domingo, 15 de enero de 2017

#205 Sin otra luz ni guía


Este pesebre me lo regaló mi mamá en noviembre de 2016. Fue comprado en la librería Don Bosco, de Buenos Aires.
Es una única pieza, con las figuras de Jesús, María y José, hecha en polvo de mármol, con acabado blanco y decoración en color oro. Es de la marca italiana Koras, con sede en Torre di Mosto, un pueblo de la provincia de Venecia.
Según el fabricante, este modelo de pesebre se llama, en italiano, "Linterna", en referencia al farol que lleva José en su mano izquierda.
Es muy singular que sea José quien, de los tres, porte la luz cuando parece ser una figura signada por la noche. ¿Qué es esa luz que lleva?
José tuvo que abrirse paso en la oscuridad de la noche.
Dios lo llamó a acoger a María y a su Hijo en la noche del no entender, del no comprender, de la renuncia.
Dice la Palabra que José era un "hombre justo", es decir, santo. Y Dios lo llamó, lo invitó a acoger sus planes, resignando sus propios proyectos. Lo llamó a aceptar su Voluntad, una voluntad cuyo horizonte no siempre se nos presenta claro, definido.
Un plan divino que se le presenta en sueños. En la noche oscura.
Pero José, sin ver, acepta.
Acepta y se convierte en instrumento para que, en la noche del hombre, nazca la Luz.
La Luz del mundo es el Mesías, el Salvador. El Ángel se lo dijo sin rodeos: el hijo que dará a luz María "salvará a su Pueblo de todos sus pecados". Pero Jesús parece ser un niño como todos, o menos que todos, nace en condiciones de mucha precariedad, fragilidad, sin signos de privilegio o realeza...
Es de noche y José seguramente no ve con claridad cómo es que ese Niño, ése que yace entre pajas, va a salvar a su pueblo...
Es de noche y otra vez, en esa oscuridad, los desconcertante planes de Dios vuelven a interpelarlo. Dios le pide que se haga cargo de la vida de ese Niño y de María, que los proteja... Dios lo llama otra vez a ser instrumento clave en su plan de salvación, un plan al que José adhiere pero sin ver, sin comprender del todo.
Y José otra vez deja de lado sus propios proyectos. En vez de regresar a Nazaret, Dios le pide huir a Egipto, ser extranjero en tierra desconocida, caminar hacia la incertidumbre, hacia el no saber, hacia lo incierto...
"José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto", diec el relato de san Mateo.
Es impresionante que José, en los dos sueños, en la noche oscura, no pregunta, no pide explicaciones, no pone reparos. Solo despierta, se levanta y obedece... aún siendo de noche.
José, san José, anda en la noche, en la oscuridad del no entender los planes de Dios, en el no ver los alcances últimos del proyecto divino... camina hacia dónde Dios le pide, pero a ciegas, sin saber lo que hay a la vuelta de la esquina.
Como el alma que busca a Dios en la "Noche oscura" de san Juan de la Cruz, José anda "sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía". Y es es la luz de la fe. Es la luz que nos permite confiar, abandonarnos en Dios, fiarnos de Él, cuando nuestra razón y nuestros sentidos no tienen nada claro y no nos dan certeza alguna del camino por dónde se nos pide ir.
Esa luz de la fe es la que nos permite ir adelante sin tenerlo todo asegurado, la que nos permite aceptar los designios de Dios y resignar los propios planes.
Es esa luz la que permitió a José vivir "en la pura fe", incluso muriendo sin ver la consumación del plan de Dios del que él fue instrumento clave. Es la fe la que permite sembrar sin ver los frutos, pero con la confianza de que toda semilla regada por Dios germinará a su tiempo.
Ésa es la luz de san José, la fe que en su corazón ardía, la guía de sus noches...



viernes, 6 de enero de 2017

Pesebre invitado #47: La casa del pesebre


El 5 de enero de 2017 tuve el regalo maravilloso de conocer a Teresa y Susana Gargiulo, dos mujeres entrañables que me abrieron las puertas de su casa, en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires, para conocer de cerca su tesoro familiar: un pesebre monumental, de 400 piezas, que se arma allí mismo, ininterrumpidamente, desde hace 73 años.
La tradición la inició Amalia, la madre de Teresa y Susana, cuando comenzó a armar un pesebre pequeño, con las figuras básicas, en la sala de la casa que da a la calle.
El nacimiento poco a poco se fue enriqueciendo con figuras, todas de estilo clásico, adquiridas por la propia familia y regaladas por amigos y parientes.
Con los años el pesebre se extendió hasta cubrir la totalidad de la sala, de 20 metros cuadrados, con una escenografía muy trabajada y diferentes cuadros dentro del entorno montañoso de Belén.
Es realmente impresionante, pero lo más impactante es lo que estas dos hermanas generan desde la que ya todo el mundo conoce en el barrio como "la casa del pesebre".
Al principio, al nacimiento solo lo veían quienes visitaban la casa de los Gargiulo para Navidad.
Pero un día Teresa le propuso a Amalia abrir las ventanas de la sala para compartir de algún modo con la gente del barrio este verdadero tesoro.
"Le dije que la familia y los amigos lo veían cada año y que había que compartirlo con la gente porque sino esto quedaba guardado en una casa. Y mamá aceptó", recuerda Teresa, de 71 años.
El gigantesco pesebre se arma y desarma cada año. Para finales de noviembre se abren los baúles que trajo su "nona" de Italia hace algo más de un siglo y comienzan a sacar una a una las piezas cuidadosamente guardadas.
Los muebles de la sala, incluido un piano, quedan tapados con cajas de cartón y papeles que, gracias a las dotes artísticas de Teresa y Susana, se convierten en rocas y montañas de la región de Judá.
Y montan cada escena, con detalles novedosos cada año, una tarea que les demanda mucho esfuerzo pero que, finalmente, cuando llega el 8 de diciembre y todo queda listo, se compensa con lo que sucede con la gente.
En el rato que estuve en "la casa del pesebre" perdí la cuenta de cuántos se pararon para asomarse por las ventanas a mirar el nacimiento. Vecinos, transeúntes ocasionales, gente que venía especialmente de otros barrios a ver el pesebre, turistas... Niños... y adultos con ojos de niños.
Y escuché, una y otra vez, cómo Teresa y Susana les explicaban qué es el pesebre, por qué lo arman cada año y cuál es el verdadero sentido de la Navidad.
"La gente tiene que darse cuenta de que Navidad es la llegada del Niño Jesús, no que viene Papá Noel", comenta Teresa.
Me contaron que hasta se han asomado jóvenes que no sabían siquiera qué es un pesebre...
"'¿Vos no sabés lo que es la Navidad?'. Qué cosa rara que no le cuentan ahora a los chicos... Pero bueno, ésta es una manera de que la gente que pasa por acá lo conozca", reflexiona.
Para Susana, de 66 años, ésta es también una manera de atajar "toda la locura que se vive en la calle" y ofrecer a la gente la posibilidad de al menos "tener un pensamiento y transportarse al misterio de la Navidad".
"Cada imagen, cada escena, te dice algo, te transporta a algo y, sin quererlo, se medita", señala Susana.
Me llevo de "la casa del pesebre" la certeza de que el nacimiento es casa de ventanas abiertas. Porque realmente el misterio que aconteció en Belén hace dos milenios no quedó encerrado en aquella gruta, guardado con exclusividad a la intimidad de María, José y Jesús. Fue, desde un principio, familia abierta a compartir el don del Dios-con-nosotros.
Si hubo epifanía, adoración, contemplación, fue porque aquel pesebre estuvo abierto a quien quisiera acercarse.
Y creo que así lo quiere Dios: que cada corazón sea pesebre donde nace Jesús, pero pesebre de ventanas abiertas, de tesoro compartido, desde donde el Niño se ofrece a tantos y tantos que quizás no le conocen o no saben cómo encontrarle. Eso es ser "casa del pesebre".



