiel que esperaba en las promesas de su Dios. Y en una noche cualquiera, una más de sacrificado trabajo entre los rebaños, ¡se les anuncia la llegada del Mesías tan anhelado! A ellos, que se tendrían por nada... Pero, ¿dónde buscarlo?
Como pista, el ángel les dijo: "Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre".
¡Vaya brújula! ¿Qué harías si fueras uno de estos pastores? ¿Por dónde empezar? ¿Para dónde rumbear? Si parece como buscar una aguja en un pajar...
Pero aquellos pastores no dudaron del anuncio ni en moverse de donde estaban para salir a buscar. Se dijeron: "Crucemos hacia Belén, a ver lo que ha sucedido y nos ha comunicado el Señor". Y acota Lucas en su Evangelio que "fueron rápidamente" y que encontraron lo que buscaban "tal como se lo habían anunciado".
¡Qué mensaje alentador para nosotros, a quienes también se nos ha anunciado la Buena Noticia y se nos invita a buscar a Jesús!
Si no sabes por dónde buscarlo o te sientes medio perdido, acude a la Palabra, que será tu mejor brújula. Allí encontrarás innumerables pistas y coordenadas para tu búsqueda.
Búscalo en la Palabra... "La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1, 14).
Búscalo en la oración... "Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos" (Mateo 18, 20).
Búscalo en el prójimo... "Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí" (Mateo 25,40).
Búscalo en el seguimiento... "¿Dónde vives? Vengan y vean" (Juan 1,39).
Búscalo en la Eucaristía... "Yo soy el pan de la vida" (Juan 6,35). "Mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron" (Lucas 24,30).
Búscalo en las llagas de su Cruz... "Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean" (Lucas 24,39).
Búscalo junto a María... "Vieron al niño con su madre, María" (Mateo 2,11). "Se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la madre de Jesús. También Jesús y sus discípulos estaban invitados" (Juan 2,1-2). "Junto a la cruz de Jesús estaban su madre" (Juan 19,25).
Búscalo en tu corazón... "Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él" (Juan 14,23).
No te desanimes, no dejes de buscarlo... Porque Él mismo nos prometió estar con nosotros "siempre, hasta el fin del mundo" (Mateo 28,20).
El día es hoy. No soy un ángel, pero te doy la Buena Noticia: nació para vos el Salvador. Toma la brújula en tu mano y sal a buscarlo.
Y recuerda, porque es su Palabra, que "quien busca, encuentra" (Mateo 7,8).


sábado, 1 de noviembre de 2014

#141 Jesús nació en mi corazón


Este pesebre viene con forma de prendedor y me lo regaló en octubre de 2014 mi amiga Annie Calzia, que lo tenía hace bastante tiempo.
La pieza es de tamaño mediano, con un alfiler de gancho por detrás, para poder prenderlo a la ropa, y por delante presenta, bajo un fondo de rojo llamativo, la imagen de la Sagrada Familia con la leyenda "Jesús nació en mi corazón".
Me gusta la contundencia de la frase. No es una invitación, ni una petición o una expresión de deseos. Es una afirmación categórica, con toda la seguridad que encierra la experiencia vital de sentirse habitado por Dios. Saberse dueño de un corazón que no solo es morada sino que antes se ha convertido en cuna, pesebre, para Jesús.
Como dice una canción de Jesús Adrián Romero, "bienaventurado" quien posee un corazón así, capaz de acoger a este Rey con ojos de fe:

"Nadie se lo imaginó, que el Rey del mundo, el Salvador,
en un establo de Belén iba a nacer.
Todo fue tan diferente a cómo lo esperaban ver,
el Salvador en un pesebre, en vez de fuerte débil fue.
Fue como raíz en tierra seca,
como ver a un renuevo castigado por el sol.
Fue como una llama en la tormenta,
como ver solo una gota en el desierto descender.
Bienaventurado aquel que no halle en Él tropiezo,
que puede en Él creer sin distracción.
Bienaventurado aquel que puede recibirlo
y dar al Rey morada en su interior...
y en su corazón darle habitación".






jueves, 30 de octubre de 2014

¡Dos años en camino a Belén!

























Hace dos años echamos a rodar El 60, camino a Belén.
No vamos en camello, como los Magos de Oriente, pero intentamos divisar las "estrellas" que cotidianamente nos orientan hacia el pesebre.
Con los tres Magos, preguntamos desde nuestras realidades: "¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo" (Mateo 2,2).
Esta estrella sigue brillando hoy, con destellos muy diversos, a veces fugaces, otras, persistentes. Saber descubrir esta luz y aventurarse a seguirla, casi intuitivamente, es un arte y, por sobre todo, un regalo de Dios.
Desde estas páginas, invitamos a todos a ponernos en camino juntos, a descubrir los destellos, seguir esta luz y buscar la verdad de la vida allí donde nació la Vida verdadera.
Si a veces estás medio perdido y sin saber por dónde caminar o cómo seguir, mira adelante: la estrella siempre está titilando. Verás que se detiene en el lugar donde está el Niño, tal cómo les pasó a los Magos.
"¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez la estrella!" (Mateo 2,10).
Gracias a todos por acompañarnos en este camino maravilloso... Belén: ¡allá vamos, cada día, a adorar al Rey de reyes!




