martes, 3 de marzo de 2015

#159 Gallina



Este pesebre lo compré en noviembre de 2014 en Miraflores, Lima, Perú.
Es una gallina de cerámica, con coloridos motivos, que, como bajo un ala invisible, guarda las figuras del pesebre.
Es consolador pensar que así nos desea cobijar Dios, como una gallina que cubre a sus pollitos con sus alas.
Este anhelo paternal-maternal lo experimentó el propio Jesús cuando, apesadumbrado por la falta de conversión de muchos de su pueblo, exclamó: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los enviados, cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a los pollitos bajo sus alas; y tú no quisiste!" (Lucas 13,34, Mateo 23,37).
Es un lamento lleno de amor, propio de quien siempre espetará a sus hijos, como el padre del hijo pródigo, porque le resulta contrario a su naturaleza el cerrar su corazón, el dejar de ofrecer sus alas.
¿Qué hay bajo las alas de Dios? Hay escondite, hay refugio, hay sombra y calor, hay protección, descanso.
Es un sitio para abrirse a la confianza propia de un niño -un pollito- que sabe que su madre no le hará faltar nada, aunque él no sepa lo que realmente necesita, pero dando por descontado que quien le ha dado vida sí lo sabe y se lo proveerá.
Y es un regazo de fraternidad pues bajo esas alas infinitas siempre habrá hermanos con quienes compartir el calor que estas plumas nos dan.


"El que habita al amparo del Altísimo
y duerme a la sombra del Todopoderoso,
diga al Señor:
'Tú eres mi refugio y mi alcázar,
mi Dios en quien confío'.
Sólo Él te librará de la red
y te defenderá de la peste funesta;
te cubrirá con sus plumas
y bajo sus alas te refugiarás".

Salmo 91



sábado, 21 de febrero de 2015

#158 Pimpollo



Este pequeño pesebre lo compré en el centro histórico de Lima, Perú, en noviembre de 2014.
Las figuras del pesebre están dentro de una florcita lila, un pimpollo, que es vida naciente, figura y testigo del nacimiento de la Vida.
Pimpollo es una flor a punto de abrirse o con los primeros pétalos desplegándose. Pero también es un término que se usa para nombrar al tallo incipiente que crece en una planta o a un árbol que recién empieza a desarrollarse.
Escribió fray Luis de León (1527-1591) que "Pimpollo" es el primer nombre dado a Cristo, en tanto flor, germen, brote, retoño, fruto.
Y se basa en citas de los profetas Isaías, Jeremías y Zacarías:
• "En aquel día el Pimpollo del Señor será en grande alteza, y el fruto de la tierra muy ensalzado" (Isaías 4,2).
• "Y haré que nazca a David un Pimpollo de justicia, y haré justicia y razón sobre la tierra" (Jeremías 33,15).
• "Yo haré venir a mi siervo el Pimpollo" (Zacarías 3,8).
• "Veis un varón cuyo nombre es Pimpollo" (Zacarías 6,12).
Si buscan estas citas en las traducciones actuales de la Biblia, verán que en vez de "pimpollo" aparecen "retoño" o "germen". Pero para fray Luis de León el sentido es el mismo.
Uno de los aspectos más bellos de este nombre es que, tal como lo dice el profeta Zacarías, este "pimpollo", este "germen", no es un fruto que se acaba en Él mismo sino que da un descendencia que también germina, fructifica en torno de sí.
"Es fruto que dará mucho fruto, porque a la redonda de Él, esto es, en Él y de Él por todo cuanto se extiende la tierra, nacerán nobles y divinos frutos sin cuento, y este Pimpollo enriquecerá el mundo con pimpollos no vistos", afirma fray Luis de León en su libro "De los Nombres de Cristo".
Y así Isaías, deseando ya el nacimiento de este pimpollo, clamó a lo alto: "Cielos, destilen el rocío; nubes, derramen la victoria; ábrase la tierra y brote la salvación" (Isaías 45,8).
Explica fray Luis de León que Cristo se llama "Pimpollo" o "Fruto" también "porque todo aquello que es verdadero fruto en los hombres -fruto que merezca parecer ante Dios y ponerse en el cielo-, no sólo nace en ellos por virtud de este fruto, que es Jesucristo, sino en cierta manera también es el mismo Jesús" porque "todo el fruto bueno y de valor que mora y fructifica en los hombres es Cristo y de Cristo, en cuanto nace de Él". 
Por eso, con este pequeño Niño, estamos llamados también a ser pimpollos y a dar fruto.

