viernes, 4 de abril de 2014

#130 Por quién doblan las campanas


Este pesebre me lo regaló en febrero de 2014 la familia Muñiz-Calzia. Fue comprado en la ciudad argentina de Mar del Plata y lo eligió Juachi, mi sobrino del corazón.
Hecho en cerámica, tiene forma de campana, con un cordel de lana y guarda pampa en la bade. Dentro, la Sagrada Familia con rasgos andinos.
¿Por quién dobla esta campana?
La pregunta recuerda instantáneamente a la famosa obra de Ernest Hemingway. El título de esta novela viene en realidad de una de las meditaciones que integran la obra "Devotions Upon Emergent Occasions" (1624), de John Donne.
Allí, este poeta metafísico inglés, convertido al anglicanismo, dice así:
"Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.".
En el caso de Hemingway, es, ciertamente, un alegato en contra de la guerra.
Pero el escrito de Donne parece tener implicancias más amplias. Cualquier signo de muerte debe dolernos. En el cuerpo de la Humanidad, cualquier dolor se siente en todos sus miembros. Estamos unidos, ligados a los hermanos. Es, en fin, un alegato en contra de la indiferencia.
Las campanas siempre doblan por todos.
La que da forma a este pesebre, también.
Jesús se hizo de nuestra condición, abrazó nuestra Humanidad, es uno con nosotros. Es, en sí mismo, el mayor alegato contra la indiferencia. Tanto le importó cómo la Muerte disminuía nuestra Humanidad que se entregó a sí mismo para vencerla y darnos Vida.
Toda campana suena por mi y por ti.

viernes, 21 de marzo de 2014

#129 Aguayo

Este pesebre me lo regalaron en febrero de 2014 y está hecho a mano, en papel y tela, por enfermos de la casa Buen Samaritano, de Cochabamba, Bolivia.
Está diseñado como una tarjeta navideña. La inscripción arriba del pesebre dice "Navidad campesina".
La figura de la Sagrada Familia está calada y así afloran retazos de aguayo, un tipo de tejido típico de los pueblos andinos.
El aguayo se caracteriza por las rayas de colores contrastantes y es utilizado en diversas prendas.




Para la Navidad, existe en Bolivia la costumbre de vestir al Niño Jesús con ropita típica de los Andes hecha en aguayo.
Es muy usual que las madres carguen a sus bebés en sus espaldas envueltos en una manta de este tipo de tejido.
Leí por ahí que el aguayo es como la "cuna de los indígenas", hermosa imagen para pensar que Jesús, envuelto en esta tela colorida, se hace uno con nosotros, arropado por el calor maternal del Creador.

Como dice esta bella oración, qué distinta se saborea la vida desde las espaldas protectoras del Señor y muy pegados a su corazón:

"Ponme en tu aguayo, Señor, lleváme contigo.
Quiero caminar contigo al modo de los hombres
sin dejar de sentir tu paso entre la hierba fresca.
Veo desde tu espalda la vida de mis hermanos
y no me dejo asustar por el viento que pasa.
La tierra se abre cuando vamos juntos
mientras el sol tiñe sus colores en el agua.
Ponme, Señor, entre esas hebras sagradas
que saben de mis sueños y mis esperanzas.
Ve que el trigal aguarda que lo toques con tus manos
y que el campo nos espera con sus flores de lavanda.
Ven, vayamos juntos a cosechar las manzanas,
contigo son jugosas las peras y el maíz no se acaba.
En tu aguayo hago míos tus latidos
y los míos con los tuyos se entrelazan.
A tu lado, Señor, respiro tu aliento que me regalas.
Siempre me quedo contigo, junto al calor de tu espalda."



viernes, 14 de marzo de 2014

#128 La estrella de la Luz verdadera


Este pesebre me lo regaló en febrero de 2014 mi amiga Daniela Vulcano. Lo trajo de la ciudad argentina de Villa Gesell, aunque tiene inconfundibles rasgos andinos.
Es una sola pieza, con cordón para colgar, hecho en cerámica. Se trata de la figura de la Sagrada Familia colocada en el centro de una estrella.
Al verla, no sé por qué, me recordó a esas estrellas que se colocan en el Paseo de la Fama, en Hollywood, para rendir "tributo" a las "celebridades", personas como cualquiera, con talentos para el arte, pero que el mundo -el lucrativo "star system"- convierte en ídolos de barro.
En el Paseo de la Fama hay unas dos mil de estas estrellas... En ninguna se recuerda al que verdaderamente tiene Luz propia para alumbrar a las naciones...
¿Qué ocupa el centro de la estrella que está en nuestro corazón?
Muchas veces cedemos el centro de nuestra vida a ídolos de barro, no tan solo "celebridades" de carne y hueso sino ambiciones vanas, preocupaciones inútiles, deseos propios...
Cuando dejamos que todo esto ocupe toda nuestra vida, desplazamos del trono al verdadero Rey y perdemos el eje de nosotros mismos.
"Cristo es el centro, Cristo centro de la creación, del pueblo y de la historia", recordó el Papa Francisco en noviembre de 2013 en su homilía de la solemnidad de Cristo Rey.
Como este pesebre, la imagen de Cristo Rey, dice Francisco, "nos ayuda a entender que Jesús es el centro de la creación".
"Y así la actitud que se pide al creyente, que quiere ser tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. Y así nuestros pensamientos serán pensamientos cristianos, pensamientos de Cristo. Nuestras obras serán obras cristianas, obras de Cristo, nuestras palabras serán palabras cristianas, palabras de Cristo. En cambio, La pérdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca daños, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo", sostiene el Papa.
Cuando Jesús es el centro de nuestro corazón, insiste Francisco, "incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan".
Ningún ídolo de barro puede hacer esto dentro tuyo. ¡Solo la Luz verdadera!