jueves, 5 de enero de 2017

Niño invitado #46: Besapiés




Esta imagen la tomé a finales de diciembre de 2016 en mi parroquia San Carlos y Basílica de María Auxiliadora, en Buenos Aires.
Allí, ante el altar principal, apareció en un catrecito este Niño precioso luego del día de Navidad... Ese mismo día, al finalizar la misa, esta misma imagen y otra similar del Niño protagonizaron el besapiés, un gesto por el que se invita a los fieles a saludar con un beso a Jesús recién nacido... ¡Y yo le besé el piecito derecho!
La tradición de besar los pies o las manos en señal de profundo respeto y sumisión proviene de pueblos de la antigüedad, donde con este gesto se debía saludar al emperador.
Luego pasó con el correr de la historia a otros ámbitos, incluida la Iglesia, y finalmente se extendió a ciertas imágenes religiosas que, en un acto de piedad, son besadas por los fieles.
A mi este gesto del besapiés al Niño Jesús me recuerda a la escena en la casa de Simón, el fariseo, que relata san Lucas en su Evangelio.
Jesús es invitado a cenar en la casa de Simón y, cuando está ya a la mesa, una mujer se presenta, se pone por detrás de Él y se echa a sus pies.
Los pies de Jesús seguramente estarían cansados y polvorientos del camino... El Señor había entrado en aquella casa pero su anfitrión no le había ofrecido lavar sus pies como se solía hacer cuando llegaba un invitado importante."Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies" (Lucas 7,44).
Simón tampoco besó a Jesús al entrar a su casa. "Tú no me besaste".
Pero llega esta mujer y, sin decir palabra, sin ni siquiera colocarse ante Jesús, sino por detrás de Él, comienza a llorar, le baña los pies con sus lágrimas, los seca con sus cabellos, los unge con perfume... y los cubre de besos.
No sabemos el nombre de esta mujer ni cómo es que logró colarse en esa cena donde, por lo que relata Lucas, no era bienvenida por Simón.
El fariseo la llama "la pecadora"... Y Jesús, "la que ha demostrado mucho amor".
No sabemos cuándo ni cómo el corazón de esta mujer fue impactado por Jesús... pero es evidente que eso había sucedido ya porque dice Lucas que, apenas se enteró de que Jesús estaba en esa cena, se dirigió hasta allí.
El corazón de esta mujer estaría lleno de gratitud, de estremecimiento ante la misericordia de Jesús... de saberse perdonada de sus muchos pecados y muy amada por Dios en ese perdón.
Y cuando estos sentimientos desbordan el corazón surge la necesidad de demostrar de algún modo gratitud y amor a Dios.
Y esa necesidad es tal que esta mujer se presenta allí superando sus miedos a ser observada, criticada, enjuiciada y hasta echada.
Solo tiene en el corazón la certeza de que el Dios que tanto le ha perdonado tanto amor le tiene que no rechazara su humilde gesto de besarle los pies.
Es impresionante que Jesús se deja besar los pies... un buen rato... porque en un momento le hace notar a Simón que la mujer, desde que Él entró en la casa, no paró de besar sus pies. Así que Jesús estuvo cenando y conversando y nunca se sintió molestado por la demostración de esta mujer. Comprendió su necesidad de hacer este gesto, la dejó y hasta la defendió.
Y todo esto lo hizo esta mujer sin decir una palabra. Su corazón habló con besos a los pies de Jesús.
Pienso que el Señor, que tanto nos perdona, comprende esa pobreza que a veces experimentamos en el corazón de no saber cómo agradecerle tanto amor misericordioso, cuando todo lo que podamos hacer nos parece tan poco al lado de tanto amor. Pero Él valora y acepta nuestros pequeños gestos, se deja besar los pies...
Él, que nos ve de un modo tan diferente a cómo nosotros nos vemos, dice que es "demostrar mucho amor" hacer un simple acto de piedad como besarle los pies... Claro, Él ve en los corazones y sabe cuando un gesto así es verdadero...
Él no solo se deja besar sino que nos anima a hacerlo, a liberarnos del juicio ajeno, de la mirada de los demás, de avergonzarnos, para ser capaces de demostrarle amor.
Besar el piecito del Niño, los pies clavados de Cristo en el crucifijo... Besarlo con el beso silencioso de la oración, con una mirada amorosa al Santísimo.
Besarlo con las lagrimas de nuestro arrepentimiento cuando nos abraza en la Reconciliación y con el amén de la Eucaristía cuando viene a cenar a nuestra casa.
Besarle los pies llagados en las llagas de cuantos padecen y son para nosotros otro Cristo que están esperando que les demostremos mucho amor. Porque mucho se nos ha perdonado...



"Conózcate, oh Cristo, en esta hora
de tu perdón; mi beso apasionado,
de ardientes labios en tu pie clavado,
sea flecha de amor y paz de aurora".

Himno de la Liturgia de las Horas





domingo, 1 de enero de 2017

#204 Revestidos



Este pesebre me lo regaló en noviembre de 2016 mi papá, quien lo compró en la santería Nuestra Señora del Carmelo, en Buenos Aires.
Es un pesebre artesanal, con base de madera y las figuras de María, José y el Niño vestidas iguales, con un tejido de telar.
Un modo de "leer" la imagen es pensar al Hijo plenamente revestido de nuestra humanidad, sometiéndose también por ello a nuestra necesidad humana de ser cubiertos, de ser vestidos.
Pero también podemos contemplar la imagen desde otro punto de vista: son María y José quienes se visten como el Hijo.
Hay un consejo y, más que eso, una exhortación, un llamado de san Pablo que va en esa dirección: "Revístanse del Señor Jesucristo" (Romanos, 13, 14).
Revestir es más que vestir. No es disfrazarse. Ni siquiera es un simple imitar.
Revestirse es cubrirse por entero, algo que implica todo el ser, no tan solo lo exterior. El revestimiento cubre, protege, da nueva identidad, redefine.
Revestirse de Jesús es algo más que imitarlo, lo cual ya sería algo muy bueno. Es configurase con Él, dejarse modelar por Dios hasta ser "otro Cristo", tener sus mismos sentimientos, sus mismas intenciones, sus mismos pensamientos... hasta al punto de poder decir, como san Pablo, que ya no somos nosotros sino que es Él el que vive en nosotros.
Revestirse de Jesús... Sin duda, así lo hicieron María y José. ¡Qué ellos intercedan para que nosotros también llevemos ese revestimiento de gracia!



viernes, 23 de diciembre de 2016

Niño invitado #45: Jesús en la plaza




Esta imagen del Niño Jesús la tomé el 23 de diciembre de 2016 en la plaza Miserere, de Buenos Aires.
Los porteños llamamos comúnmente a este sitio plaza Once y es un lugar donde, en la jerga del Papa Francisco, se junta más de una "periferia existencial".
Como está vecina a una de las principales estaciones ferroviarias de Buenos Aires, la plaza es un sitio de continuo paso para miles y miles de personas al día, cada una cargada con sus ocupaciones, preocupaciones y cruces...
Pero no hay solo gente de paso. También hay personas para quienes la plaza es su "casa", vendedores ambulantes, gente sin techo, niños que pasan el día aquí... y para quienes la inseguridad, la prostitución callejera y las drogas son parte de su paisaje cotidiano.
Es un sitio lleno de realidades muy duras y complejas, un lugar que normalmente la gente prefiere evitar por "peligroso" y "marginal". Pero aquí encontré a este Niño Jesús.
Lo llevaron desde la cercana parroquia de Nuestra Señora de Balvanera como parte de la misión de Navidad.
"Es muy lindo estar acá, dando testimonio de Jesús. Hay gente que nos recibe muy bien y otra que nos rechaza. Pero eso es vivir el Evangelio", me dijo una de las jóvenes que participaba de la misión, invitando a las personas a orar y a acercarse a los sacramentos.
Esa conciencia de estar "viviendo el Evangelio", ahí, en la plaza, me resultó impactante.
Faltando tan pocas horas para la Navidad, me pareció clarísimo que esos hermanos habían sido enviados, como Juan el Bautista, a "allanar el camino" para la venida del Señor, o como aquellos 72 a quienes Jesús eligió y envió a aquellas ciudades y lugares a los que debía ir Él.
Jesús los envió a esta plaza, a las duras "periferias existenciales" que aquí se cruzan, a cada persona que atraviesa o permanece en este sitio con su cruz a cuestas porque ahora es Él el que quiere venir en persona a sanar cada realidad, a abrazar con su Misericordia a cada uno...
Jesús es callejero, anda, va de una orilla a la otra, sale a la búsqueda, al encuentro, y nos pide ser como Él...
Como dijo el Papa Francisco: "Esto es lo que Jesús quiere hoy, discípulos misioneros, ¡callejeros de la fe!".