"Al Infante que tenemos,
¿cómo le llamaremos?
Pimpollo.
Pimpollo llama al nacido
el profeta Jeremías;
Zacarías e Isaías
le dan el mismo apellido.
Viénele muy apropiado,
pues brota con hermosura
de una planta hermosa y pura
tan lindo y tan agraciado.
¡Oh, qué Pimpollo glorioso,
tan fértil y tan hermoso!
Pues Pimpollo le nombremos".


Cecilia del Nacimiento (1570-1646), carmelita descalza.
Fragmento de "Letras sobre los nombres de Cristo".




sábado, 14 de febrero de 2015

#157 Fortaleza


Este pesebre lo compré en Miraflores (Lima, Perú), en noviembre de 2014.
Es una sola pieza, de cerámica, con las figuras de la Sagrada Familia dentro de un "torito de Pucará", uno de los objetos cerámicos más representativos de la artesanía peruana.
El toro es para muchísimas culturas símbolo de fuerza.
En el salmo 92, el hombre justo canta así, agradecido, la fortaleza que le viene de Dios: "a mí me das la fuerza de un toro".
La fortaleza es don del Espíritu Santo. Nos capacita para resistir tentaciones, para soportar las adversidades y para llevar adelante grandes obras para la gloria de Dios.
Pero si el toro habla de fuerza, el pesebre, en cambio, remite a la debilidad propia de un niño recién nacido, a la fragilidad de una vida que apenas asoma.
Puede entonces resultar desconcertante que Dios, siendo fuerte, se haya hecho débil en el Niño de Belén.
Sí, Jesús también asumió nuestra debilidad -menos en el pecado- y con ello nos enseñó el camino de la humildad, del débil que todo lo espera del Padre Todopoderoso... Abandono, confianza, como un niño que sabe que será alimentado a su tiempo... ¡con la fuerza del Espíritu!