sábado, 8 de marzo de 2014

#127 Flores

Este pesebre en miniatura me lo regaló mi amiga Daniela Vulcano en enero de 2014.
Aunque lo compró en la ciudad argentina de Villa Gesell, es de inconfundible estilo peruano.
Entre sus detalles, además del colorido, destacan las flores que hacen de marco, elemento tradicional de las artesanías de la región peruana de Ayacucho.
Hay un par de versículos en el libro del profeta Isaías que, como señal a los que esperan la venida del Salvador, anuncia que la tierra reseca se llenará de flores: "Que se alegren el desierto y la tierra seca, que con flores se alegre la pradera. Que se llene de flores como junquillos, que salte y cante de contenta, pues le han regalado el esplendor del Líbano y el brillo del Carmelo y del Sarón. Ellos a su vez verán el esplendor de Yavé, todo el brillo de nuestro Dios" (Isaías 35, 1-2).
La profecía de Isaías tiene en el nacimiento de Jesús su cumplimiento.
Donde había carencia de Agua Viva, sed infinita de Dios, brota la vida. Todo se llena de flores, flores que convocan con su perfume. El desierto se llana de colores.
Es la alegría por la llegada del Niño, que hace cantar a ángeles y humildes pastores. 

Las praderas pedregosas donde a duras penas pastaban sus rebaños se visten ahora de "esplendor" en el silencio de la Nochebuena... Y así, a estos pequeños, se les revela "todo el brillo de nuestro Dios"... 




lunes, 17 de febrero de 2014

#126 Intemperie


 
Este pesebre de cerámica, de una sola pieza y de estilo andino, me lo regaló en diciembre de 2013 mi amiga Annie Calzia y fue comprado en la santería Nuestra Señora del Carmelo, de Buenos Aires.
En el fondo hay una casa de dos plantas, con la puerta entreabierta... Sin embargo, Jesús nace afuera, a la intemperie...
Se hace así igual a nosotros en todo. Asume nuestra debilidad, nuestras sensaciones de desprotección, de desamparo...
¿Cuántas veces nos sentimos desnudos, a la intemperie?
Cuando esto te suceda y sientas que nadie te comprende, recuerda que Jesús ya estuvo en ese "descampado" espiritual y lo hizo por amor a vos.
"Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza" (Mateo 8,20).
Estar a la intemperie nos obliga a hacer experiencia de un suelo duro, de la desprotección del ambiente, de la soledad... No tenemos donde reclinar la cabeza. Pero es allí donde esta experiencia nos hace recostarnos solo en Dios, a abandonarnos en Él.
En esa intemperie no estamos solos: está Él con nosotros.
Entonces, naturalmente, orarás. Estarás recostado en ese suelo duro, pero a la intemperie podrás ver sin obstáculos el Cielo.
Solo vuelve a mirar al Niño de este pesebre. Está como vos, a la intemperie, orando con sus ojitos al Padre de los Cielos.

sábado, 8 de febrero de 2014

Pesebre invitado #18: Porcelana



Este bello pesebre es uno de los "tesoros" de la familia de mi amiga Mariana, de Buenos Aires.
"Todos los 8 de diciembre, día más día menos, armábamos el árbol de Navidad. Y el pesebre tenia un lugar especial, la chimenea, donde construíamos con papel madera las paredes de la cueva, en el piso poníamos paja y así armábamos en relieve el hermoso pesebre. Pieza por pieza, colocada estratégicamente... Al final, le robábamos algunas luces al arbolito y las poníamos en el techo de la cueva, para iluminar esa hermosa escena", recuerda Mariana.
El pesebre, de diez piezas, fue comprado por el padre de Mariana, data de 1981/1983 y es de la reconocida marca española Lladró, especialista en figuras de porcelana.
Es una verdadera obra de arte.
 