lunes, 19 de diciembre de 2016

Pesebre invitado #44: El pesebre de mi parroquia



Éste es el pesebre de mi parroquia San Carlos y Basílica de María Auxiliadora, en Buenos Aires.
Se preguntarán por qué coloco primero la foto del altar del Santísimo Sacramento y no la imagen de la representación del nacimiento de Jesús. Espero poder explicar bien mis razones...
Trato de ponerles en situación. Imaginen un fruto que lo cortan al medio y queda el interior de las dos mitades expuesto: lo que se ve en una y otra mitad no es igual, pero es muy similar, casi como en espejo.
Algo así pasa con el pesebre de mi parroquia. No se si se llega a apreciar en las fotos, pero el nacimiento en este 2016 está montado justo a un costado del altar del sagrario.
Es un pesebre de estilo clásico. dentro de la gruta, María en oración, José, en actitud de recogimiento, un poco más atrás, la ""cunita" de paja para el Niño entre ambos...
Afuera hay varios pastores, vestidos muy sencillamente, de diversas edades, algunos de pie, otros de rodillas, unos agachan la cabeza, otros miran hacia el interior de la gruta... Hay también algunos animales y un cielo azul profundo en el que, cuando es de noche, se pueden ver infinidad de luceros y la Estrella de Belén.





Ahora les propongo que, con la imaginación, unan la imagen de este pesebre con la del altar del Santísimo Sacramento, como si uniéramos las dos mitades de un fruto... ¡Las coincidencias son sorprendentes! A ver si logro explicarme...
El altar del sagrario es también el altar de la Sagrada Familia, de modo que aquí también están representados María y José.
En este altar hay, durante todo el año, flores y plantas, que me recuerdan la "creación expectante" de la que habla san Pablo. Es cierto que aquí no hay animales, como en la escenificación tradicional del nacimiento, pero las flores y las plantas son, como aquellos, seres vivos, obra de la mano del Creador.
En este altar hay siempre, a los costados, dos figuras de ángeles muy bellas, representaciones de los ángeles que día y noche adoran y custodian el Santísimo Sacramento.
Este altar es muy hermoso, verdaderamente delicado en sus formas, pero su belleza es muy simple. Es un sitio muy sencillo, de mucha intimidad, tal como imagino que fue la gruta de Belén. El altar tiene un piso de madera que me recuerda la rusticidad que seguramente tuvo aquel pesebre y es un espacio no muy grande -diría mas bien pequeño- pero suficiente para una madre con su niño... ¡A Dios Hijo, Rey del Universo, le bastó esta pequeñez para nacer!
Este altar nunca está desnudo. Siempre hay un mantel blanco, muy sencillo, pero muy cuidado, que lo cubre y me recuerda cómo María, con delicado amor maternal, cubrió con un lienzo la desnudez y la fragilidad del pequeño Jesús...
En este altar hay, no una, sino dos "estrellas de Belén". Una estrella está grabada sobre la puerta del sagrario. La otra no es en rigor una estrella, pero cumple con la función de irradiar luz: es la pequeña lámpara roja al costado del altar, luz que indica que allí está presente Jesús.
Y es esta presencia lo más importante de este altar. En la imagen de la Sagrada Familia está representado Jesús Niño, pero es solo una imagen. Pero en el sagrario... ¡en el sagrario está Jesús de verdad, vivo!
Y por eso les digo que éste es el pesebre de mi parroquia. Y lo que ven al costado una representación, muy hermosa, pero representación al fin...
Pasará el tiempo de Navidad y se desmontará la escena. Pero el pesebre real permanecerá...
Yo veo a diario a los "pastores" de los alrededores que vienen a postrarse ante el Jesús del sagrario, que es el mismo -¡el mismo!- que nació en Belén hace dos milenios.
Los veo así, como esos pastores, gente sencilla, humilde, que viene con unas flores, o con las manos vacías, pero con el corazón ofrecido a su Señor...
Los veo en adoración, contemplando... llorando, sonriendo... de rodillas o sentados en recogimiento...
Los veo a veces mirar a san José buscando su intercesión y muchas, muchas veces, desgranar rosarios con María...
Los veo, los escucho, musitar no sé qué cosas ante la "cunita" del sagrario... pero la mayoría simplemente hace silencio... y es que ante un Niño como éste o se susurra o se calla.
Éste es el "pesebre" de mi parroquia, donde es Belén todos los días...





miércoles, 14 de diciembre de 2016

Pesebre invitado #43: Vitral



Esta imagen la tomé en octubre de 2016 en la catedral católica de San Patricio, en Nueva York.
Es uno de los grandes vitrales del templo y éste recrea la escena de la adoración al Niño Jesús en Belén.
El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, observa que "si alguien mira las vidrieras de una antigua catedral desde la calle, no verá más que trozos de vidrio oscuros unidos por tiras de plomo negro; pero si atraviesa el umbral y las mira desde dentro, a contraluz, entonces verá un espectáculo de colores y de figuras que lo dejan sin respiración".
Él aplica luego esta observación a la Iglesia, a cuán diferente se ve desde adentro que desde afuera. Pero me permito tomar su imagen para aplicarla al alma misma.
Y es que el alma es templo de Dios. Allí mora Dios y le imprime su propia belleza... Fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios... En nuestro interior se proyecta su hermosura... como esta imagen del Niño del vitral... Pero desde afuera difícilmente lo podemos ver, sea que se trate de nuestra alma o la de otras personas... hay que entrar, con sumo respeto porque es templo de Dios, y contemplar desde dentro lo que el mismo Dios que eligió morar allí ve...
Santa Teresa de Jesús dice que, como el sol resplandece en el cristal, así Dios da a la persona "resplandor y hermosura" en el "centro de su alma".
Teresa no habla de catedrales con vitrales pero sí de algo que en un punto se les parece: un castillo, hermoso por dentro, donde habita el Rey con una luz que ilumina cada rincón.
En el primer capítulo de "Las Moradas" o "El Castillo Interior", la santa de apÁvila nos invita a "considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas", y afirma que "no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites".
"Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues Él mismo dice que nos creó a su imagen y semejanza", escribe Teresa.
La santa apunta que, pese a esta "gran dignidad y hermosura" del alma, muchas veces no sabemos quiénes somos, ignoramos o pocas veces consideramos "qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella", y así tenemos poco cuidado en tratar de "conservar su hermosura".
Pues toda esa belleza está, pero dentro. Es como los vitrales de la catedral: no se los puede apreciar desde afuera. Hay que entrar... no solo asomarse un poco... sino bastante, hasta las habitaciones más reservadas del castillo, hasta el ábside de la catedral... y no unos minutos, como quien se da un paseo corto por el lugar, sino mucho tiempo.
Dice santa Teresa que hay muchos que se pierden de descubrir esta belleza y de conocer a Quien los habita porque viven "en la ronda del castillo", es decir, fuera de sí mismos, volcados a las cosas exteriores, tratando "con las sabandijas y bestias que están en el cerco del castillo" cuando podrían "tener su conversación no menos que con Dios" si entrasen en su propia alma.
¿Y cómo se entra allí? Responde Teresa: "A cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en este castillo es la oración". ¿Y qué es la oración? ¡Lean a santa Teresa!


"Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable (...).
¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de tí aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera".
San Agustín, "Confesiones".



martes, 13 de diciembre de 2016

Niño invitado #42: Atlas y el Niño Jesús


A este Niño lo conocí en octubre de 2016, cuando visité la catedral católica de San Patricio, en Nueva York.
La imagen del Niño Jesús es más bien pequeña y está un poco escondida, justo atrás del altar mayor, sobre las escaleras de acceso a la cripta.
Con la mano derecha hace un gesto de bendición y en la palma de la izquierda sostiene una pequeña esfera dorada, que representa al mundo.
En la base de la imagen se puede leer esta frase en inglés: "Holy Child of Earth and Heaven, we beseech thee hear us" ("Bendito Niño de la Tierra y el Cielo, te rogamos que nos oigas").
Buscando alguna información sobre esta imagen -que quizá pasa un poco desapercibida por el sitio donde está colocada y ante lo impactante que resultan muchos otros rincones de la catedral-, encontré un relato de Bruce Larson (1925-2008), un pastor protestante que en uno de sus libros hace un curioso contrapunto entre el pequeño Niño de San Patricio y otra imagen que se puede ver a pocos metros de la catedral, la enorme escultura en bronce de Atlas, emplazada en el frente de uno de los edificios del complejo del Rockefeller Center, justo enfrente de San Patricio.
Según la mitología griega, Atlas fue un titán condenado por Zeus a soportar sobre sus hombros los pilares que mantenían a la Tierra separada de los cielos.
La escultura mide como unos cuatro metros y medio de altura, a los que se le suman otros tres con el pedestal. Es imposible no verla sobre la elegante Quinta Avenida neoyorquina pero, además, su imagen es una de las postales de la ciudad, tanto que a muchos que no han viajado hasta allí les resultara familiar.
Al tal Atlas parece que el mundo que carga sobre sus hombros le pesa un montón. Me hace acordar a esos levantadores de pesas que pareciera que se les va a reventar un músculo o explotar una vena de tanto esfuerzo...
Pero volvamos a Bruce Larson. Él cuenta que durante muchos años trabajó en Nueva York como consejero espiritual de muchas personas que se debatían en el dilema de si entregar o no su vida a Jesucristo. A muchas de estas personas las invitaba a dar un paseo juntos hasta el Rockefeller Center. Cuando llegaban allí, les hacia contemplar la escultura de Atlas, toda la tensión de sus músculos. Un ser poderoso que apenas puede mantenerse en pie por la pesada carga sobre sus hombros. Y les decía: "Ese es un modo de vivir, tratando de llevar el mundo sobre tus hombros... Pero ahora te invito a cruzar la calle".
Entonces cruzaban la Quinta Avenida y entraban en San Patricio y el pastor llevaba a su compañero de paseo hasta detrás del altar mayor, para ver al Niño de mi foto. Allí se encontraban con un pequeño que, con rostro sereno y sin aparente esfuerzo ni tensión, sostiene al mundo, que cabe en la palma de su mano...
Entonces Larson decía: "Hay dos opciones: podemos llevar el mundo sobre nuestros hombros, o podemos decir 'te lo doy a ti, Señor, aquí está mi vida, te doy mi mundo, te doy a mi mismo'".
¡Ay, Atlas, titán agobiado... a cuán pocos pasitos te espera el pequeño Niño que te ofrece alivio
!




"El mundo entero es delante de ti como un grano de polvo que apenas inclina la balanza, como una gota de rocío matinal que cae sobre la tierra".
Sabiduría 11, 22

"Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.
Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso.
Pues mi yugo es suave y mi carga liviana".
Mateo 11, 28-30

"Descarguen en Él todas sus inquietudes, ya que Él se ocupa de ustedes".
1 Pedro 5, 7

"Yo quité el peso de tus espaldas y tus manos quedaron libres de la carga".
Salmo 81



domingo, 11 de diciembre de 2016

Pesebre invitado #41: ¡Gaudete!


Esta imagen la tomé a finales de octubre de 2016 en Buenos Aires. Está en una de las paredes exteriores de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores.
Me gusta el contraste entre el gris de la vereda y de la pared con pintadas sombrías abajo y el colorido y las líneas simples de esta imagen que tan sencillamente expresan y comparten con la gente que pasa por ahí el gozo por el nacimiento de Jesús.
Habrán visto o experimentado esta escena muchas veces, cuando los papás toman al bebé y lo balancean o lo alzan hacia el cielo, un juego que a los pequeños suele encantarles y hacerlos reír y a los grandes les hace olvidar de todos los problemas con los que venían cargados...
Supongo que problemas no le faltaban a María y a José. La precariedad de la gruta, la soledad por estar lejos de Nazaret, la idea de tener que huir a Egipto... Y, sin embargo, están genuinamente alegres.
Es decir, una cosa no quita la otra. Los problemas son reales. Y, con todo, prevalece la alegría.
Es la alegría por el Hijo. La alegría de tenerlo con ellos. La alegría ante la alegría del Niño. Y la alegría por ver la voluntad del Padre cumplida, aunque sea de un modo misterioso, quizás incomprensible en muchos aspectos para el entendimiento humano, pero cumplida.
La alegría que proviene de Dios es un don tan profundo -tan completamente distinta a la alegría fugaz que ofrece el mundo- que nada, ni aun en medio de los problemas concretos, la puede apagar.
Me gusta de esta imagen que no solo María y José expresan gozo.
Hasta el perro también parece contento y me hace acordar a la "esperanza" de toda la creación de la que habla san Pablo en la carta a los Romanos, de gozar ella también de la "gloriosa libertad" de los hijos de Dios.
Pero la alegría que más me cautiva es la del propio Niño Jesús, que es gozo de Hombre y de Dios.
Esos ojos de Niño parecen decir: "Mis delicias están con los hijos de los hombres" (Proverbios 8, 31). Alegría de encarnación, del Dios-con-nosotros.
Esos ojos parecen orar: "Yo te alabo, Padre... pues así fue de tu agrado" (Mateo 11, 25). Gozo en la voluntad del Padre.
Esta misma alegría es la que Jesús quiere que sea plena en nosotros.... ¡Gaudete!


"Cuando una mujer va a dar a luz, está triste, porque le llega su hora. Pero, cuando ha dado a luz a la criatura, no se acuerda de la angustia, por la alegría que siente de haber traído un hombre al mundo. Así ustedes ahora están tristes; pero los volveré a visitar y se llenarán de alegría, y nadie les quitará su alegría".
Juan 16, 21-22





jueves, 8 de diciembre de 2016

#203 Entre lirios



Este pesebre lo compré en octubre de 2016 en una tienda de Little Italy, en Manhattan, Nueva York.
Se trata de una pieza ovalada de colgar, hecha en resina, con un marco de color violeta (¡color del Adviento!) y un centro que se puede girar y que de un lado tiene la imagen del pesebre y en la otra cara estas palabras en inglés: “Glory to God in the highest, and on earth peace, good will toward men". Es una cita del Evangelio de Lucas (Lc 2,14), lo que los ángeles cantan al anunciar a los pastores el nacimiento del Niño Jesús: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace".
Este pesebre fue diseñado por el artista estadounidense Jim Shore, fue hecho a mano en China y forma parte de la colección de Heartwood Creek, de la estadounidense Enesco.

La pieza en sí misma es muy bella, muy delicada en su diseño. Pero yo posé mi mirada en un detalle: María cubre con una manta al Niño y en esa manta hay estampado un lirio rosado...
Enseguida me vino a la memoria este versículo que se repite dos veces en el Cantar de los Cantares:  "¡Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado, él pastorea entre los lirios!" (2,16; 6,3).
Esto lo dice la esposa de su esposo, que es pastor y lleva sus ovejas a las mejores praderas.
El pastor conoce bien los campos y sabe diferenciar entre unas flores y otras. Sabe de la amargura y las espinas del cardo y de la suavidad y el perfume del lirio. No lo sabe de oídas, ha elegido ir personalmente a recorrer los campos y ver de cerca y tocar lo que crece allí...
Y por eso puede decir de su amada: "Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las jóvenes" (Cantar 2,2).
El pastor queda prendado de la hermosura del lirio y allí donde le encuentra elige apacentar.
¿Qué hace al lirio bello?
Este poema del Cantar recorre la historia de amor entre este pastor, que también es rey, y su enamorada. En un punto, ella lo pierde de vista y se lanza a buscarlo con desesperación...
San Juan de la Cruz, inspirado en este libro bíblico, recrea esta búsqueda en parte de su "Cántico espiritual":

"Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste, habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero:
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.
(Respuesta de las criaturas:)
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura, e, yéndolos mirando,
con sola su figura vestidos los dejó de hermosura".