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jueves, 23 de octubre de 2014

#140 De balde



Este pesebre me lo regaló en agosto de 2014 Eduardo Molinari, un hermano de la parroquia.
Es una única pieza, de cerámica, de estilo andino, probablemente del noroeste de Argentina.
Se trata de una vasija de barro, con las figuras de la Sagrada Familia dentro y dos animalitos de corral al costado.
La vasija no solo está abierta por su boca, sino también por uno de sus costados, de tal manera que lo que contiene se ofrece y está fácilmente visible, a la mano...
En la cultura andina, las vasijas de barro se utilizan para guardar alimentos o bebidas.
Pero una vasija como la de este pesebre no serviría para contener sino para derramar... Su contenido se nos ofrece, pide dársenos. ¡Es una vasija diseñada al modo de ofrecer y dar de Dios!
Según el profeta Isaías, así dice el Señor para invitarnos a su banquete: "Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde" (Isaías 55,1).
Esta última expresión, "de balde", es propia de las traducciones para España. En las ediciones para Latinoamérica la expresión es "gratis". Tomar o comer "de balde" es hacerlo gratis, sin que nos exijan un pago a cambio. Un regalo... ¡como este pesebre, que me llegó "de balde"!
Así se nos da Dios. Así nos ofrece su Amor. Gratuitamente.
A hombres sedientos y hambrientos como nosotros, tan pobres que no podríamos pagar, nos invita a un banquete sustancioso, con trigo, agua, vino y leche. El único requisito: tener ganas de comer y beber y acercarse con humildad pero sin miedo. Dios tiene en sus manos una vasija abierta por todos los lados, una vasija de boca ancha deseosa de derramarse para saciarnos...
Y todo gratis.
Al buscar el origen de la expresión "de balde", me sorprendió leer que proviene del árabe "batil" (vano, inútil). De aquí deriva, por ejemplo, "baldío", tierra sin cultivar, inútil. "De balde", por tanto, es lo gratuito por carecer de valor.
Visto así, no tiene sentido. Nada de lo que viene de Dios carece de valor. Por el contrario, si no tiene precio es porque no puede ser tasado con medida humana. Son riquezas inconmensurables.
Sucede que en este mundo estamos malacostumbrados a pagar por casi todo. Y de lo que cuesta poco o se nos ofrece gratuitamente sospechamos, creyendo que no es más que un señuelo para luego cobrarnos algo o que lo que se nos ofrece es malo. "Lo barato sale caro". "El primero te lo regalan, el segundo te lo venden". "Cuando la limosna es grande, hasta el ciego desconfía".
Tenemos una mirada tan corta y mezquina que ni a Dios le damos el beneficio de la duda. Nos cuesta creer y abrirnos a recibir un Amor absolutamente gratuito. Pero, ¿no es maravilloso mirar las manos de Dios con esta vasija disponible para nosotros sabiendo que se nos ofrece sin que nosotros podamos pagarla porque no tenemos con qué y que, aunque algo tuviéramos, no nos alcanzaría nunca para comprar la abundancia divina?
¡Qué descanso para el hombre saberse amado así por un Padre que no busca más que saciarnos y colmarnos de bienes! Y todo gratis. De balde.



sábado, 18 de octubre de 2014

#139 Regazo


Esta pieza la compré en agosto de 2014 en la santería Santa María Novella, de Buenos Aires.
Es un pequeño disco de madera, para colgar, pintado a mano.
Se trata de una escena que infunde serenidad, paz. El pequeño Niño recién nacido, en la falda de su Madre, sentada sobre el heno del pesebre. Ambos parecen mirar a alguien, aunque no se ve a quién.
Lo sencillo y lo apacible de esta escena esconde un misterio enorme al que solo podemos asomarnos con ojos de fe: Dios en el regazo de una mujer.
Estremece pensar que el Creador eligió hacer experiencia de estar en el seno materno, en brazos de una mujer, ser alimentado y arrullado por ella, descansar en su regazo...
Quien nos señaló a nuestra Madre desde la Cruz lo hizo primero, sin palabras, desde el pesebre.
Desde la falda de María, Jesús nos invita a este regazo maternal, a dejarnos cobijar por María y a compartir este pedacito de Cielo con Él... ¡Aquí está nuestra Madre!
Dios mismo lo ha probado y vio que es bueno...
Ha hecho así experiencia de lo que Él mismo nos prodiga: un regazo en el que abandonarnos con plena confianza.
El niño en brazos de su madre no teme. Sabe que está protegido, que no le faltará calor, que será alimentado apenas tenga hambre, que su madre le está mirando atenta a sus necesidades, que lo llenará de mimos...
Un niño en el regazo de su madre lo tiene todo. No ambiciona nada simplemente porque se siente satisfecho.
Como reza el salmo 130: "Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre".
Es la paz verdadera que brota de saberse en manos de Quien todo lo puede y todo lo hará por nosotros.
Así se siente acurrucarse en el regazo de Dios y esperarlo todo de Él.
Así quiso el Padre que Jesús lo viviera en los brazos de María.
Así lo experimentó Jesús, que nos habla de un Padre providente y cariñoso a quien debemos acudir y en quien debemos confiar siempre y de una Madre a quien nos ha legado para que nos cuide como hijos.


viernes, 10 de octubre de 2014

#138 Anawin




Este pesebre de una sola pieza, en resina, lo compré en agosto de 2014 en una tienda de antigüedades de Mercedes (provincia de Buenos Aires, Argentina).
Lo que más llama mi atención son los rostros de José y María. No miran al Niño. Parecen dialogar íntimamente con el Padre... Anonadado, José. Conmocionada, María... Ellos eran hijos fieles, que, en medio de la pobreza, confiaban en las promesas del Señor a su pueblo... Y la promesa se cumple ante sus ojos...
Ellos son los "pobres de Yavé", el "pequeño resto", los "anawin"... Y entre ellos decide encarnarse Dios, desde aquí suscita la fuerza de Salvación.
Esta "pequeña porción" se enraíza en la historia del pueblo de Israel, una historia marcada por infidelidades, apostasías, incredulidad y hasta olvido de Dios. Pero en medio de ese pecado, que parece dominarlo todo y a todos, resiste un "pequeño resto", un núcleo que se aferra a su fe y a la esperanza en las promesas de salvación que Dios ha puesto en boca de sus profetas.
Han pasado por el destierro en Babilonia, por la persecución, la esclavitud, la pobreza... Pero ellos -este pequeño resto- no se rebelan, como la mayoría. Permanecen firmes en la fe. Se apoyan en su comunidad creyente y en la oración. Se ayudan mutuamente. Confiesan y piden perdón por los pecados. Aceptan mansos la voluntad de Dios, confiando en su providencia. Y esperan... Un Mesías les ha sido prometido y han hecho experiencia de que el único realmente fiel y que no se retracta de sus promesas es Dios.
Los "anawin" han sido despojados de casi todo, pero conservan el tesoro de la fe.
En esta espiritualidad del "pequeño resto" viven José, Isabel, Zacarías... En este jardín florece María... Y Jesús se encarna entre estos "pobres de Yavé".
De este "resto fiel" surgen Juan, los discípulos...
Éstos son los humildes y hambrientos del Magnificat.
Ellos son los bienaventurados de los que habla Jesús... Los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz, los perseguidos, excluidos, odiados, injuriados y proscritos por seguir a Cristo...
Estos "pobres de Yavé" fueron los primeros testigos del nacimiento de Jesús, aquellos humildes pastores que creyeron y se encaminaron a Belén...
Anawin. Pobres de Dios. Pequeño resto. Los bienaventurados del Reino...
Los hay también hoy y caminan a nuestro lado, desde la humildad, la mansedumbre, la pobreza de espíritu, la pureza de corazón, la sencillez, anónimos, silenciosos, ocultos en Cristo, orando con confianza, perseverando en la fe, alimentándose de la Palabra, labrando fraternidad, construyendo paz, dando el buen combate, esperando solo en Dios... ¡Felices los anawin!