El de la porcelana es un arte bello, delicado, laborioso. 
Hay una hermosa leyenda china, "El dios de la porcelana", recogida en el libro "Oros viejos", del escritor español Herminio Almendros, que relata el origen mítico de esta expresión artística. Vale la pena leerla o escucharla
El humilde alfarero Pu creaba bellas figuras de barro cocidas en un horno. Con paciencia e ingenio se convirtió en gran artista. Buscaba siempre belleza y perfección.
Un día llevó uno de sus jarrones sublimes como ofrenda al emperador chino, el "hijo del cielo", y éste le desafió a crear una obra que "tenga los tintes y la apariencia de la carne viva", capaz de conmoverse.
A Pu le angustió el pedido. ¿Sería capaz de "infundir a la materia muerta el temblor de la vida, que es el secreto del Principio Supremo"?
Pese a sus dudas, sintió que debía obediencia al emperador, "consumirse en el intento de satisfacer el deseo del hijo del cielo", y se puso manos a la obra. Pero no lograba el objetivo...
Suplicó entonces ayuda al "genio del horno", quien se admiró por su fe.
Pu vio agotadas sus propias fuerzas, su ingenio, su paciencia. Sobrevino la enfermedad y la miseria. Con todo, seguía intentando. Y seguía suplicando ayuda al "genio del horno"
Llegó a sentir desesperación, abandono. Pero insistía
Por fin el genio le dijo: "Tú quieres dar un alma a lo que has hecho. Pero un alma no puede partirse. No puedes dar parte de la tuya. ¡Necesito tu vida entera por la vida de tu obra!".
Pu se entristeció, pero su corazón no dudó. Era su último intento. Purificó las arcillas, las amasó con amor hasta dar forma a un bello jarrón, lo metió en el horno y dijo al "genio de las llamas":
"—iOh, Dios del Fuego! iYo comprendí el profundo sentido de tus palabras! ¡Acepta mi vida por la vida de mi obra; mi alma por su alma!
Y antes que terminara la novena noche, Pu se arrojó al fuego vivo del horno".
Lo que quedó fue un jarrón "en verdad animado como carne que se estremece con el susurro de las palabras y la sombra de los pensamientos".

Quedó un jarrón pero bien podría haber quedado este bellísimo y "vivo" pesebre de porcelana, en cuyo centro está este Niño, también obediente hasta el final, también alfarero paciente y amoroso, también dispuesto a dar su vida por la obra de sus manos... Dispuesto a dar Vida verdadera y convertir en porcelana lo que no era más que barro.

viernes, 17 de enero de 2014

Pesebre invitado #17: Campana

Este pesebre llegó recientemente al hogar de mi amiga Annie, en Buenos Aires.
Es un nacimiento de una sola pieza, hecho en barro, con la imagen de la Sagrada Familia como remate de una campana, decorada con una guarda indígena.La campana es uno de los elementos decorativos propios de la Navidad. Tañen en señal de alegría por el nacimiento de Jesús. Invitan a celebrar y a adorar al Niño.¿Quiénes hacen hoy sonar las campanas por el Redentor que nace? ¿Hasta dónde llega su sonido? ¿Quiénes las escuchan repicar?
Te deseo que, al contemplar este pesebre, te sientas movido a agitar las campanas, a hacer "bochinche" en señal de alegría... Y que tus oídos se abran a las campanas que resuenan a tu alrededor... ¡Jesús nace cada día!



jueves, 16 de enero de 2014

#125 Dorado


Este pesebre me lo regalaron en diciembre de 2013 y fue fabricado en Mariápolis, Argentina.
Es un pesebre de colgar, de una sola pieza, con el perfil de la Sagrada Familia calado en madera balsa.
Es idéntico a otro pesebre que me regalaron en 2010 y, para hacerlo diferente, cubrí al nuevo con una capa de pintura dorada.
El dorado es el color del oro. Metal precioso que los sabios de Oriente llevaron como regalo al Niño recién nacido en reconocimiento a la realeza de Jesús.
Los tres magos extranjeros vieron "dorado" lo que a otros ojos no lucía más que simple madera balsa, sin brillo, sin tintes.
Reconocieron al Rey de reyes en un niño pobre.
Adoraron su Majestad en medio de un humilde pesebre.
¡Qué también nosotros podamos reconocer la realeza de Jesús, su presencia victoriosa, en medio de lo que, a simple vista, no parece más que pobreza, limitaciones, derrota, mezquindad...!