Mil gracias derramando, es el propio amado el que hermosea los prados... y embellece a las flores.
Porque él, como lo dice el propio Cantar, es también lirio: "Sus labios son lirios que destilan mirra pura" (5,13).
Es Dios quien hermosea al alma con sus gracias derramadas... y se deleita en ello y viene a pacer en ese lirio.
Santa Teresa de Jesús, comentando el Cantar en su "Conceptos del Amor de Dios", habla también de cómo Dios va hermoseando al alma con virtudes y dice que es "un hacer la cama Su Majestad de rosas y flores para Sí en el alma". ¿No les suena a pesebre?
Esto es lo que hizo con la Virgen María, "la llena de gracia". En ese lirio eligió Dios encarnarse, nacer, pacer... Ella misma es la manta que lo cubre en este pesebre... Ella es la cuna de flotes que el Rey hizo para Sí...
Pero María es un litio que no excluye a otros... Todos estamos llamados a dejarnos hermosear por Dios y que Él venga a nacer en nuestro pesebre.
Si no sabemos dónde encontrarnos con esa mirada que hermosea, hay que salir a buscarlo como la amada del Cantar... hay que salir a buscarlo como María, quien perdiéndolo de vista de regreso a Nazaret nos enseñó a ir en búsqueda del Niño... En el templo, en el corazón... ¿dónde estás, Amado?



Oración para hallar a Jesús

Virgen bendita,
¿por qué te afliges
buscando a tu Hijo perdido?
¿Es que ignoras dónde está?
¿No te acuerdas de que mora
dentro de tu corazón?
¿No sabes que se apacienta
entre lirios?
Tú misma dices:
”Mi amado para mí y yo para él,
que se apacienta entre las azucenas”
(Ct 2, 16).
Tus pensamientos y afectos,
tan humildes, puros y santos,
son los lirios que invitan
a habitar en ti al divino esposo.
¿Suspiras por Jesús, María,
porque sólo a él le amas?
Déjame a mí que suspire por él
y por tantos pecadores que no le aman
y que al ofenderle lo han perdido.
Madre mía amantísima,
haz que yo encuentre a tu Hijo.
Bien es verdad que él
se deja encontrar de quien lo busca.
”Bueno es el Señor
para el alma que lo busca”
(Lm 3, 25).
Pero haz que yo le busque
como debo buscarlo.
Tú eres la puerta
por donde todos acabamos
encontrando a Jesús;
por ti espero encontrarlo
yo también. Amén.

San Alfonso María de Ligorio,
"Las glorias de María".

sábado, 3 de diciembre de 2016

#202 Noche silenciosa




Este pesebre lo compré en octubre de 2016 en la tienda Christmas and City de Little Italy, en Nueva York.
De la marca estadounidense Roman y fabricado en China en 2013, es una pequeña pieza de resina, de colgar, que tiene grabada una imagen, de líneas muy simples, del Niño Jesús en el portal de Belén, rodeado de animales.
En el fondo pueden leerse algunas palabras grabadas a mano alzada, en inglés antiguo:
"Silent night, holy night,
all is calm, all is bright

round yon Virgin Mother and Child.
Holy Infant, so tender and mild...
Jesus, Lord, at thy birth".
Se trata de la primera estrofa de "Noche de paz", considerado el villancico más famoso del mundo y cuya génesis y difusión merecen ser contadas.
Lo que más me ha sorprendido es que la letra de esta canción cumple justo en 2016 dos siglos desde su creación y que Nueva York, ciudad donde encontré este pesebre, si bien no ha sido la cuna de este villancico, sí fue un punto importante para la difusión universal de este tema.
El título del villancico es "Stille Nacht", en su alemán original, y su letra fue escrita en 1816 por Joseph Mohr, un joven sacerdote católico de la parroquia Sana María, en Lungau, cerca de Salzburgo (Austria).
Mohr se mudó en 1817 a la iglesia de San Nicolás, en Oberndorf, una pequeña localidad sobre el río Salzach, también cerca de Salzburgo.
Al parecer, acercándose los días de la Navidad de 1818 el órgano de la iglesia estaba dañado. Preocupado por cómo animar la liturgia, Mohr tomó su poema de catorce estrofas escrito en alemán dos años antes y le pidió a Franz Xaver Gruber, organista y maestro de escuela de la vecina localidad de Arnsdorf, que le compusiera una melodía para dos voces solistas, coro y guitarra.
Ambos entonaron por primera vez la canción en la misa de Nochebuena de 1818. El villancico arrancó los aplausos de los habitantes de Oberndorf, en su mayoría marineros del río Salzach y obreros de los armaderos de barcos.
Transcripciones y partituras del tema empezaron a circular por la región y rápidamente se difundió por toda Europa gracias a las actuaciones de cantores tiroleses, que lo incluyeron en sus repertorios.
Fueron estos quienes también llevaron la canción al otro lado del Atlántico. En 1839, los trovadores tiroleses Rainrer iniciaron una gira por los Estados Unidos que duraría hasta 1843.
"Noche de paz" fue entonada por primera vez en el "nuevo mundo" el día de Navidad de 1839, cuando los Rainer la interpretaron frente a la estatua de Alexander Hamilton que se encuentra en el pequeño cementerio de la iglesia de la Trinidad, en la neoyorquina Wall Street.
En 1859, el sacerdote episcopaliano John Freeman Young, de la misma iglesia de la Trinidad, de Nueva York, publicó la primera traducción al inglés de la canción, tomando solo tres estrofas del tema original, y que es la versión actual más popular del villancico.
Muchos afirman que está canción, que ha sido traducida a unos 300 idiomas y dialectos de todo el mundo, logró tener una difusión tan inmediata y universal por contener un mensaje de paz lanzado en un contexto de penurias fruto de las guerras.
De hecho, el villancico se escribió tras el fin de las guerras napoleónicas.
En particular, la región de Salzburgo y de la ribera Salzach quedaron a merced de ocupaciones militares y de las nuevas divisiones geográficas de la postguerra, lo que trajo nefastas consecuencias para los pobladores que vivían de la actividad naviera.
"Stille Nacht" expresaba, por tanto, una necesidad profunda de la época y el contexto social en los que fue alumbrada: la paz.
Ese mismo deseo llevó a los soldados alemanes y británicos que peleaban en el frente occidental durante la primera Guerra Mundial a cantar "Noche de paz" en la famosa tregua de la Navidad de 1914. La canción fue elegida por ser el único villancico que las tropas de los dos bandos conocían y fue entonada en los dos idiomas, alemán e inglés.
En 2011, la Unesco reconoció a esta canción como patrimonio cultural intangible de la Humanidad, un merecido homenaje para una creación que canta los sentimientos inefables del ser humano ante el nacimiento de su Redentor.




sábado, 5 de noviembre de 2016

#201 Corporal




Este pequeño cuadro me lo regaló mi amiga Annie en julio de 2016 y lo compró en Santiago de Chile.
Tiene en el centro una figura en relieve, como de peltre, de la Virgen María con el Niño Jesús en sus brazos.
El Niño, que parece dormir plácidamente, está arropado cuidadosamente con el manto de María, que figura ser como una prolongación de ella misma.
Esta imagen me hizo acordar a la celebración de la Eucaristía, en la cual se utilizan distintos lienzos.
Uno de ellos es el corporal, que es una pequeña pieza cuadrada de lino. En el altar, sobre el corporal, como Jesús envuelto en el manto de María, descansa la Eucaristía.
El sacerdote coloca sobre este lienzo la patena y el cáliz, pero antiguamente la Sagrada Hostia descansaba directamente sobre el corporal.
La utilización de este elemento denota el sumo cuidado y respeto que se le debe dar a la Eucaristía.
El nombre de "corporal" viene del Cuerpo del Señor, que va a reposar sobre este lienzo.
Sin embargo, el corporal no es el descanso final de Jesús Eucaristía. Los verdaderos corporales somos nosotros cuando comulgamos... Somos bastante más que un lienzo para Él y seguramente ansía encontrar en nosotros aquellos brazos de María, la calidez de aquel manto, la serenidad que le hacía descansar plácidamente...