miércoles, 4 de febrero de 2015

#156 Plumas



Este pesebre lo compré en noviembre de 2014 en el centro histórico de Lima, Perú.
Es una única pieza, pequeña, de colgar, hecha en cerámica y pintada en vivos colores. Las figuras del pesebre están enmarcadas en una especie de corona, de la que cuelgan plumas multicolor, elementos característicos y muy valiosos de la Amazonía peruana.
¿Pueden unas sencillas plumas ser ofrenda para el Niño Dios? La escritora Gabriela Kast rescató de un relato de autor desconocido el tierno esfuerzo de una niña por secretamente juntar plumitas para el Niño Jesús... El cuento se llama "Paulita se prepara para Navidad":
"Todos los años, al aproximarse la fiesta de navidad, acontecía algo singular en Paulita.
Cuenta su mamá: 'Cuatro semanas antes de Navidad, Paulita dice adiós a sus juguetes y se transforma en una niñita tan obediente que encanta. Pero con la llegada del Año Nuevo vuelve a ser la niña de siempre'.
Admirada, la madre contempla estos cambios tan bruscos. Ni ella, ni el papá y ninguno de los amiguitos más íntimos de la pequeña saben dar una explicación a ese hecho extraño. Solamente Dios conoce su secreto.
Cuando Paulita tenía cinco años, su abuela le contó que el Niño Jesús había nacido tan pobre que no tenía, como los otros niños, una cunita calentita, sino que lo habían dejado en un frío establo, en pleno invierno. Lágrimas de compasión corrieron por las mejillas de la niña: ¡Pobre Niñito Jesús, sin colchón, sin abrigo! ... ¡ Y Jesús era el Hijo de Dios!... ¿Qué se podía hacer?
–¿No te gustaría ofrecerle una camita blanda y frazadas abrigadas? - le preguntó con mucho interés la abuelita.
–¡Cuánto me gustaría abuelita! Pero, ¿cómo puedo hacer yo todo eso?
–Escucha. Cada sacrificio que hagas será una pluma para la almohada y para el colchoncito de Jesús y cada oración una hebra de hilo para las sabanitas. Faltan cuatro semanas para el nacimiento. Todavía tú puedes, en este tiempo prepararle una camita blanda y calentita.
Este fue el secreto que Paulita guardó con tanto cariño y que nunca olvidó. Después de algún tiempo, el buen Dios se llevó la abuelita al cielo. Paulita lloró amargamente; ahora no tenía a nadie que le ayudara a preparar la cunita del Niño Jesús. Finalmente después de pensar mucho, recordó que seguramente la abuelita, desde el cielo, contemplaba su trabajo y vería si ella lograba juntar muchas plumas para el colchoncito del Niño Jesús.
Cuando la mamá colocaba la Corona de Adviento en el comedor y encendía la primera de las cuatro velas, Paulita comenzaba a juntar plumitas y a fabricar hilos, para la camita del Niño Jesús. Al principio esto no fue fácil, pues no podía encontrar nada, no sabía qué sacrificio podía hacer.
Un día, durante el juego, Antonia, una de sus compañeras, para molestarla le dio un fuerte pelotazo en la espalda, y cuando Paulita estaba a punto de pagar con la misma moneda, oyó en su interior una vocecita que le decía: 'No le tires la pelota a Antonia, soporta el dolor por Mí. Has un sacrificio'.
'Ahora - pensó Paulita - ahora sí, Señor, estas son tus plumitas, los sacrificios para el Niño Jesús'¿
No tiró la pelota y así recogió la primera pluma que guardó en su corazón, en un cofrecito celestial.
Aquella misma tarde cuando su madrina le dio un chocolate, ella ya sabía que es chocolate tenía que ser cambiado por una plumita para el colchón del Niño Jesús. En vez de comérselo, lo dejó en un bolsillo del abrigo de su hermanito.
Al día siguiente ayudó a sus mamá llevando un canasto de ropa al lavadero y allí trabajó con ella toda la mañana, tanto que su mamá quedó admirada y la besó suavemente. Todo se transformaba en plumas para el pesebre: dulces, sacrificios y oraciones.
En la tercera semana de Adviento, cuando se encendió la tercera velita, Paulita ya había juntado treinta y nueve plumitas.
'¿Bastarán?', reflexionó.... Como no sabía si treinta y nueve plumitas serían suficientes para hacer un colchón, sacó calladita el colchón de la muñeca de su hermana y fue al sótano. Allí con toda calma abrió una de las costuras y sacó treinta y nueve plumas. Pero quedó desilusionada al ver el pequeñísimo montón.
No había juntado ni la mitad de lo que necesitaba. Tan poca cosa no bastaría para calentar al Niñito Jesús, al Hijo de Dios. 'No importa'¡ pensó y con un suspiro puso otra vez las plumitas en el colchón.
Desde ese momento la dominada un solo pensamiento: ',Más plumas! ¡Necesito juntar más plumas, si no el querido Niño Jesús pasará frío!'.
¡Cómo se esforzaba la niña! Vivía atenta para no perder ninguna ocasión de hacer un sacrificio. Durante este tiempo ella fue la más amable de las compañeras, la más servicial, especialmente frente a aquellas que no le gustaban y hasta hubiera sido capaz de decirles que hicieran cualquier cosa para así tener la ocasión de juntar otra plumita.
¿Comprenden ahora por qué en cada Adviento Paulita deja de lado sus juguetes? Su tesoro secreto crecía siempre más.
El Niño Jesús, ¿no debería tener también sabanitas? En la cama de Paulita había dos y además la abuela le había enseñado cómo hacerlas. Cada vez que rezara, sería una hebra de hilo para las sábanas del Niño Jesús.
Ahora Paulita agregó a las oraciones de la mañana y de la noche un Ave maría y cuando miraba el cuadro que colgaba de la pared sobre la cama, pensaba: 'Mi corazón es sólo de Jesús'.
En el camino a la escuela cuando pasaba por la iglesia, se encontraba con una imagen de la Virgen y el Niño Jesús en brazos. Paulita vio que las flores estaban allí muy marchitas. Desde ese día llevó todas las mañanas un ramo de flores a la Iglesia y lo dejó a los pies de la Santísima Virgen.
Después, rezó todas las oraciones que sabía de memoria, recordando que cada una sería una hebra para las sabanitas de su querido Jesús.
Finalmente llegó la Navidad, la hermosa Nochebuena. Paulita estaba arrodillada muy cerca del pesebre, en una dulce conversación con el Niño Jesús:
'Estas recostado sobre paja, pero en mi corazón, querido Niñito Jesús, hay muchas plumitas para calentarte. Tengo dos sabanitas para cubrirte. Ven Niño Jesús, ven a mi corazón; te va a gustar la camita calentita y blanda que te he preparado'.
Y el Niño Jesús entró alegremente en el corazón de Paulita".
¡Bienaventuradas las almas pequeñas que secretamente juntan plumitas cada día para el Niño Jesús!