viernes, 10 de enero de 2014

#124 Páginas marcadas


Este pesebre me lo regalaron en diciembre de 2013 y viene impreso en un "flaps", un invento argentino que no es otra cosa que un señalador magnético de página y renglón que se adhiere a las hojas sin moverse.
Éste, de fondo azul, trae por delante la imagen del pesebre y una inscripción -"En Belén nació Jesús, en Belén nació la Luz"- y por detrás está la silueta de los tres Reyes Magos en caravana hacia el nacimiento.
Un señalador sirve para marcar. Guía la lectura. Permite seguir el hilo. A veces utilizamos varios señaladores para marcar distintos puntos importantes en un texto, lo que nos ha tocado, lo que nos ha llegado más, aquello que intuimos que deberemos volver a leer en algún momento.
Nuestra vida es también un libro, uno inacabado, que se escribe día a día, lleno de marcas y señaladores.
Desde el prólogo, nuestras páginas vienen marcadas por el Dios de la Vida. Y más que marcadas: Él mismo escribe en nuestros renglones, edita nuestra historia, corrige para perfeccionarla, procura la belleza del relato y el desenlace feliz... sin restar en nada a nuestra libertad como protagonistas.
Es el Autor del Libro de la Vida, de nuestra vida. Y pone en Él su sello.
Hay un bello salmo, el 139, un verdadero canto al abismo insondable de la sabiduría de Dios, que todo lo conoce de la criatura a quien ama, cada una de sus páginas, incluso antes de su nacimiento: "Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos ya veían mis acciones, todas ellas estaban en tu Libro; mis días estaban escritos y señalados, antes que uno solo de ellos existiera".
Dios escribe, con letra clara, firme, indeleble. Escribe en el corazón de su pueblo el contenido de su alanza de amor con él para que todos y cada uno conozcan este pacto: "Esta es la alianza que yo pactaré con Israel en los días que están por llegar, dice Yavé: pondré mi ley en su interior, la escribiré en sus corazones, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarle a su compañero, o a su hermano, diciéndoles: «Conozcan a Yavé.» Pues me conocerán todos, del más grande al más chico, dice Yavé; yo entonces habré perdonado su culpa, y no me acordaré más de su pecado" (Jeremías 31, 33-34).
El apóstol Pablo les dice -escribe- a los cristianos de Corintios algo muy hermoso, que ellos son una "carta" -texto- escrita por el propio Señor: "Evidentemente ustedes son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los corazones" (2 Corintios 3, 3).
Necesitamos de la Luz que se hizo visible en Belén para poder leer la letra de Dios y dejarnos guiar por sus marcas y señaladores...
Necesitamos de su Sabiduría infinita para interpretar nuestro propio libro... Y para saber leer en los demás la poesía de Dios, la belleza que deja su pluma en los relatos de tantos hombres y mujeres que se vuelven "cartas de Cristo".

martes, 7 de enero de 2014

#123 Vellón


Este pesebre de tres piezas lo compré en diciembre de 2013 en la Feria Puro Diseño Navidad, en Buenos Aires.
Fue hecho por Nancy Benítez, de la ciudad bonaerense de Baradero, quien en 2011 creó el emprendimiento Ylapaka, dedicado a la confección de indumentaria y artículos de decoración con fieltro.
El fieltro es un material textil que se obtiene del vellón de la lana de oveja.
El vellón aparece en la Biblia, en la historia de Gedeón, contada en el libro de los Jueces, un relato que nos invita a la confianza absoluta en Dios.
Israel, alejado de Dios, fue invadido por un pueblo opresor llamado Madián.
Un día a un joven judío llamado Gedeón se le presentó el ángel de Yavé que le dijo: "Yavé está contigo, valiente guerrero!". Gedeón cuestionó a Dios por creer que había abandonado a su pueblo ante los invasores.
Entonces Yavé le dijo: "¡Anda! Tú eres capaz de librar a Israel de la mano de Madián: yo soy quien te envía!".Pero el joven replicó: "Disculpa, señor, pero ¿cómo salvaré a Israel? Pues mi clan es el más pequeño de la tribu de Manasés y yo soy el más chico en la familia de mi padre".
Yavé respondió: "Yo estaré contigo y tú derrotarás a Madián como un solo hombre".
Pero Gedeón, desconfiado, le pidió una señal para que le demostrara que le hablaba Dios.
Más tarde, pidió otra prueba a Dios: “Si realmente quieres salvar a Israel por mi mano, como me has dicho, concédeme esta señal: voy a poner un vellón de lana en la era. Si solamente el vellón está con rocío, siendo que todo el suelo de derredor está seco, sabré que tú quieres librar a Israel por mi mano, como lo has dicho".
A la mañana siguiente el suelo estaba seco, pero el vellón empapado con suficiente agua como para llenar una copa.
Pese al prodigio, el joven no se convenció del todo y dijo a Dios: "No te enojes conmigo si vuelvo a hablar: dame otra prueba con el vellón y que solo quede seco el vellón, mientras todo el suelo de derredor queda cubierto con rocío". Así lo hizo el paciente Dios.
El joven se convenció al fin. Reunió a los suyos y protagonizó una batalla contra los invasores, muy superiores en número, que fueron derrotados gracias a la intervención de Dios.
El mensaje del relato es claro: confiar en Dios que todo lo puede, aún cuando no veamos en nosotros más que debilidad e impotencia.
Pero, ¿qué tiene que ver esta historia con el pesebre?
La conexión es el vellón.
Desde hace siglos la Iglesia ha tomado al vellón como símbolo de la Virgen María. María es el vellón impregnado del rocío fecundo de la divinidad que da paso a la encarnación de Jesús. María se empapa de la Vida divina para dar Vida.Es la fuerza del Todopoderoso obrando en la pequeñez y humildad de una mujer.María, como Gedeón, se percibía débil, pequeña. Pero no le pidió pruebas o señales al ángel ni a Dios. Solo preguntó cómo sería posible aquella grandeza que se le estaba anunciando... Y el ángel le respondió que nada es imposible para Dios. Eso le bastó. Y se confió a Dios para dejarse impregnar de su rocío...