"Corporales, rodeados
de ángeles, también yo
envidia os tengo a vosotros.
Como los limpios pañales,
envolvéis a mi Jesús,
mi único y solo tesoro.
Mi corazón cambia, ¡oh Virgen!,
en corporal puro y bello,
para poder recibir
la hostia blanca do se esconde
tu amado y dulce Cordero".


Extracto de "Mis deseos junto a Jesús escondido en su prisión de amor", 
poesía escrita en 1895 por Santa Teresa del Niño Jesús


domingo, 30 de octubre de 2016

¡Cuatro años!




Hoy cumplimos cuatro años con esta sencilla iniciativa que, desde este blog y sus perfiles en las redes sociales, quiere ser una invitación para todos a asomarse y adentrarse en el misterio de Dios desde la ternura del Niño Jesús, su abajamiento, su don contínuo...
Contemplar el pesebre mueve el corazón a dejarse amar por Dios y a ofrecer ese amor que recibimos gratuitamente. El solo dejarse invadir por la dulzura del Niño -aunque no pensemos nada, aunque no digamos nada, aunque simplemente nos quedemos mirando el nacimiento- es ya una oración bellísima.
Y esto es lo que proponemos desde este espacio, abierto siempre al compartir fraterno... ¡porque a Belén no vamos solos!
Gracias a todos los que siguen este blog, los que dejan sus comentarios o envian sugerencias, los que comparten sus reflexiones, los que acercan sus pesebres, los que nos siguen en las redes sociales, los que oran por esta iniciativa, los que la alientan, los que se prenden en las propuestas para Adviento y Navidad a través de Camino a Belén, los que están en contacto todo el resto del año... Y, sobre todo, ¡gracias al Señor!




domingo, 9 de octubre de 2016

#199 Niño rumi


Este pesebre lo compré en mayo de 2016 en la ciudad argentina de San Rafael (Mendoza), pero procede de Perú.
Es una única pieza, en miniatura, con la figura del Belén delicadamente tallada en piedra de Huamanga.
Huamanga es una provincia de la región de Ayacucho, en Perú.
La piedra típica de este sitio es un tipo de alabastro traslúcido o blanco con vetas tenues, muy maleable pero también frágil. Al parecer, la actividad de la talla de la piedra de Huamanga no se inició sino hasta la llegada de los españoles a esas tierras, entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII.
Precisamente, en la época virreinal utilizaban esta piedra para hacer tallas del Niño Jesús por lo que este material recibió la denominación, en lengua quechua, de "niño rumi" ("niño de piedra").
En el Evangelio de Mateo, Jesús utiliza la figura de la piedra para referirse a si mismo: una piedra desechada.
"La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular" (Mateo 21, 42).
Es una cita, en boca de Jesús, del salmo 118: "La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular" (Salmo 118, 22).
Los constructores, en teoría expertos, debían buscar un roca fuerte, firme, para cimiento de su edificio. Seguramente estudiarían y evaluarían varias piedras. Y, confiados en su juicio, su percepción, su supuesta sabiduría, harían su elección. Elección que implicaría descartar aquella piedra que les parecía o muy pequeña o muy débil. Sí, seguramente, siguiendo sois propios criterios, descartarían una piedra como la piedra de Huamanga, el "niño rumi".
Pero el Padre -quien, como dice san Pablo, elige "lo que el mundo tiene por débil para confundir a los fuertes" (1 Corintios 1, 27)- colocó a su Hijo, el descartado, como piedra angular de su plan de salvación.
San Pedro, al que el propio Jesús eligió como piedra de cimiento, llama a Jesús "la piedra viva, rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa a los ojos de Dios". Y nos recuerda que quien deposita su confianza en esta "piedra angular", no será confundido (1 Pedro 2,4-6).
También nosotros somos piedras, pequeñas, débiles, y, con la tracia de Dios, maleables en las manos del Padre para que Él pueda esculpir su obra.
Somos pierdas que quizás unos descarten o rechacen o tengan por poco valiosas o defectuosas. Pero elegidas por Dios para la construcción de su templo vivo... Somos integrados a su construcción apoyados en la piedra angular, que es Cristo. Y somos ensamblados en un edificio junto a otros, que también comparten nuestra condición de frágil piedrita... tenida por menos por los "fuertes"... pero "preciosa" a los ojos de Dios.


"Son ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por Él,todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por Él, también ustedes se van integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu".
Efesios 2



domingo, 18 de septiembre de 2016

Niño invitado #40: Caminar de la mano



Esta imagen del Niño Jesús caminado de la mano de san José la descubrí en agosto de 2016 en uno de los laterales de la capilla San Roque, que está junto a la Basílica de San Francisco, en Buenos Aires.Hay un cierto momento en que los niños ya no quieren caminar dándole la mano a un adulto. Se sienten firmes en sus pasos, creen que ya pueden cuidarse solos de los peligros que surgen al andar y, además, comienzan a avergonzarse de que otros piensen que aun no son "independientes".
A todos nos pasa esto. Y en el proceso de aprender a caminar por la vida del espíritu también nos puede pasar.
Hay un pasaje del libro de Oseas que presenta a Dios como un padre tierno, paciente, amoroso, que enseña a caminar a su pueblo como a un niño.
"¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos!" (Oseas 11,3).
Sin embargo, el pueblo de Dios no reconoció esos cuidados, creyó que podía andar solo y, como hacen los niños cuando quieren dejar de ser niños, se soltó de la mano de su Padre. Y entonces vinieron las caídas...
De esta imagen del pequeño Jesús tomado de la mano de José lo que más me conmueve es su humildad, el hecho de que, siendo Dios, se dejó enseñar a caminar en su Humanidad...
No es solo que quiso pasar por esta experiencia por la que debemos atravesar todos los seres humanos. Es además el modelo que nos deja: déjense guiar, déjense tomar de la mamo del Padre, es el único modo de dar pasos seguros... porque si no somos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos.
Hay algo más con esta imagen. La primera vez que la vi, no lo dudé: es el Niño con José. Sin embargo, después de mirar varias veces la foto, me entró la duda: ¿No será Jesús llevando de la mano a un niño?
Lo consulté con una buena amiga, a la que le envié la imagen, y ella, aunque inclinándose por la primera opción, no descartó que pueda ser Jesús, adulto, con un niño...
Como sea, y si así fuese, creo que también vale la misma lectura pues Jesús, que se dejó enseñar a caminar y que nunca se soltó de la mano del Padre, se convirtió en esa escuela en el mejor Maestro que podemos tener: aquel del "sígueme", del "levántate y anda", del "vayan hasta los confines del mundo", el de los pasos firmes, el que camina y hacer caminar sobre las aguas... el de los pies ungidos y besados... y el de los pies clavados. El que nos dice: "Yo soy el camino".



jueves, 8 de septiembre de 2016

#198 El manto azul de la Virgen



Este pesebre lo compré en mayo de 2016 en la ciudad argentina de San Rafael (Mendoza).
Es una sola pieza, en cerámica, de colores intensos. Es muy hermosa la unidad que forman José, María y el Niño.
Pero quisiera reparar en el manto azul de la Virgen, que fue lo primero que me llamó la atención al ver este pesebre.
El azul es, prácticamente desde la Edad Media, el color predominante del amplio velo que lleva la Virgen en diversas advocaciones y representaciones.
Los tonos de azul más oscuros se asocian al dolor de María por el sacrificio de Jesús en la Cruz, mientras que los tonos de azul más claros, brillantes o luminosos están asociados al gozo y a la luz que nos trae la Virgen.
El amplio manto azul de la María también remite al cielo, un cielo cuya contemplación lleva a los ojos del alma a posarse en Dios. Un cielo que inspira amparo, protección, refugio. Cuando Dios se hizo Niño eligió cobijarse bajo el manto azul de María...
Pero Él no quiso guardárselo solo para sí. Y al darnos a María como Madre nos regala también su protección.
"¡Sería todo tan fácil si acudiéramos siempre a la Señora!", asegura el hermano Rafael Arnaiz Barón (1911-1938), monje trapense español, canonizado en 2009.
De él, comparto las líneas que siguen abajo, de una carta escrita en octubre de 1937 a su tío Leopoldo, y que me parece que son la expresión amorosa y agradecida de un corazón que se sabe bajo el manto azul de la Virgen.