viernes, 30 de enero de 2015

#155 Chullo


Este pesebre lo compré en noviembre de 2014 en el centro histórico de Lima, Perú.
Es una sola pieza, de cerámica, donde las figuras de la Sagrada Familia están dispuestas dentro de un chullo, gorro de lana típico de los Andes peruanos, hecho en colores llamativos y usualmente con orejeras para protegerse del frío. En muchos pesebres peruanos, el Niño Dios aparece ataviado con un chullo.
Un cuento de la escritora peruana Alfonsina Barrionuevo, titulado "El hermanito de Dios", relata de modo encantador cómo Rosendo, un muchacho de la Puna peruana, se topa en plena noche con el travieso Niño Jesús, que se ha escapado del pesebre de una iglesia y ahora tirita de frío, desnudo, entre las ortigas.
"Se inclinó y tocó con miedo la espiga rubia de su pelo. El vaho que se desprendía de su cuerpo se convertía en cristales", cuenta el cuento.
El Niño se puso a llorar y el muchacho se inclinó aún más para calmarle...
–¡Ay wayqey! ¡Ay sunqucha, ama waqaychu! (¡Ay hermanito! ¡Ay corazón, no llores!).
"El muchacho resplandecía de gozo. Había oído hablar del Niño Dios, del santo niñito que se escapaba de los brazos de su madre, la Virgen María, para jugar en la pampa con una flauta hecha de hueso de un pajarito, pero nunca soñó con encontrarlo", prosigue el relato.
–¡Ama waqaychu – repitió-, allkupuwan, noqapuwan, wasiman aparapusayki! (¡No llores, Siltucha, y yo te llevaremos a tu casa!).
El muchacho levantó al pequeño y lo envolvió en una faja. Cargó el Niño a su espalda, le colocó el chullo y reanudó su marcha rumbo a la iglesia, donde todos se preparaban para celebrar la Navidad.
Al llegar, buscó a Dionisio, el sacristán, hecho un manojo de nervios pues el Niño había desparecido.
–El Niño está en mi atado. Lo encontré en la puna, entre las pajas. Allí estaba, llorando de frío.
–¡Dame, dame al Niño! ¡Niñucha! ¿Hasta cuándo te irás a los montes como pájaro sin nido? ¿Qué he de hacer? ¿Qué haré contigo, ahora que no puedo trepar cerros y que solo mi corazón va siguiendo tus huellas?...
"El Niño había vuelto a ser estatua de yeso. Lucía angelical con su sonrisa de estampa. Las torres dispararon su salva de repiques y el Dionisio, reverente, comenzó a ponerle palika y faja de colores. A su lado, respiraba como un fuelle el Rosenducha, el maqt´illo del milagro, que lo halló en el campo, tiritando, oculto entre los breñales".
La forma de chullo de este pesebre se me presenta como un cálido abrazo de bienvenida que la Humanidad da al Niño Salvador, gesto que se actualiza cada vez que estrechamos con igual calidez a cada hermano, saliendo al encuentro de sus necesidades materiales y espirituales, tal como lo hizo Rosendo, abrigando con su chullo al Niñito que se arriesgó por todos al frío de la Puna.
Porque tiritaba y le dio abrigo...
"Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver. Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí" (Mateo 25, 34-40).