jueves, 2 de enero de 2014

#122 Pastillero... para la "misericordina"


Este pastillero de metal, de origen italiano, lo compré en la santería de la iglesia Nuestra Señora de Loreto, de Buenos Aires, en diciembre de 2013.
En la tapa tiene la imagen del Niño Jesús durmiendo. Su dulce sueño es custodiado por un ángel, que no deja de contemplarlo.
Apenas vi este pequeño pastillero me acordé del papa Francisco mostrando y repartiendo a los fieles en la plaza San Pedro una cajita con 59 pastillas de "medicina para el alma".
"Les quiero aconsejar a todos una medicina. Algunos pensarán '¿ahora el papa es farmacéutico?'", dijo Francisco. Su genial prescripción: "misericordina".
¿Qué dice el prospecto?
Indicaciones: proporciona "ayuda espiritual para el alma y para difundir el amor, el perdón y la fraternidad". "Aporta misericordia al alma, con una amplia tranquilidad del corazón. Su eficacia está garantizada por las palabras de Jesús".
Composición: coronilla de la Divina Misericordia, promovida por santa Faustina Kowalska.
Posología: aplíquese "cuando se desea la conversión de los pecadores, se siente necesidad de ayuda, falta la fuerza para combatir las tentaciones, no se consigue perdonar a alguien, se desea la misericordia para un moribundo y se quiere adorar a Dios por todos los dones recibidos".
Puede usarse tanto en niños como en adultos, todas las veces que sea necesario.
No tiene efectos secundarios ni contraindicaciones.
"No se olviden de tomarla porque hace bien al corazón, al alma y a toda la vida", recomienda el papa Francisco.
¡Lleven siempre consigo unas cuantas pastillas de "misericordina"!