“¡María!, cuántas cosas dice esa palabra... iSi yo supiera escribir! no sabría acabar. Esta noche quiero ponerte dos letras y expansionarme un poco hablándote de la Señora.
Es tan hermoso y tan consolador el cariño a la Virgen, que me dan pena los que no la conocen, los que no la quieren, aunque no sea más que un poco... y, sin embargo, querido hermano, ¿dónde
se halla el cristiano, por tibio que sea, que no se acuerde en algún momento de su vida de la Virgen María?
Todos, todos llevamos dentro algo que, después de Dios, sólo María puede comprender y puede consolar... Ese algo es criatura, ese algo es necesidad humana, es cariño, a veces dolor...
Es ese algo que Dios puso en nuestras almas, y que las criaturas no pueden llenar, para que así busquemos a nuestra María... María, que fue Esposa, que fue Madre, que fue Mujer... ¿Quién mejor que Ella para comprender, para ayudar, para consolar, para fortalecer?
¿Quién mejor que María, la Santísima Virgen, para refugio de nuestros pecados, de nuestras miserias?
iQué bueno y qué grande es Dios que nos ofrece el corazón de María como si fuese el suyo! iQué bien conoce Dios el corazón del hombre, pequeño y asustadizo! ¡Qué bien conoce nuestra miseria, que nos pone ese puente... que es María! ¡Qué bien hace el Señor las cosas!
¡Ah, si supiéramos amar a la Virgen, si comprendiéramos lo que significa para Jesús todo el amor que podemos ofrecerle a la Virgen! Seríamos mejores, seríamos los hijos predilectos de Jesús.
No sé si diré algo que no esté bien. Que Ella no me lo tome en cuenta y que Dios me lo perdone, pero creo que no hay temor en amar demasiado a la Virgen ... Creo que todo lo que en la Señora pongamos, lo recibe Jesús ampliado... Yo creo que al amar a María, amamos a Dios, y que a Él no se le quita nada, sino todo lo contrario.
Es algo difícil de explicar, ¿me entiendes? Pero mira, ¿cómo no amar a Dios al poner nuestro corazón en lo que Él más quiere? ¿Cómo no amar a Dios, viendo su infinita bondad que llega a poner como intercesora entre Él y los hombres a una criatura como María, que todo es dulzura, que todo es paz, que suaviza las amarguras del hombre sobre la tierra poniendo una nota tan dulce de esperanza en el pecador, en el afligido...
Que es Madre de los que lloran. Que es Estrella en la noche del navegante. Que es... no sé... es la Virgen María.
¿Cómo no bendecir, pues, a Dios con todas nuestras fuerzas al ver su gran misericordia para con el hombre, poniendo entre el cielo y la tierra a la Santísima Virgen?
¡Cómo no amar a Dios teniendo a María!
¡Ah, hermano, es algo en que el alma se pierde... No comprende. Sólo le queda un recurso para no enloquecer... y es amar mucho; vivir arrebatado en amor a María, la Madre de Dios, la Virgen llena de gracia. La que nos ayuda en la aflicción cubriéndonos con su manto azul. La que en la tierra nos ayuda, para darnos luego en los cielos a su Hijo Jesucristo. La que es bendita y ensalzada por todos los coros celestiales. La que en la Trapa amorosamente sonríe cuando algún frailecillo llora.
¿Qué más te he de decir? ¿Quién soy yo para cantar las bellezas de María?
Nadie, ya lo sé. Pero no importa, cuando cogí la pluma me propuse hablarte de la Señora; recordarte que... -¡qué pretensión!- en los cielos está María, nuestra Madre...
¡Ah, si yo tuviera las palabras y el corazón de David, al mismo tiempo que tener mi fortaleza en Jesús, tendría mis debilidades en María... mi torre murada en Dios, mis consuelos en María (Salmo 18,2-3).
Tú dices muchas veces «todo por Jesús», ¿por qué no añades «Todo por Jesús y a Jesús por María»?
Sí, querido hermano, «en sólo Dios tengo puesta mi esperanza», dice el gran rey David (Salmo 17,3 )...
IAhl, si hubiera conocido a la Santísima Virgen, hubiera añadido: «Y esa esperanza es María». ¿No lo crees tú así?
No te extrañe, pues, que yo le tenga mucha devoción y que quiera que todo el mundo se la tuviera... ¡Sería todo tan fácil si acudiéramos siempre a la Señora!".

sábado, 27 de agosto de 2016

Niños invitados #39: Los "Manuelitos" de Mama Antula


En agosto de 2016 tuve la oportunidad de visitar la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, de Buenos Aires, faltando pocos días para la beatificación de la fundadora de este sitio histórico, María Antonia de Paz y Figueroa.
Conocida popularmente como Mama Antula, María Antonia nació en la provincia argentina de Santiago del Estero en 1730, cuando aquel territorio dependía del Virreinato del Perú.
A los 15 años hizo votos de pobreza y castidad, adoptó el nombre de María Antonia de San José y, junto a otras compañeras, bajo una forma de vida consagrada conocida entonces como "beaterio", se dedicó a asistir a los jesuitas en su labor pastoral y social, en particular en los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.
La figura de Mama Antula se hizo conocida gracias a su empeño por mantener vivo el carisma ignaciano luego de que en 1767 el rey español Carlos III decretara la expulsión de los jesuitas de sus territorios, lo que la movió a recorrer varias provincias del norte argentino, organizando los Ejercicios Espirituales, hasta finalmente llegar en 1779 a Buenos Aires, donde en 1795 fundó la Casa de Ejercicios Espirituales, sitio de su muerte el 7 de marzo de 1799.
En todo su peregrinar, María Antonia llevaba consigo, colgando de su cuello, una cruz sobre la que está recostado el Niño Jesús, una de sus principales devociones.
Lo llamaba su "Manuelito", una forma usual de referirse al Niño en aquella época, derivada de "Emmanuel" (Dios-con-nosotros). "Manuelito, el que todo lo puede", lo invoca, confiando en su Providencia.
La cruz con el Niño que llevaba colgada María Antonia, que actualmente se conserva en un cuadro con reliquias en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, era de unos 7 por 13 centímetros, de alabastro y madera. El Niño está recostado sobre uno de su lados, en una de sus manos sostiene los tres clavos con que fue clavado en la Cruz y sus pies están sobre una calavera, símbolo del triunfo de Cristo sobre la muerte.