miércoles, 28 de enero de 2015

#154 Místico búho



Este pesebre lo compré en Miraflores (Lima, Perú), en noviembre de 2014.
Es una sola pieza, pequeña, de cerámica en vivos colores. Las figuras del nacimiento, de estilo indígena, están colocadas como en la panza de un búho.
Dicen que los búhos pueden ver en la oscuridad total. En la noche más cerrada, a la que muchos temen, el búho es capaz de ver lo que otros no.
"Místico búho". Éste es uno de los apodos más peculiares que encontré de san Juan de la Cruz, poeta, místico y un verdadero experto en guiar a las almas a través de las noches oscuras...
Para llegar a Dios, el alma debe atravesar su "noche oscura" y sufre la pena de reconocerse ciega, de andar a tientas, el temor de extraviarse y de no encontrar lo que tanto desea.
En esa noche, a veces "adolece, pena y muere" porque el Amado parece "escondido", parece haberle abandonado... Entonces reclama: "¡véante mis ojos!".
Pero sigue su búsqueda, guiada solo por la luz de la fe. Aunque no ve porque es de noche, sabe bien cuál es la "fuente" que busca: "Su claridad nunca es oscurecida, y sé que toda luz de ella es venida, aunque es de noche".
Y se adentra más aún en las sombras, se arriesga al salto de la fe, intuyendo que en el "no ver" alcanzará a Dios:
"Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance".
Entonces lo desconocido de la noche, lo tenebroso que le inspiraba la oscuridad, se vuelve una vía segura para que el alma, sin ser notada, pueda salir libremente al ansiado encuentro de su Amado:
"En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!".
Y así, en medio de la noche más cerrada, el alma se abrasa y se alumbra en la "llama de amor viva" de Dios.
A toda noche sobreviene el día. A las sombras, la claridad. A la muerte, la resurrección. Hay que velar con la lámpara de la fe encendida... porque a Dios le gusta llegar de noche.
No por nada Jesús nació de noche. Se hizo Luz del mundo en medio de la oscuridad.
Y aquella noche oscura de Navidad también fue noche que juntó "Amado con amada", desposorio de Dios con la Humanidad tan bellamente captado por nuestro "místico búho":
"Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en un pesebre ponía,
entre unos animales
que a la sazón allí había.
Los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio
que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía.
Y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía".

domingo, 25 de enero de 2015

#153 Calabaza del peregrino


Este pesebre lo compré en noviembre de 2014 en el centro histórico de Lima, Perú.
Las figuras de la Sagrada Familia y de los animales en el pesebre han sido grabadas y pintadas en colores ocres y tierra sobre la superficie de una pequeña calabaza, vaciada, hecha para colgar.
Además de alimento, la calabaza ha sido utilizada como recipiente por muy diversas culturas desde la antigüedad.
Los peregrinos del camino de Santiago solían llevar una calabaza sujetada al bastón o asida a la cintura. Dentro llevaban agua, agua para saciar la sed del camino, agua símbolo de la búsqueda interior de todo peregrino.
Y es que un camino espiritual se emprende con sed, sed del Dios vivo: se sale con ansias de encontrar una fuente, la fuente del Agua Viva.
"Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo", clama el salmista (Salmo 42).
Esta sed nos impulsa a ponernos en marcha. Pero en el camino sentiremos mayor sed que la del punto de inicio.
Corremos la tentación de desviarnos para saciar nuestra sed en otros pozos que, sabemos, no son el manantial verdadero que andamos buscando.
Pero misteriosamente el Agua que procuramos incansablemente va con nosotros, vasijas de barro, cual calabaza asida a la cintura.. Muchas veces tenemos sed y no nos percatamos de cuán a la mano está el Agua...
Con la boca reseca, hacemos un alto en el camino. A unos metros, divisamos un pozo prometedor para nuestras ya debilitadas expectativas de dar con el manantial, pero no tenemos ni con qué probar suerte para sacar algo de agua.
Es entonces cuando alguien se nos acerca y nos dice inesperadamente: "Dame de beber".
Y pensamos medio sorprendidos: "No tiene cómo sacar agua del pozo y si me lo pide es porque debe tener sed... ¡¿Pero es que no se da cuenta de que más sediento estoy yo?!".
—Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.
—Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva?
—El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna.
—Señor, dame de esa agua...
Y entonces reemprendemos el camino. Quien nos ha pedido que le diéramos de beber nos señala el camino hacia el manantial... Nos acordamos entonces de que un día partimos, con sed, buscando la fuente del Dios vivo... Nos percatamos de que aquel que se sentó junto a nosotros al borde del pozo es alguien a quien vimos muchas veces en el camino, a unos pasos o a la par... ha sido nuestra compañía desde que salimos sin que lo notáramos... Ahora es nuestro compañero de senda. Y cada vez que ve que la sed amaga con renacer se apura a ofrecernos la "calabaza del peregrino" que también lleva consigo... ¡su Agua sabe distinta!
Y nos brota del corazón cantarle con gratitud: "Vas con nosotros, Señor, en el camino, animando la esperanza de tu pueblo peregrino, vas con nosotros, Señor, en el camino, con la luz de tu Palabra, con tu Pan y con tu Vino".