jueves, 26 de diciembre de 2013

#121 El árbol de la vida


Este pesebre, hecho en cerámica, de una sola pieza, lo compré en diciembre de 2013, en la Feria Internacional de Artesanías, en La Rural de Buenos Aires, en el puesto de César Cayavillca.
"Es el árbol de la vida", me dijo César.
En el árbol hay flores, mariposas, hojas verdes, un pájaro... Y la propia vida de la Sagrada Familia.
Dice el libro del Génesis que en el jardín del Edén Dios colocó el árbol de la ciencia del bien y del mal y el árbol de la vida. Con el primero ya sabemos qué pasó: la mujer y el hombre comieron de sus frutos desobedeciendo a Dios y perdiendo así la amistad con Él.
Del árbol de la vida dice el Génesis que sus frutos hacen vivir eternamente a quien los come...
Esta vida de eternidad nos es dada en Jesús.
Es el fruto del árbol de la vida, árbol que se identifica con la Cruz de Cristo.
Nos resulta más fácil ver este don divino de la vida eterna en la ternura del pesebre. ¡Pero cuán difícil es descubrirlo y animarse a tomarlo de la Cruz!
En una de sus visiones, Santa Catalina de Siena vio un inmenso árbol cargado de frutos magníficos, al pie del cual había cantidad de arbustos espinosos que hacían difícil acercarse al árbol y tomar los frutos.
Un poco más lejos había una hermosa colina sembrada de trigo. Pero las espigas se volvían polvo al tocarlas.
Catalina vio luego a un grupo de personas que se detuvo frente al árbol con el deseo de comer de sus frutos, pero las espinas los pinchaban y desistieron, se voltearon al trigal, totalmente a la mano, pero enfermaron por comer del cereal en mal estado.
Después llegaron otras personas, no se amilanaron frente a las espinas, pero al llegar al pie del árbol, notaron que los frutos estaban muy altos y que el tronco era demasiado liso para intentar treparlo. Así que también desistieron y optaron por el trigo, pero quedaron hambrientos porque las espigas no eran más que polvo.
Al final llegaron otros que, decidiéndose a atravesar la mata de espinillos y a subir al árbol, tomaron los frutos, los comieron y fueron saciados plenamente, de tal modo que ya no quisieron otro alimento que éste.
En el libro "El diálogo", Catalina conversa con el Señor sobre esta visión: "Entonces me manifesté a ti en figura de un árbol del que no se veía ni el principio ni el fin. Su raíz estaba hundida en la tierra, y ésta era la naturaleza divina, unida con la tierra de vuestra humanidad. Junto al árbol había algunas espinas, de las que huían todos los que amaban su propia sensualidad, los cuales corrían a un monte de trigo malo, que representaba todos los placeres del mundo. Aquel trigo parecía bueno y no lo era. Por esto eran muchas las almas que en él morían de hambre. Otras, por el contrario, conociendo el engaño del mundo, volvían al árbol y pasaban por las espinas, es decir, por la determinación de su propia voluntad; determinación, que antes de ser tomada, es la espina que encontráis en el camino de la verdad. Siempre están en lucha la conciencia, por una parte, y la sensualidad, por otra. Pero desde el momento que el alma, con odio y desprecio de sí mismo, se decide con energía y dice: «Yo quiero seguir a Cristo crucificado», quebranta inmediatamente la espina y experimenta una gran dulzura".
Este árbol de la visión de Catalina representa al Verbo encarnado y sus frutos son los de la Vida verdadera, mientras la colina, donde aparenta haber buen trigo pero no hay más que cizaña, simboliza a los campos del mundo, que brillan como oro, pero donde es vano cultivar.
Hay quienes ni intentan llegar al árbol y van derecho a la colina.
Otros se entusiasman y tratan de acceder al árbol, pero una vez junto al tronco se desaniman porque se ven incapaces de trepar, no perseveran en el entusiasmo inicial.
Y hay otros que afrontan las espinas y se suben al árbol de la Cruz, donde finalmente toman los frutos.
Los primeros terminan muriendo sin heridas aparentes, pero hambrientos. Los últimos, magullados pero vivos, son saciados para siempre porque han comido los frutos de vida eterna de este árbol.
En Jesús, la Cruz es la fructificación máxima de un amor por la humanidad que comenzó con su encarnación, su nacimiento en un pesebre.
Démosle albergue a este Niño en nuestro corazón, sin perder de vista que este Jesús del apacible pesebre es el mismo Jesús de la Cruz.
Sus frutos de vida eterna están allí para nosotros. A veces nos herirán las espinas. A veces el tronco se parecerá a un palo enjabonado. Pero recordemos que el árbol no da frutos para que se queden en sus ramas. Jesús es el primero en querer darse a nosotros y nos ofrecerá un nudo en el tronco donde apoyar nuestro pie, un recodo donde trepar, una rama flexible de donde colgarnos... O hará caer la lluvia para que las ramas, más pesadas, cedan y los frutos estén mas al alcance de nuestras manos... Y finalmente nos acogerá como injertos en su árbol para nutrirnos directamente con su sabia de Vida verdadera....



lunes, 23 de diciembre de 2013

Pesebre invitado #16: Y el Verbo habitó entre nosotros

Éste es el pesebre armado en el Adviento 2013 en la parroquia San Luis, de la ciudad de Mercedes, provincia de Buenos Aires.
Está montado en el altar, a los pies del ambón, y la ubicación no es casual: desde donde se proclama la Palabra, se espera al Verbo.
Si se observa bien, la figura del Niño no está aún colocada. En lugar de dejar vacía la cunita de paja, como hacen muchos al armar el pesebre en señal de espera del nacimiento de Jesús, aquí, entre José y María, está el libro de la Palabra... ¡Hermoso signo!
San Juan inicia su Evangelio afirmando que en el principio era la Palabra, y la Palabra era Dios, era vida y era luz. Y El Verbo se encarnó para ser "Dios con nosotros".
"Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad" (Juan 1,14).
Inspirado en este pasaje, san Juan de la Cruz hundió su corazón en este misterio de amor que era "en el principio", una comunicación amorosa que fluye en la Trinidad y se derrama hacia nosotros en la Encarnación.
Su contemplación quedó plasmada en este "romance" de la Trinidad, del cual comparto aquí algunos versos:

"En aquel amor inmenso
que de los dos procedía,
palabras de gran regalo
el Padre al Hijo decía,
de tan profundo deleite,
que nadie las entendía;
sólo el Hijo lo gozaba,
que es a quien pertenecía.
Pero aquello que se entiende
de esta manera decía:
Nada me contenta, Hijo,
fuera de tu compañía;
y si algo me contenta,
en ti mismo lo quería.
El que a ti más se parece
a mi más satisfacía,
y el que en nada te semeja
en mí nada hallaría.
En ti solo me he agradado,
¡Oh vida de vida mía!.
Eres lumbre de mi lumbre,
eres mi sabiduría,
figura de mi sustancia,
en quien bien me complacía.
Al que a ti te amare, Hijo,
a mí mismo le daría,
y el amor que yo en ti tengo
ese mismo en él pondría,
en razón de haber amado
a quien yo tanto quería.
(...)
Entonces llamó a un arcángel
que san Gabriel se decía,
y enviólo a una doncella
que se llamaba María,
de cuyo consentimiento
el misterio se hacía;
en la cual la Trinidad
de carne al Verbo vestía;
y aunque tres hacen la obra,
en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.
Y el que tenia sólo Padre,
ya también Madre tenía,
aunque no como cualquiera
que de varón concebía,
que de las entrañas de ella
él su carne recibía;
por lo cual Hijo de Dios
y del hombre se decía."