jueves, 25 de septiembre de 2014

#137 ¡Virgen de San Nicolás, ruega por nosotros desde el pesebre!


Este pesebre lo compré el 13 de septiembre de 2014 en la santería junto al Santuario de la Virgen del Rosario, en San Nicolás de los Arroyos, en la provincia de Buenos Aires (Argentina).
Es una sola pieza, en cerámica, con vivos colores, del pobre portal de Belén, con las figuras, llenas de infantil inocencia, de la Sagrada Familia, los tres reyes y unos animalitos... Dos palmeras de plástico completan el conjunto.
Fue para mí una hermosa sorpresa descubrir, a partir de esta visita a la Virgen, las numerosos menciones que la Madre ha hecho al nacimiento de su Hijo y al misterio de la Navidad entre los mensajes que dio en San Nicolás.
En muchos de estos mensajes, María invita a preparar los corazones para la Navidad, para recibir a Jesús con humildad, orando y acudiendo a los sacramentos. Pide hacer de nuestros corazones "pesebres" donde su Hijo "sea acunado con amor" (10/12/1988).
Pero es una invitación no tan sólo válida para el tiempo de Adviento, sino siempre, porque Jesús nunca deja de pedir que lo recibamos: "Hijos míos, tenéis que recibir al Señor cuando vuestro corazón sienta que llega, no lo rechacéis. A Navidad la deberéis llevar siempre dentro vuestro, ya que es la llegada del Salvador, de vuestra salvación" (23/12/1984).
María comparte en sus mensajes su propia experiencia de la Navidad, las duras condiciones en las que nació Jesús, su preocupación maternal, pero también todo el amor que le prodigaron al Niño junto a José y la felicidad verdadera por la llegada del Salvador:
"Dios obra maravillas en sus criaturas. Así obró en mí su Espíritu, al engendrar a mi Hijo, mi único Hijo, a quien acuné en mi purísimo seno maternal, durante nueve meses. Este Hijo que, como aquella noche en Belén, quiere ser hoy recibido con humildad, pero también, con el amor que son capaces de dar los hombres" (9/12/1987).
"Mi corazón de Madre latió siempre junto a mi amado Hijo, desde el momento mismo de la Anunciación. Mi corazón se inundó de dicha, el día de su nacimiento, aún cuando su cuna fue un pesebre en un pobre establo" (7/12/1987).
"Frente a tanto hermetismo, frente a tanta frialdad, nació mi Niño, contando sólo con nuestro calor, con nuestro amor" (24/12/1989).
"Humilde nacimiento, mas no carente de amor, ya que con mi esposo José le dábamos todo nuestro amor desde ese momento y para siempre" (24/12/1986).
"Fueron las nuestras horas de la más dulce espera en ese crudo invierno. El frío nos traspasaba a José y a mí; estábamos despojados de toda comodidad; pequeño era nuestro equipaje, muy escaso nuestro abrigo. En ese pobre ambiente nació Jesús, pero en una deliciosa paz. En los primeros momentos, envuelto en unos pañales y un sayal, fue colocado por mí en el pesebre, luego lo acuné entre mis brazos. A Él le bastaba tan sólo mi calor maternal. Fue allí adorado por primera vez por José y por su Madre. Nació pobre pero rico en amor, porque grande es el amor que encierra su corazón" (24/12/1988). "¡Cuántos padecimientos sufrimos con mi esposo, José! Tan pobres de amigos y de abrigos para cobijarnos, sólo nos acompañaba la intemperie y luego ese establo que se convirtió en cuna para mi Hijo y asilo para nosotros. Esa noche, que se perfilaba triste y silenciosa, fue para José y para mí la más hermosa; también lo sería para el mundo, ya que ahí nacía el Salvador de los hombres, el Justo entre los justos y el Señor por sobre todo" (4/10/1986).
¡Virgen de San Nicolás, ruega por nosotros desde el pesebre!

lunes, 22 de septiembre de 2014

Pesebres invitados #20: Schoenstatt (hermoso lugar)