lunes, 19 de enero de 2015

#152 Excelencia




Este pesebre me lo regaló papá y fue comprado en el centro histórico de Lima, Perú, en noviembre de 2014.Está compuesto por cuatro piezas, en colores liláceos y blanco, con motivos florales ayacuchanos.
El conjunto lo componen las figuras de José, María con el Niño en brazos, y dos alpacas, camélidos típicos de los Andes peruanos.
Este bello pesebre es de cerámica de Quinua, un pueblo de Ayacucho (Perú) muy conocido por la elaboración de piezas de alfarería a partir de una mezcla de arcilla roja, puzolana y agua que conforma una pasta que luego se prensa en un molde de yeso vaciado sobre un prototipo confeccionado por manos artesanas. Luego las piezas se llevan al horno y se pintan a mano.
Este modelo de pesebre en particular ha recibido el nombre de "Excelencia", palabra que proviene del vocablo latín "excelsus" y que puede dividirse en "ex" (fuera de) y "celsus" (elevado o superior). Por eso podría definirse la "excelencia" como aquello que está por fuera o por encima de lo más elevado.
Excelso es Dios. Y así le reconocemos cuando proclamamos: "Tú, Señor, eres el Altísimo sobre toda la tierra" (Salmo 97).
En la visión del profeta Isaías, Dios está "sentado sobre un trono alto y excelso" (Isaías 6,1).
El cielo, las alturas... nos hablan de la grandeza sublime de Dios. Y aunque en verdad el Señor es excelso, nos equivocamos si pensamos que está demasiado lejos de nuestra pequeñez: Él, sin perder grandeza ni poder, se hizo cercano, el "Dios con nosotros", al encarnarse.
En Jesús, Dios se abaja para estar tan cerca de nosotros como un hermano lo está de otro.
El cántico de la Carta a los Filipenses (2,6-11) resalta que Cristo, "a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos; y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz".Siendo de naturaleza excelsa, Jesús nace y muere sin ropajes de "excelencia". "Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre".
Jesús, ese rostro hermano que nos mira desde este pesebre, nos tiende su mano cercana para elevarnos con Él... porque en Él, por Él y con Él hemos sido revestidos de la excelsa dignidad de hijos de Dios.


viernes, 16 de enero de 2015

#151 ¡Para Ti es mi música, Señor!