viernes, 20 de diciembre de 2013

Pesebre invitado #15: Un tesoro de museo


Desde 2010, un tesoro oculto sale a la luz cada Adviento en una de las salas de la Casa Fernández Blanco, que depende del Museo de Arte Hispanoamericano, de Buenos Aires.
Se trata del pesebre de Anton Comploj, una verdadera obra de arte popular, que rescata lo mejor de la tradición pesebrista italiana y reivindica, ahora como pieza de museo, la antigua costumbre familiar de armar el pesebre en casa.
Este nacimiento es obra de Anton Comploj, un artesano de Santa Cristina (Val Gardena, Trieste, norte de Italia), que inició el trabajo en 1926 y lo concluyó tres años después.
El trabajo se realizó por encargo de Giuseppe y Judith Croci y las cuarenta y cuatro piezas que integran el conjunto llegaron a Buenos aires en 1930.
Las imágenes están hechas en madera de cedro, talladas y policromadas. El conjunto, que incluye una gruta central donde la Sagrada Familia es visitada por pastores y los sabios de Oriente , se completa con un fondo de tablas pintadas con los cielos de Belén y sus construcciones típicas.
Dice un cartel junto a este belén que Rita y Anna, las entonces niñas de la familia Croci, "jamás perdieron la fascinación y el entusiasmo por armar su pesebre año tras año".
Fue Rita quien finalmente donó este tesoro a la Casa Fernández Blanco en homenaje a sus padres y para que cada visitante del museo pueda revivir esa experiencia inolvidable en cada Navidad mientras siga cobijando en su interior al niño que no pierde la capacidad de maravillarse ante el misterio del nacimiento de este otro Niño.





















jueves, 19 de diciembre de 2013

#120 Amigurumi


Este pesebre me lo regaló mamá en diciembre de 2013 y fue comprado en la Feria Internacional de Artesanías, en La Rural, de Buenos Aires.
Está compuesto de cuatro piezas -la Sagrada Familia y la cunita de Jesús- y fue elaborado por artesanas de la firma Noni Noni, de la localidad bonaerense de Vicente López, especializada en tejidos al croché o con ganchillo.
Específicamente, a este tipo de artesanías se le conoce como "amigurumi", que en japonés significa "peluche tejido". Es una técnica nipona para hacer muñecos tejidos al croché, que se difundió ampliamente al resto del mundo.
Pese a la moda y el uso decorativo de este tipo de muñequitos, los japoneses le dan un significado espiritual a los "amigurumis".
Están ligados a la cultura "kawaii", vocablo que significa adorable, tierno, bonito.
Según la tradición japonesa, los "amigurumis" alimentan nuestro "niño interior" y, a partir de su belleza y su ternura, nos proporcionan consuelo en los momentos de tristeza o agobio. Observarlos nos arrancará una sonrisa...
Mayormente los diseños de estos muñecos se basan en figuras de animalitos... ¡pero qué bien le viene su significado aplicado a un pesebre!
La escena del nacimiento de Jesús es de un dulzura infinita... Mira este pesebre, abraza a tu "niño interior", sonríe... ¡La ternura está ante nosotros!



miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pesebre invitado #14: Jesús nace... en la bulliciosa Buenos Aires

Mi ciudad, Buenos Aires, también tiene sus pesebres callejeros, un testimonio de que Jesús nace también en medio de las realidades concretas, complejas y cotidianas de las grandes urbes.
El pesebre más grande de la capital argentina se monta cada diciembre en la Plaza de los Dos Congresos, con el palacio del Parlamento como telón de fondo, un habitual escenario de convulsionadas marchas de protestas.
Allí, los Amigos de la Avenida de Mayo organizan cada Adviento el armado de este pesebre, compuesto por medio centenar de figuras de tamaño real realizadas por el escultor Fernando Pugliese.
Bajo el sol abrasador de diciembre, los transeúntes no se amilanan y, llevados por la curiosidad o la inspiración divina, se acercan a este remanso de paz en medio del bullicio citadino, donde los ruidos parecen no estorbar la contemplación, los animales no se espantan de las bocinas y Jesús nace... en el corazón mismo de Buenos Aires.