Estas dos imágenes, del nacimiento de Jesús y de la adoración de los Magos, están dentro de la Iglesia de Dios Padre, en Nuevo Schoenstatt, en la localidad bonaerense de Florencio Varela (Argentina), sitio de peregrinación cuyo corazón es el Santuario de la Santísima Virgen, en su advocación de Madre, Reina y Victoriosa tres veces Admirable de Schoenstatt, bendecido en 1952 por el padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.
Ambas imágenes, junto a otras de la Sagrada Familia, forman parte del friso izquierdo del retablo de la Alianza, obra de la artista chilena María Jesús Ortiz Lizarralde de Fernández.
Conocí este "hermoso lugar" -¡eso es lo que significa "Schoenstatt"!- el 20 de septiembre de 2014, en ocasión de la primera comunión de mi ahijado Tommy, aunque sus padres ya me habían contado de la belleza y la paz de este verdadero remanso.
Ciertamente la pequeña capilla, el Santuario de la Virgen -copia del original, en Alemania- es, primero, un imán para los ojos, por su bella simplicidad, y luego un imán para el alma porque, una vez dentro, la oración, el diálogo amoroso con Dios y con María, fluye, también, con bella simplicidad.
La familia de Schoenstatt afirma que María regala gracias especiales a quienes visitan sus santuarios.
A uno de estos regalos de la Virgen lo llaman la "gracia del cobijamiento", una profunda experiencia de arraigo y protección, de ser acogidos por el abrazo de la Madre, de ser cobijados como hijos de Dios. ¿No es acaso esto mismo lo que experimentó Jesús en el pesebre de Belén?
El propio padre Kentenich, en una charla en 1941, decía que, al escuchar hablar de Belén, su corazón se transportaba a su pequeño santuario: "¿Cómo suena la frase: 'Tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá...' (Mt 2,6)? Schönstatt, pequeña y santa tierra, puedes ser desconocida por doquier, puedes ser pequeña, insignificante y, a pesar de todo, con cuánta fuerza descansa sobre ti la bendición de Dios, ¡qué fuertemente entrelazados están los designios de salvación de Dios con este pequeño lugar!".
Sí, Dios elige nacer siempre en lo pequeño, lo humilde... Ése es su sitio predilecto para derramar bendición porque, de hecho, es en esta condición en la que eligió encarnarse.
"¡Sí, Dios envuelto en pañales! ¡Qué misterio tan tremendo, terrible, casi inconcebible! El Dios eterno e infinito; el Dios de quien San Juan Evangelista dice que es Dios desde toda la eternidad, Dios de Dios, Luz de Luz (cf. Jn 1,9), de quien sabemos que es el eje de la historia de salvación y de la historia universal", reflexionaba el padre Kentenich en una homilía de la Navidad de 1963.
Decía que este "Dios envuelto en pañales" era "un escándalo para los judíos y una necedad para los gentiles", pero, para los elegidos, "este Dios que yace envuelto en pañales y que luego será clavado en la cruz es una manifestación de la sabiduría y del poder infinitos de Dios".
"¿Qué tipo de inquietud es ésta que nos impulsa a visitar la gruta del nacimiento, a contemplar a Dios envuelto en pañales? Sigamos el ejemplo de María santísima y de los pastores. Este Dios recostado en el pesebre nos revela maravillosamente dos realidades. Por un lado, nos muestra el rostro divino de Dios, y, por otro, su faz humana... ¿Cómo es la imagen divina que se nos aparece, radiante, sobre las pajas del pesebre? Dios envuelto en pañales. Dios se nos desvela como el Dios de un amor divino inconmensurable y divinamente misericordioso; como el Dios de un amor que, de modo inconmensurable, se abaja y se aproxima a nosotros; como el Dios de un amor inconmensurable que en su divina sabiduría excede todo límite. El amor que el Dios humanado nos manifiesta en Belén es un amor inconcebiblemente condescendiente. El Hijo de Dios asume la naturaleza humana y, por lo tanto, abandona la gloria del cielo", afirmaba el padre Kentenich.
Con él, contemplando el pesebre de Belén, mirando a María, primera adoradora del Dios hecho Hombre... desde nuestro propio Belén, nuestro pequeño santuario, nuestro "hermoso lugar" a los ojos de Dios, digamos a la Virgen:

"Madre,
tal como muestras al Niño a pastores y reyes
y te inclinas ante Él adorándolo y sirviéndolo,
así queremos con amor ser siempre sus instrumentos
y llevarlo a la profundidad del corazón humano".
                                               Padre José Kentenich                                                 

viernes, 19 de septiembre de 2014

#136 Hacer un pesebre de cada Navidad


Este pesebre me lo regaló en agosto de 2014 Eduardo Molinari, un hermano de la parroquia.
Es un díptico, de pequeño tamaño, en madera. De un lado, está la imagen de la Sagrada Familia, con un diseño envolvente, como abrazando al Niño, que tiene sus manos alzadas.
Del otro lado, esta frase: "Hagamos un pesebre de cada Navidad".
Releí muchas veces esta invitación, tratando de desentrañar su sentido.
No dice "hagamos un pesebre en cada Navidad", lo que bien podría ser una sugerencia válida para armar y renovar la tradición del pesebre cada año...
No, la invitación es otra...
Navidad es nacimiento, vida nueva, vida que se alumbra, que llega, que se nos da...
Y el pesebre no es más que un modo humilde de acoger esa vida.
Es, por supuesto y ante todo, Jesús que nace y la Vida Nueva que Él nos trae, alumbrada en la humildad de un pesebre.
Pero éste es un Misterio que se nos ofrece de modos muy diversos y repetidas veces, no solo cada 25 de diciembre.
Vivimos, por así decirlo, muchas Navidades, muchas circunstancias de "vida nueva" que se nos ofrecen como un regalo...
La belleza de la creación. La sonrisa de un niño. Una mano tendida. Un deseo de cambio. Un soplo de Dios...
En realidad, si miramos bien, descubriremos tantas señales de la vida verdadera que se gesta a nuestro alrededor...
Es vida que busca nacer, que busca protección, acogida, que busca alguien que le dé la bienvenida, sin pretensiones... Vida nueva que busca un pesebre... ¡Hagamos un pesebre de cada Navidad!

sábado, 6 de septiembre de 2014

#135 Cunita



Este Niñito lo compré en agosto de 2014 en la santería Santa María Novella, de Buenos Aires.
Está hecho en cerámica, pintado en colores terrosos, lo que acompaña la imagen de calidez y serenidad que inspira la pieza: el pequeño Jesús dormido, recostado en su cunita, mientras una pequeña oveja vela por su dulce sueño.
¿Quién pudiera volverse pesebre para acunar a este Niño? Comparto estas palabras de alguien que hace oración de este deseo...