En una carta, de 1784, María Antonia detalla así cómo es el Manuelito de su crucifijo: "La acción del Niño es estar acostado sobre la cruz y algo inclinado sobre el lado derecho. La mano izquierda tiene cogidos los tres clavos por sus puntas y con ello descansa sobre el cuadrel y parte del vientre la mano derecha, estando el brazo unido al cuerpo viene a parar en la mejilla y le sirve como de reclinatorio. La pierna izquierda recuesta sobre la derecha y está con su garganta sobre la pantorrilla de la misma derecha; los pies descansan sobre una calavera que pisa el izquierdo y toca el derecho con su empeine. Se previene que el Niño está enteramente desnudo y sin toalla o cosa que se le parezca. Esta postura o figura de mi Niño Dios ha sido la que más me ha robado la atención".
María Antonia le tenía a esta imagen "muchísima devoción", según me contó durante mi visita a la Casa de Ejercicios la hermana Zulema Zayas, superiora de las Hijas del Divino Salvador, continuadoras de la obra de Mama Antula.
"El Niño Jesús acostado sobre la Cruz encierra todo el misterio de nuestra fe, desde el nacimiento hasta la muerte de Jesús en la Cruz y lo que se trata de transmitir es justamente la Vida que nace de ahí", explica la hermana Zulema.
Decía por entonces Mama Antula que a su Niño apenas si se le podía distinguir alguna facción porque cuando llegó a su poder estaba ya "bastante usado" y ella "rara vez" se lo desprendía del cuello.
A eso se agregaba la gran devoción que despertaba la imagen entre la gente y que movía a muchos a besar la cruz: "Siendo tierno el afecto que sacan las almas de los santos Ejercicios, quizá por ilusión del demonio, se me postran a los pies y yo, confundida de mi indignidad, los aparto de mí, dándoles a besar mi Niño Dios".
Poco después, María Antonia, que casi nunca se sacaba su cruz, tendrá que desprenderse de ella más a menudo porque no pocos se la pedirán prestada en casos de especial necesidad de socorro divino, como enfermedades o partos.
Así, como ella misma dice, la cruz termina un poco "gastada" por lo que en febrero de 1784 decide encargar otra igual al padre Gaspar Juárez, un jesuita exiliado en Roma y que había sido su guía en en Santiago del Estero.
En su encargo pide, entre otras cosas, que la nueva cruz le sea enviada con "gracias particulares para beneficio de las almas" que besarían la imagen y alabarían el santísimo Nombre del Niño.
Pero la llegada de su nuevo Manuelito comenzó a demorarse.
Casi un año después dirá que "ya quisiera tener a la vista" la nueva imagen "para encomendarle especialmente los asuntos" suyos.
Por los intercambios epistolares, sabemos que el nuevo Niño, mandado a hacer en Roma, había sido enviado a mediados de 1785 por el padre Juárez hacia el puerto de Cádiz, desde donde sería embarcado rumbo a Buenos Aires.
Con ansias crecidas en la espera, en enero de 1786 María Antonia le escribe nuevamente al padre Juárez: "Hasta el presente aún no ha llegado a Buenos Aires y ciertamente que ya tarda".
En esa misiva asegura que el deseo de contar con una nueva imagen no es solo de ella: "Toda ponderación es nada para decir el anhelo y veneración que tienen a Manuelito, pues así los señores clérigos, como todas las personas de suposición, están deseando que llegue, y ya el que yo tengo en el cuello, que es de piedra, no lo dejan, pues, para enfermedades, para partos, en todo anda él, y ya lo ando mezquinando, porque está ya algo gastado".
Esta carta resulta reveladora del alcance que la obra de María Antonia estaba teniendo en la creciente devoción al Niño Jesús en Buenos Aires.
Ella invitaba a adorar a su Manuelito a quienes participaban en los Ejercicios Espirituales, una costumbre que luego se pondría en practica en las iglesias de Buenos Aires en la Navidad de 1785, según lo describe la propia Mama Antula en su misiva de enero de 1786: "Con que, luego que llegue el otro (Niño), lo pondré en el altar para que todos lo adoren; pues esta devoción no sólo ya es grande, sino que cada día toma más aumento. Buena prueba de esto es lo que, a imitación de los Ejercicios, se ha hecho en la próxima Pascua de Navidad en varias iglesias de esta ciudad, aun de regulares; pues no habiendo habido costumbre hasta ahora de exponer el Niño Dios en los brazos de un sacerdote a la pública adoración de los fieles, lo han hecho en estas Pascuas, del mismo modo que se practica en los Ejercicios". 

Monseñor Marcos Ezcurra, en su libro "Vida de María Antonia de Paz y Figueroa", cuenta que Mama Antula tenía además por costumbre durante los Ejercicios "hacer un día la adoración en el pesebre, tierno acto en que imitaban a los pastores los ejercitantes, que muchas veces eran gente de campo; y se compungían con él aún los más endurecidos pecadores, que habían resistido hasta allí hasta las exhortaciones de los sacerdotes y predicadores más celosos y elocuentes”.
Finalmente llegó el nuevo Niño, pero resultó ser algo más grande e imposible de llevar al cuello. Este Niño también se conserva en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, dentro de una caja de vidrio, en la celda que ocupó María Antonia.




Junto a la imagen hay un pequeño cartel que señala que el Niño fue mandado a hacer en Roma en 1785 por el padre Juárez. Recuerda también que Mama Antula exclamaba con frecuencia: "¡Alabemos y glorifiquemos incesantemente a Manuelito!".
El Niño, una talla en madera, también está completamente desnudo y recostado sobre una cruz, aunque sobre su lado izquierdo. Parece dormido. Su cabeza reposa sobre su brazo izquierdo y con el derecho abraza el madero.
Se ve que Mama Antula lo contemplaba y lo daba a contemplar... Decía que este Niño era el "hechizo" de cuantos lo veían y se nota que a ella también le fascinaba e intuía algo más del misterio que encierra esta imagen.
Esto le escribía al padre Juárez en julio de 1788: "Es preciso decirle también algo de Manuelito, el que Vuestra Merced me mandó. Es el hechizo de cuantos lo ven y si Vuestra Merced lo viera, no lo conociera; es muy letrado; de repente le da en decir 'Esclavito, esclavito', sin saber por qué y mirándolo después de tiempo de estos dichos con atención, hallo que por algunas peladuras que se le ha hecho al barniz, ha descubierto unas vetas casi negras, que parecen propiamente manchas de azotes con ramales; toda la cara la tiene como cruzada o marcada; los bracitos con unas señales de ligaduras de cordeles, como si las hubiesen hecho a propósito; y estoy con curiosidad de que Vuestra Merced sepa si la madera de que lo hicieron tiene vetas, porque es cosa particular. No deje Vuestra Merced de averiguado y avíseme en la primera ocasión".

"En esta Buenos Aires
aún me hallo aguardando
a que Manuelito me abra el camino y
seguir adonde fuere su agrado".
Mama Antula, 1787.

sábado, 13 de agosto de 2016

#197 Entre la paja del pesebre




Este cuadro me lo regaló en mayo de 2016, por mi cumpleaños, mi sobrino y ahijado Tommy. El marco lo pintó él y su mamá lo ayudó a pegar la hermosa imagen del pesebre.
Sobresale la abundante paja, entre la que se esconde la espiga del verdadero trigo: Jesús, el grano de trigo que ha de morir para ser Pan de Vida.
San Pedro Julián Eymard (1811-1868), sacerdote francés considerado "apóstol de la Eucaristía", afirmó alguna vez que la "Eucaristía se sembró en Belén", entre la paja de nuestra pobre humanidad.
En una meditación sobre "La Natividad y la Eucaristía", el santo señala que el trigo se siembra y "se necesita que se deposite en la tierra, que germine, que madure, hasta que, una vez segado, se muela para hacer de él pan nutritivo".
Al nacer en Belén "sobre la paja del establo", afirma Eymard, "el Verbo divino preparaba su Eucaristía".
"Ese trigo celestial es como sembrado en Belén, casa de pan; vedle sobre la paja; esta paja está pisoteada, destrozada, representa a la pobre humanidad; esta paja es estéril de suyo; Jesús la levantará de nuevo, le devolverá la vida y la hará fecunda; ved ya sembrado ese grano divino. Sus lágrimas son la humedad que lo hará germinar, y llegará a ser hermoso", continúa el santo.
Observa que Belén se halla situado sobre una colina que mira a Jerusalén. "Cuando esta espiga esté madura -señala-, se inclinará hacia el Calvario, donde será molida y sometida al fuego del sufrimiento para que se convierta en Pan vivo".
Pero, insiste, "la Eucaristía empieza en Belén" pues "ya el Emmanuel viene a habitar en medio de su pueblo" y comienza a vivir entre nosotros, una presencia que será perpetuada por la Eucaristía.
En Belén, señala, "el Verbo se hace carne; en el Sacramento se hace pan, para darnos a comer su carne".
Eymard observa además que en Belén se da principio a "las virtudes del estado sacramental" pues Jesús oculta ya allí, en el pesebre, su divinidad y "cubre su gloria divina, para llegar gradualmente a ocultar también su humanidad".
En el pesebre, el Niño es débil, pobre, "se despoja de toda posesión".
"El establo no es suyo, se le ha cedido de limosna; vive con su Madre de las ofrendas de los pastores y de los dones de los Magos; más tarde, en la Eucaristía pedirá al hombre un sitio donde albergarse, la materia de su Sacramento, una vestidura para su ministro y su altar. He aquí cómo Belén nos anuncia ya la Eucaristía”, afirma el santo.
Hoy, en la Eucaristía, Jesús sigue siendo trigo molido que se nos ofrece como Pan de Vida... en medio del pobre pesebre de nuestra humanidad.