Este pesebre lo compré en el centro histórico de Lima, Perú, en noviembre de 2014.
Es una sola pieza de cerámica, para colgar, de tamaño pequeño y vivos colores.
Junto a la representación del pesebre, se ve un dibujo, de estilo incaico, de un músico danzante, tocando un instrumento de viento.
Es notable cómo la música atraviesa la historia del pueblo de Dios. Himnos, cánticos, salmos y danzas se reiteran en los relatos bíblicos.
Incluso en el nacimiento de Jesús está presente la música a través del canto de los ángeles (Lucas 2,13-14).
En el libro de los Salmos hay reiteradas invitaciones a los cantos de alabanza y a tocar música, con los más diversos instrumentos, para honrar a Dios.
El último de los salmos, el 150, es uno de los mejores ejemplos:
"¡Aleluya!
Alaben a Dios en su Santuario,
alábenlo en su poderoso firmamento;
Alábenlo por sus grandes proezas,
alábenlo por su inmensa grandeza.
Alábenlo con toques de trompeta,
alábenlo con el arpa y la cítara;
alábenlo con tambores y danzas,
alábenlo con laudes y flautas.
Alábenlo con platillos sonoros,
alábenlo con platillos vibrantes,
¡Que todos los seres vivientes
alaben al Señor!
¡Aleluya!"
Tan solo la reiteración del "alábenlo" tiene su propia cadencia musical... La decena de veces que aparece este imperativo es, según explicó en una de sus tantas catequesis san Juan Pablo II, "canto perenne" y así la "alabanza a Dios se convierte en una especie de respiración del alma, sin pausa".
"Mi corazón te canta sin cesar", entona el salmista (30,13).
Es esta misma idea, la del canto constante de alabanza a Dios, la que anima la vida de oración.
Desde la Liturgia de las Horas, uno de cuyos ingredientes fundamentales es el canto de los salmos y cuyo rezo atraviesa toda la jornada, hasta la oración contemplativa, que impregna la vida toda, el espíritu que prima es el del orar sin cesar (1 Tesalonicenses 5,17, Efesios 6,18), como un modo permanente de ser y vivir en relación de amistad y comunión con Dios.
La propia vida se transforma así en alabanza que agrada a Dios. No es ya tan solo el canto de un himno, una liturgia bella y armónica... son nuestros labios, pero también nuestros silencios orantes, nuestros testimonios y nuestras obras, en fin, nuestra vida entera la que canta las maravillas de Dios...
Y esto solo es posible cuando nos volvemos "instrumentos musicales" en las manos de Dios, nos dejamos transformar en caja de resonancia del "cántico nuevo"... y entonces suena por fin la melodía que Él compuso para nosotros desde la eternidad...
Que todos alcancemos la gracia de poder cantar con toda verdad: "¡Para Ti es mi música, Señor!" (Salmo 100).


martes, 13 de enero de 2015

#150 La mano de Dios




Este pesebre lo compré en Miraflores (Lima, Perú), en noviembre de 2014.
Es una sola pieza, pequeña, de cerámica. Las figuras del nacimiento, de estilo indígena, están colocadas sobre la palma de una mano derecha.
Es, para mi, la diestra de Dios Padre, que nos presenta y ofrece el misterio de la encarnación de su Hijo y, a su vez, lo protege y acaricia como un tesoro en la palma de su mano...
Como hijos, hermanados con el Hijo, también somos llamados a hacer experiencia de las manos del Padre Dios.
Las manos de Dios son creadoras: "Mi mano cimentó la tierra, mi diestra desplegó el cielo" (Isaías 48,13). "Todo lo hicieron mis manos" (Isaías 66,2).
Las manos de Dios dan forma a sus obras: "Tu mano omnipotente de informe materia había creado al mundo (Sabiduría 11,17).
Son sus manos las que nos han creado: "Tus manos me formaron y me plasmaron" (Salmo 119,73). "Señor, Tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y Tú el alfarero: somos todos obra de tu mano" (Isaías 64,7).
Pero estas manos divinas no modelan una obra para dejarla en el olvido. Dios no abandona la obra de sus manos. Y su diestra es presencia constante en nuestras vidas.
La mano de Dios sostiene y rige la creación: "Tú lo gobiernas todo; en tu mano están el poder y la fortaleza, y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia" (1 Crónicas 29,12).
Y en sus manos están nuestra vida y todos nuestros caminos (Daniel 5, 23). "En tu mano está mi destino" (Salmo 31,16).
La mano del Señor es poderosa (Salmo 117, 15-16).
Llega adónde quiere (Isaías 50,2).
Dispersa a los soberbios de corazón y derriba del trono a los poderosos (Lucas 1,51-52).
Reúne a sus hijos (Ezequiel 20,34).
Sana (Job 5,18).
Protege y defiende (Sabiduría 5,16).
Libra a los cautivos (Salmo 136,12).
Auxilia y rescata (2 Samuel 22,17). "Yo soy tu Dios: te fortalezco y te auxilio y te sostengo con mi diestra victoriosa (Isaías 41,10).
La mano de Dios es refugio para sus hijos: "Me escondió en la sombra de su mano" (Isaías 49,2). "Nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre" (Juan 10,29).
La cercanía de la mano de Dios es señal de protección, de bendición, de su presencia paternal: "Que tu mano proteja a tu elegido" (Salmo 80,18). "La mano del Señor lo acompañaba" (Lucas 1,66).
Su mano es origen de todo lo bueno que recibimos gratuitamente. La mano de Dios es providente y generosa: "Tú abres la mano y colmas de bienes a todo viviente" (Salmo 145,16).
Estas manos tan poderosas para crear, dar, salvar a sus fieles y derribar al mal son, al mismo tiempo, expresión de la ternura con que Dios nos ama.
Las manos de Dios son caricia consoladora: "Sobre las rodillas los acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré" (Isaías 66,12-13).
Las manos de Dios son el abrazo amoroso del Esposo: "Su izquierda bajo mi cabeza y su derecha me abraza" (Cantar de los Cantares 2,6).
Somos tesoro en sus manos. Dios mira sus palmas y allí nos encuentra grabados, como sus joyas más preciadas: "Yo no te olvidaré. Mira, en mis palmas te llevo tatuada" (Isaías 49,16). "Serás corona espléndida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios" (Isaías 62,3).
En estas benditas y amorosas manos estamos...
Que las palabras que el Hijo que se nos da en este pesebre pronunció antes de morir para darnos Vida nos animen a abandonarnos con confianza en las palmas de Dios: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23,46).