"Si fuese parte de un pesebre viviente, quisiera ser cunita.
Un montoncito de heno, pobre, silencioso, acallado, que no fuera más que un colchón improvisado, pero amable...
Entonces, desde mi pobreza y mi silencio, me sería dado el servir al Dios hecho Hombre.
Le abrazaría, sin pretensión.
Le besaría tan delicadamente la nuca que ni se daría cuenta de que estuviera robándole su olorcito a vainilla y miel.
Y de Él tomaría también prestado el calor de su piel suavecita para ver si así disimulase mi falta de abrigo...
Me mecería para bailar secretamente con mi Niño, quien con una sonrisa clausuraría el llanto y al sueño se entregaría.
Y cuando la Virgencita le cargare en brazos para ya no regresar, del servicio pasaría a la ofrenda.
Sería para los animales alimento con sabor a Su trigo...
O sería arrojado al fuego para dar calor al pastor... Y en ese holocausto brotaría de mi Su aroma cual incienso.
Triturado. Ardiendo. ¡Y qué feliz de que en mí se recostara el mismo Dios!"



sábado, 30 de agosto de 2014

#134 Ónix



Este pesebre me lo regaló en agosto de 2014 mi mamá, quien lo compró en la librería Don Bosco, de Buenos Aires.
Tiene la marca de Mariápolis (Argentina) y es una tabla de madera, para colgar, de color negro y con silueta de portal, sobre la que están pegadas cuatro figuras planas: la de la estrella de Belén y las de Jesús, María y José.
Estas figuras están hechas en ónix, también llamado ónice, una piedra que aparece en el Antiguo Testamento como de gran valor, particularmente en el libro del Éxodo (25, 7; 35, 9; 39, 6; 39, 13).
Allí, Dios le da a Moisés "instrucciones" para que su pueblo elegido le haga un "santuario" donde Él habitará en medio de ellos, incluyendo el Arca de la Alanza y elementos diversos, como óleos y perfumes, metales y piedras preciosas. Una de estas piedras era el ónix y Dios dispuso que se utilizara, junto con las demás, para adornar el "efod" (vestido) y el pectoral de los sacerdotes del santuario. En cada piedra se grabaron los nombres de los hijos del pueblo elegido.
Sin duda, era algo muy valioso. Un tesoro ofrecido que, al mismo tiempo, simbolizaba cada hijo, el pueblo, amado por Dios como su tesoro.
Pero cuando Dios ordena a Moisés todo esto, le dice que estos elementos, incluyendo las piedras de ónix, deben ser recogidos como ofrendas de corazones generosos. 

"Lo recibirán de toda persona a quien su corazón generoso sugiera ofrecérmelo" (Éxodo 25, 2). "Que cada uno ofrezca algo de lo suyo a Yavé. Que todos los de corazón generoso le ofrezcan" (Éxodo 35, 5).
¡Es tan bello esto! Dios no impone ninguna entrega, apela a la generosidad de nuestro corazón para que le ofrezcamos "algo de lo nuestro" -¡sin recordarnos que Él nos ha dado primero todo lo que tenemos y somos!-, lo valioso que lleva grabado nuestro nombre y que Dios guarda como un tesoro... Lo valioso para Dios no es ni una piedra, ni oro, ni plata... ni incienso, ni mirra: ¡es nuestro propio corazón!


"No te reprocho por tus sacrificios ni por tus holocaustos que están siempre ante mí. No tomaré un novillo de tu casa ni los chivos de tus rebaños, porque son míos todos los animales del bosque, y las bestias de las altas montañas (...). Ofrécele a Dios el sacrificio de tu alabanza, y cumple tus votos al Altísimo".
Salmo 49

"Un sacrificio no te satisface, si te ofreciera un holocausto, no lo aceptarías.
El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado, un corazón arrepentido y humillado, oh Dios, no lo desprecias".
Salmo 50

"Quiero amor, no sacrificios; conocimiento de Dios, no holocaustos".
Oseas 6, 6

"Misericordia quiero y no sacrificios".
Mateo 9, 13; 12, 7

"Hermanos, por la misericordia de Dios, los invito a ofrecerse como sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios: éste es el verdadero culto".
Romanos 12, 1



domingo, 24 de agosto de 2014

#133 Ad galli cantus

Este pesebre me lo regaló en agosto de 2014 Eduardo Molinari, un hermano de la parroquia, quien lo tenía en su casa y generosamente me lo dio.Es un tríptico, en madera, pintado a mano. Tierra y cielo se unen en esta imagen, donde, ante el efecto de las líneas estilizadas, quien observa la escena no puede determinar del todo si la gloria desciende o asciende, o ambas cosas..
Hay muchos elementos de gran belleza. Los ángeles músicos en alabanza. José en adoración. La delicada mano de María tendida al Niño... Los corderos absortos mirando al Pastor. Otros dos rendidos a sus pies...
Sin embargo, lo que más llamó mi atención es la figura del gallo en primer plano.
¿Qué hace un gallo en el pesebre? Si juntamos Navidad y gallo, lo primero que se viene a la mente es la Misa de Gallo.
Esta celebración fue incorporada en el siglo V por el Papa Sixto III, una vigilia nocturna de Navidad que se hacía ante el altar del pesebre de la basílica de Santa María la Mayor, de Roma, "ad galli cantus", "al canto del gallo" que marcaba el inicio de un nuevo día.
San Ambrosio de Milán (340-397) escribió un himno precisamente con este nombre, "Ad galli cantus", pregonero del día, de la Luz que es Jesucristo:

"Del mundo eterno fundador, 

que riges la noche y el día
y a los tiempos fases das 
para aliviar el hastío:
ya el pregonero del día suena, 
centinela de la noche profunda, 
luz nocturna para caminantes, 
que noche de noche separa.
Por éste despertado, 
el lucero libra de penumbra al cielo,
por éste todo el coro de pecados 
abandona las vías del daño.
Por éste, el marino cobra fuerzas 
y amainan los llanos del ponto; 
cantando éste, la piedra misma de la Iglesia 
su culpa expió.
Diligentes, pues, nos levantemos: 
el gallo a los que yacen despierta
e increpa a los perezosos;
el gallo inculpa a los que se niegan.
Con el canto del gallo, 
la esperanza regresa, 
los enfermos recobran la salud,
la daga del ladrón se envaina,
la fe retorna a los caídos.
Jesús, contempla a los caídos,
y con tu mirada corrígenos;
si nos contemplas, 
los pecados se esfuman 
y la culpa con el llanto se lava.
Tú, luz, ilumina los sentidos,
y sacude el sueño de la mente, 
comience nuestra voz por tu alabanza 
y hacia ti elevemos votos".