martes, 17 de diciembre de 2013

#119 Cajita de fósforos

Este pesebre lo compré en diciembre de 2013 en la Feria Internacional de Artesanías, en La Rural, de Buenos Aires.
Es obra del artesano peruano Juan Soto Palomino, de la firma Perú Arte Rumi.
Las tres pequeñas figuras de la Sagrada Familia están hechas en madera y tela de vivos colores, con guardas andinas, colocadas en el interior de una cajita de fósforos.
Me gusta esta idea de la cajita de fósforos como pesebre. Ambos son pequeños, humildes, casi que escondidos, poco valorados... Sin embargo guardan en su interior un inmenso tesoro: luz, calor, fuego.
En el pesebre, pobrísimo como era, se encendió el fuego del Amor de Dios. Fuente de calor para un mundo golpeado por la frialdad de los corazones... Luz verdadera para alumbrar a la humanidad. En lo pequeño está encerrada la grandeza... ¡Ábrete al misterio de la Navidad!

domingo, 15 de diciembre de 2013

#118 Estrella de Loreto

Esta estrella de madera, con la imagen del nacimiento de Jesús, la compré en diciembre de 2013 en la santería de la iglesia Nuestra Señora de Loreto, de Buenos Aires.
La advocación mariana venerada en este templo tiene mucho que ver con el misterio de la Encarnación y su origen estriba en una tradición que afirma que la casa de Nazaret donde nació la Virgen, donde recibió el anuncio del ángel Gabriel y donde vivió luego la Sagrada Familia fue trasladada primero a Tarseto (Croacia), en 1291, y posteriormente, el 10 de diciembre de 1294, a lo que hoy se conoce como Loreto (Italia).
Allí se levantó un santuario y en su interior se conservan las tres paredes de la Santa Casa, lugar de peregrinaje desde hace siglos.
Entre los muchos significados espirituales que tiene este sitio, me quedo con éste: casa del Adviento.
Aquí María espero el nacimiento de su Hijo en el silencio de la contemplación del misterio...
¡Qué al ver esta estrella te sientas también invitado a esperar a Jesús como lo hizo María en su humilde casa!

viernes, 13 de diciembre de 2013

#117 Adorar


Este bellísimo cuadro me lo regaló en noviembre de 2013 mi madrina Mari. Está hecho en óleo sobre tela.
Mi madrina pinta copiando imágenes. Yo le pedí un cuadro con una imagen de un nacimiento y le dejé una estampa de un Niño adorado por ángeles.
Cuando me entregó su creación casi que se disculpó. No estaba del todo confirme con cómo había quedado y hasta me contó un traspié en el proceso con un poco de aguarrás derramada que tuvo que enmendar...
A mi me pareció cuento: ¡El cuadro es hermoscísimo! Yo no le veo imperfecciones... Por el contrario: en contenido, es muy superior a la estampa original. En este nuevo, los ángeles tienen una actitud de adoración mucho más perfecta que en el original, donde uno de ellos está mirando para el costado, distraído vaya a saber con qué cosa...
En cambio, en el cuadro hecho por mi madrina los ángeles no pueden dejar de mirar al Niño. Están cautivados. Hay una luz que emana del pequeño Jesús que es irresistible para quienes están en su presencia. No puedo imaginar mejor actitud para un verdadero adorador.
¡Y mi madrina interpretó el sentido profundo de la adoración con su genial mano y su ojo artístico!
Adorar es reconocerse, pequeñitos como somos, ante la presencia y la grandeza de Dios, un Dios encarnado en un Niño recién nacido, fuente de Luz verdadera.

domingo, 8 de diciembre de 2013

#116 Arco iris

Este pesebre de resina lo compré en Buenos Aires, en noviembre de 2013.
Está compuesto por ocho figuras de tamaño mediano: la Sagrada Familia, los tres reyes y el ángel... Todos con expresiones muy cándidas.
Lo más llamativo es su colorido: toda una gama de tonos que conforman un verdadero arco iris multicolor.
En el libro del Eclesiástico, en el Antiguo Testamento, hay un hermoso canto a las maravillas de la creación entre las que se destaca el arco iris: "Mira el arco iris y bendice al que lo hizo: ¡Qué magnífico esplendor! Él traza en el cielo una aureola de gloria; lo han tendido las manos del Altísimo" (Eclesiástico 43, 11-12).
También en el Antiguo Testamento, en el libro del Génesis, en el relato del diluvio, Dios pone como señal en el cielo, entre las nubes, un arco iris, como signo de su alianza con Noé y toda la creación. Y allí dice Dios que, cada vez que las nubes cubran el cielo, Él, al ver el arco iris, se acordará de su alianza perpetua, su promesa de que no habrá aguas diluvianas que acaben con los seres vivientes...
Nuestro Dios es un Dios que no olvida sus promesas. Ha hecho una alianza de Vida Eterna con su pueblo y esa alianza se cumple en Jesús.
Por eso me parece muy hermoso que un pesebre remita al arco iris, que para Dios es una señal que le recuerda lo que nos ha prometido: Vida verdadera.
Puede ser que las nubes cubran el cielo. Incluso pueden ser nubarrones oscuros. Tal vez se vea todo gris... o negro. Pero más allá de las nubes brilla el Sol y, tarde o temprano, se formará un hermoso arco iris para recordarnos que la alianza de Vida sigue en pie.