El gallo canta muy temprano, aún en la noche, cuando todavía no ha amanecido. Despierta a quienes a oscuras duermen. O da ánimo a quienes, sin ver aún, permanecen en vela: ya viene, ya llega la Luz.
Cuenta una fábula que en el pesebre de Belén el primero en darse cuenta del nacimiento de Jesús -luego de María y José, claro está- fue un gallo, que, con su canto, fue el primero en anunciar la buena nueva a todo el mundo.
Normalmente, asociamos enseguida la figura del gallo con la falta de Pedro, quien, antes de que cantara el gallo, negó tres veces a Jesús.
Es una escena que nos recuerda cuán frágiles somos, cuán rápido negamos al Señor...
Pero desde hoy te invito a que este mismo canto del gallo te recuerde también cuán pronto amanece la misericordia de Dios, que ya sale el "sol que nace desde lo alto para iluminar a los que viven en penumbras" (Lucas 1, 78-79) y que vos y yo estamos llamados a pregonarlo desde la alborada con nuestro propio "galli cantus".


martes, 29 de julio de 2014

Pesebre invitado #19: Corazón nuevo


Este pequeño pesebre, hecho en resina, es de mi amiga Sol Serén. Lo tiene hace unos quince años y se lo regaló una señora, clienta de la farmacia en la que trabajaba.
"Es mi primer y único pesebre", me contó Sol. "Se ríen porque, para Navidad, cuando digo que voy a armar mi pesebre, ¡solo tengo que abrirlo!".
Cerrado, es una casa de piedra, donde pueden verse los tres Reyes, con sus regalos en mano, por fuera. Al abrirlo, de un lado está María con el Niño en brazos y, del otro, está José.
Me gusta esta idea de que el pesebre se abre para el intercambio de regalos. La Sagrada Familia, a la que le han cerrado las puertas en Belén, "abre" el pesebre para recibir los "regalos" de los Magos. Pero, en esta apertura, son los Reyes quienes terminan recibiendo el mayor regalo: ser testigos del grandioso misterio del nacimiento del Dios hecho Hombre en un pobre pesebre...
Abrir... para dar y recibir.
Éste mismo pesebre es un regalo dado y recibido. De alguien que quiso "regalar" lo más valioso que descubrió, escondido bajo la apariencia de un objeto pequeño y sencillo como éste. A alguien que, al aceptar el regalo, abrió su hogar al don de la dulce presencia del Niño.
Hay un detalle más en este pesebre: es una casa de piedra. Pero al abrirlo, todo rastro de dureza, toda apariencia de fortaleza infranqueable desaparece... Porque, al abrirlo, lo que descubrimos en el "corazón" de este pesebre es el misterio de la Divinidad encarnada.
A veces rodeamos nuestro corazón con una muralla de piedras y no nos abrimos del todo a Dios. Pero su ternura, la dulzura del Niño, termina por vencer toda resistencia para hacer de nuestro corazón un pesebre. Jesús quiere regalársenos, nacer allí, en medio de nuestra pobreza y nuestra pequeñez... y dar Vida nueva a nuestro corazón.
"Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne" (Ezequiel 36, 26).

jueves, 1 de mayo de 2014

#132 Manos abiertas


Este pesebre lo compré en abril de 2014 en una tienda del Ejército de Salvación, en Buenos Aires.Es un bajorrelieve de cerámica, patinado en un tono ocre, para colgar, con la figura del Niño Jesús durmiendo en el pesebre, mientras un ángel le contempla en adoración.
El ángel tiene sus manos abiertas, a la altura de los hombros, con las palmas de cara al Niño Dios. Es un gesto que los sacerdotes hacen en la liturgia.
A mí también me recuerda al quinto modo de orar de santo Domingo Guzmán.
En este modo, el santo predicador abría sus manos frente al pecho, como si fueran un libro.
Dice en los "Nueve modos de orar", que el padre de los dominicos oraba así meditando la Palabra, como quien saborea la dulzura en su boca.
Pareciera que en este gesto, donde uno se observa las palmas, hay también encerrada una lectura de sí mismo, de la propia vida simbolizada en las manos, a la luz de la Palabra. Una vida que se deja iluminar y, al mismo tiempo, se ofrece en unas manos abiertas...
Luego santo Domingo entrelazaba sus manos, a la altura de los ojos, como urgiéndose a sí mismo.
En algunas representaciones pictóricas, se lo ve haciendo este mismo gesto, pero con las manos sobre el pecho, como quien desea guardar en el corazón el tesoro que halló en la Palabra.
Y después las llevaba a la altura de los hombros, abiertas, las palmas de cara al altar, como el ángel de este bajorrelieve, gesto con el que dirige la luz de la Palabra recibida a su entorno, una realidad que acoge, lee y ofrece al Señor.
Es, ciertamente, una bella forma de orar, profunda, que involucra a todo el ser, en cuerpo y alma.
Según el teólogo italiano Romano Guardini, "el cuerpo entero es instrumento y expresión del alma", pero nada "la sirve mejor, ni la expresa más fielmente que las manos y el rostro".
Guardini observa con la simplicidad de la sabiduría que cuando nos recogemos para orar, instintivamente juntamos las manos, como quien crea y protege un espacio de interioridad, la intimidad del encuentro personal con Dios.
"Pero cuando el hombre puesto en presencia de Dios, humilla su corazón, dominado por un profundo sentimiento de respeto, las manos se abren con amplitud y se juntan. Símbolo de modestia y de veneración: el alma asoma tras él, para traducir en ese gesto su propia palabra interior, humilde y apacible, o está en actitud de expectativa, atenta a la palabra divina. Símbolo, asimismo de abandono y de confianza, cuando hacemos en cierto modo prisioneras de los dedos divinos, esas manos que nos han sido dadas para defendernos", sostiene el teólogo.
Sucede también, añade Guardini, "que el alma en presencia de Dios se abre a los más generosos sentimientos de gratitud y de júbilo; y como si abriéramos todos los registros de un órgano desborda toda su plenitud interior".
"Otras veces un anhelo vehemente surge en el alma como una voz que nos llama. El hombre abre entonces espontáneamente las manos, las levanta, toma la actitud de Orante, para que ese río espiritual encuentre su cauce hacia el objeto amado y el alma pueda, a su vez, recibir en toda su plenitud los bienes que anhela".
Son nuestras manos, en suma, la "voz" de nuestro cuerpo en oración. Delante de Dios, en adoración, como el ángel ante el Niño, con ellas nos abrimos al misterio de la contemplación...

jueves, 24 de abril de 2014

#131 Pañales


Este pesebre me lo regaló en febrero de 2014 la familia Muñiz-Calzia. Fue comprado en la ciudad argentina de Mar del Plata, en el santuario de Schoenstatt, y lo eligió Tommy, mi ahijado y sobrino del corazón.
De origen italiano, en el mismo estilo del pesebre #118, está hecho en madera, con un imán por detrás,, con la figura de la Sagrada Familia pintada, con destellos dorados.
En la escena, se puede ver a María, junto a José, envolviendo a Jesús en un lienzo, sobre el pesebre."María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre" (Lucas 2, 7).
Los pañales son además uno de los signos que el Ángel indica a los pastores para que puedan reconocer al Redentor: "Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lucas 2, 12).
Tienen los pañales, por tanto, un valor de signo que muchas veces pasamos por alto al meditar en el nacimiento de Jesús.
Los pañales nos recuerdan no solo que Dios se hizo uno de nosotros, plenamente Hombre, sino que además el Padre regala su Hijo a la Humanidad, a tal punto de enviarlo como un niño que depende totalmente de los cuidados amorosos de su madre.
Jesús necesitó ser cobijado, ser protegido, ser cuidado... Necesitó, como cualquier bebé recién nacido, el abrigo de un lienzo bien acondicionado por las cálidas manos de una madre.
No fue arrojado al mundo, abandonado o librado a su suerte. Ni enviado a nosotros ostentando el poder de su Divinidad.
El Padre lo envió pequeño, humilde, pobre, escondido... Y además dependiente de unos padres que le brindaron protección y amor de familia, simbolizados en unos pañales.
Es un signo de amor, del Amor que el Padre nos tiene al enviarnos a un Hijo que asume en todo nuestra condición humana, del Amor que el Padre aseguró al Hijo y del amor humano que María y José generosamente prodigaron a Jesús.
También nosotros somos "envueltos en pañales" por la mano amorosa de Dios, quien verdaderamente "es más tierno que una madre", como dijo santa Teresa del Niño Jesús... ¡Cómo cambia nuestra perspectiva cuando nos vemos cálidamente cobijados por Dios!
Estos "pañales", signos del Amor divino, también son una invitación a que nosotros, con nuestras propias manos, envolvamos maternalmente a aquellos que Dios nos confía, a tantas realidades de debilidad y pobreza que necesitan una caricia cálida de nuestra parte...
Y estos pañales también -¿por qué no?- son una invitación a que, como María, hagamos actos concretos de amor a Dios, equivalentes a algo tan sencillo y tan humano como poner un pañal. ¡Jesús está esperando una mirada, una palabra de amor nuestra!


viernes, 4 de abril de 2014

#130 Por quién doblan las campanas


Este pesebre me lo regaló en febrero de 2014 la familia Muñiz-Calzia. Fue comprado en la ciudad argentina de Mar del Plata y lo eligió Juachi, mi sobrino del corazón.
Hecho en cerámica, tiene forma de campana, con un cordel de lana y guarda pampa en la bade. Dentro, la Sagrada Familia con rasgos andinos.
¿Por quién dobla esta campana?
La pregunta recuerda instantáneamente a la famosa obra de Ernest Hemingway. El título de esta novela viene en realidad de una de las meditaciones que integran la obra "Devotions Upon Emergent Occasions" (1624), de John Donne.
Allí, este poeta metafísico inglés, convertido al anglicanismo, dice así:
"Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.".
En el caso de Hemingway, es, ciertamente, un alegato en contra de la guerra.
Pero el escrito de Donne parece tener implicancias más amplias. Cualquier signo de muerte debe dolernos. En el cuerpo de la Humanidad, cualquier dolor se siente en todos sus miembros. Estamos unidos, ligados a los hermanos. Es, en fin, un alegato en contra de la indiferencia.
Las campanas siempre doblan por todos.
La que da forma a este pesebre, también.
Jesús se hizo de nuestra condición, abrazó nuestra Humanidad, es uno con nosotros. Es, en sí mismo, el mayor alegato contra la indiferencia. Tanto le importó cómo la Muerte disminuía nuestra Humanidad que se entregó a sí mismo para vencerla y darnos Vida.
Toda campana suena por mi y por ti.

viernes, 21 de marzo de 2014

#129 Aguayo

Este pesebre me lo regalaron en febrero de 2014 y está hecho a mano, en papel y tela, por enfermos de la casa Buen Samaritano, de Cochabamba, Bolivia.
Está diseñado como una tarjeta navideña. La inscripción arriba del pesebre dice "Navidad campesina".
La figura de la Sagrada Familia está calada y así afloran retazos de aguayo, un tipo de tejido típico de los pueblos andinos.
El aguayo se caracteriza por las rayas de colores contrastantes y es utilizado en diversas prendas.




Para la Navidad, existe en Bolivia la costumbre de vestir al Niño Jesús con ropita típica de los Andes hecha en aguayo.
Es muy usual que las madres carguen a sus bebés en sus espaldas envueltos en una manta de este tipo de tejido.
Leí por ahí que el aguayo es como la "cuna de los indígenas", hermosa imagen para pensar que Jesús, envuelto en esta tela colorida, se hace uno con nosotros, arropado por el calor maternal del Creador.

Como dice esta bella oración, qué distinta se saborea la vida desde las espaldas protectoras del Señor y muy pegados a su corazón:

"Ponme en tu aguayo, Señor, lleváme contigo.
Quiero caminar contigo al modo de los hombres
sin dejar de sentir tu paso entre la hierba fresca.
Veo desde tu espalda la vida de mis hermanos
y no me dejo asustar por el viento que pasa.
La tierra se abre cuando vamos juntos
mientras el sol tiñe sus colores en el agua.
Ponme, Señor, entre esas hebras sagradas
que saben de mis sueños y mis esperanzas.
Ve que el trigal aguarda que lo toques con tus manos
y que el campo nos espera con sus flores de lavanda.
Ven, vayamos juntos a cosechar las manzanas,
contigo son jugosas las peras y el maíz no se acaba.
En tu aguayo hago míos tus latidos
y los míos con los tuyos se entrelazan.
A tu lado, Señor, respiro tu aliento que me regalas.
Siempre me quedo contigo, junto al calor de tu espalda."



viernes, 14 de marzo de 2014

#128 La estrella de la Luz verdadera


Este pesebre me lo regaló en febrero de 2014 mi amiga Daniela Vulcano. Lo trajo de la ciudad argentina de Villa Gesell, aunque tiene inconfundibles rasgos andinos.
Es una sola pieza, con cordón para colgar, hecho en cerámica. Se trata de la figura de la Sagrada Familia colocada en el centro de una estrella.
Al verla, no sé por qué, me recordó a esas estrellas que se colocan en el Paseo de la Fama, en Hollywood, para rendir "tributo" a las "celebridades", personas como cualquiera, con talentos para el arte, pero que el mundo -el lucrativo "star system"- convierte en ídolos de barro.
En el Paseo de la Fama hay unas dos mil de estas estrellas... En ninguna se recuerda al que verdaderamente tiene Luz propia para alumbrar a las naciones...
¿Qué ocupa el centro de la estrella que está en nuestro corazón?
Muchas veces cedemos el centro de nuestra vida a ídolos de barro, no tan solo "celebridades" de carne y hueso sino ambiciones vanas, preocupaciones inútiles, deseos propios...
Cuando dejamos que todo esto ocupe toda nuestra vida, desplazamos del trono al verdadero Rey y perdemos el eje de nosotros mismos.
"Cristo es el centro, Cristo centro de la creación, del pueblo y de la historia", recordó el Papa Francisco en noviembre de 2013 en su homilía de la solemnidad de Cristo Rey.
Como este pesebre, la imagen de Cristo Rey, dice Francisco, "nos ayuda a entender que Jesús es el centro de la creación".
"Y así la actitud que se pide al creyente, que quiere ser tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. Y así nuestros pensamientos serán pensamientos cristianos, pensamientos de Cristo. Nuestras obras serán obras cristianas, obras de Cristo, nuestras palabras serán palabras cristianas, palabras de Cristo. En cambio, La pérdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca daños, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo", sostiene el Papa.
Cuando Jesús es el centro de nuestro corazón, insiste Francisco, "incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan".
Ningún ídolo de barro puede hacer esto dentro tuyo. ¡Solo la Luz verdadera!

sábado, 8 de marzo de 2014

#127 Flores

Este pesebre en miniatura me lo regaló mi amiga Daniela Vulcano en enero de 2014.
Aunque lo compró en la ciudad argentina de Villa Gesell, es de inconfundible estilo peruano.
Entre sus detalles, además del colorido, destacan las flores que hacen de marco, elemento tradicional de las artesanías de la región peruana de Ayacucho.
Hay un par de versículos en el libro del profeta Isaías que, como señal a los que esperan la venida del Salvador, anuncia que la tierra reseca se llenará de flores: "Que se alegren el desierto y la tierra seca, que con flores se alegre la pradera. Que se llene de flores como junquillos, que salte y cante de contenta, pues le han regalado el esplendor del Líbano y el brillo del Carmelo y del Sarón. Ellos a su vez verán el esplendor de Yavé, todo el brillo de nuestro Dios" (Isaías 35, 1-2).
La profecía de Isaías tiene en el nacimiento de Jesús su cumplimiento.
Donde había carencia de Agua Viva, sed infinita de Dios, brota la vida. Todo se llena de flores, flores que convocan con su perfume. El desierto se llana de colores.
Es la alegría por la llegada del Niño, que hace cantar a ángeles y humildes pastores. 

Las praderas pedregosas donde a duras penas pastaban sus rebaños se visten ahora de "esplendor" en el silencio de la Nochebuena... Y así, a estos pequeños, se les revela "todo el brillo de nuestro Dios"... 




lunes, 17 de febrero de 2014

#126 Intemperie


 
Este pesebre de cerámica, de una sola pieza y de estilo andino, me lo regaló en diciembre de 2013 mi amiga Annie Calzia y fue comprado en la santería Nuestra Señora del Carmelo, de Buenos Aires.
En el fondo hay una casa de dos plantas, con la puerta entreabierta... Sin embargo, Jesús nace afuera, a la intemperie...
Se hace así igual a nosotros en todo. Asume nuestra debilidad, nuestras sensaciones de desprotección, de desamparo...
¿Cuántas veces nos sentimos desnudos, a la intemperie?
Cuando esto te suceda y sientas que nadie te comprende, recuerda que Jesús ya estuvo en ese "descampado" espiritual y lo hizo por amor a vos.
"Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza" (Mateo 8,20).
Estar a la intemperie nos obliga a hacer experiencia de un suelo duro, de la desprotección del ambiente, de la soledad... No tenemos donde reclinar la cabeza. Pero es allí donde esta experiencia nos hace recostarnos solo en Dios, a abandonarnos en Él.
En esa intemperie no estamos solos: está Él con nosotros.
Entonces, naturalmente, orarás. Estarás recostado en ese suelo duro, pero a la intemperie podrás ver sin obstáculos el Cielo.
Solo vuelve a mirar al Niño de este pesebre. Está como vos, a la intemperie, orando con sus ojitos al Padre de los Cielos.