jueves, 8 de enero de 2015

#149 Loro




Este pesebre lo compré en Miraflores (Lima, Perú), en noviembre de 2014.
Es una sola pieza de cerámica, de vivos colores.
Las figuras de la Sagrada Familia están dentro de una pequeña gruta, junto a dos pastores y un par de animales. Pero lo que destaca es un loro, de colorido plumaje, posado sobre el conjunto.
¿Qué hace un loro en un pesebre? En realidad, en ciertos países donde abundan estas aves en los belenes suelen verse loros junto a otros pájaros, como parte de un conjunto amplio de animales, que representa la acogida que toda la creación da al Hijo de Dios.
Encontré un cuento del titiritero y escritor argentino Javier Villafañe, titulado "Recuerdo de un Nacimiento", que, precisamente, presenta a un loro como uno de los animales destacados que acuden al pesebre.

El relato describe un belén con aires de "campo argentino", con la flora típica de las pampas, ranchos de paja y hasta aljibes y carretas.
Allí está el Niño recién nacido, María, José, el ángel, los tres reyes magos, los pastores, con sus cabras y ovejas.
Y luego una infinidad de otros animales: el gallo, el buey, la vaca, el ternero, el loro... Un tero, una gacela, horneros, palomas, leones, perros, caballos, jirafas, elefantes, ñandúes, iguanas, comadrejas... ¡y hasta peludos!
Pero el autor pone su mirada, en medio de aquella multitud de animales, en un chancho, un cerdo encerrado en un corral en un extremo del pesebre.
El gallo, el buey, la oveja, la gacela y el loro estaban, en cambio, bien cerquita de la cuna de Jesús.
Y, según el cuento, esto fue así porque, al nacer Jesús, en plena medianoche, el gallo se subió un árbol y, como si amaneciera, cantó: "¡Cristo nació!". Y entonces los otros animales se apresuraron a acudir al pesebre.
El loro dijo: "Creo, creo". Creyó, fue a adorar al Niño y dio testimonio de su fe.
Y dice el relato que muchos otros animales también se encaminaron a Belén, se me ocurre que atraídos por el testimonio de aquel primer grupo de animales... A su vez, los pájaros que llegaron en segundo término al pesebre, una vez que contemplaron al Niño, salieron volando con premura para comunicar al mundo la Buena Noticia.
"Invitaban a que fueran a ver al Niño Dios recién nacido rodeado de ángeles y de palomas. Y nadie dejó de ir a verlo. Y el pesebre resultó demasiado pequeño para recibir tantas visitas", apunta el cuento.
Y así, ¡hasta los peces llegaron caminando a la gruta de Belén!
Pero el chancho no quiso ir. Se quedó en su chiquero, cabizbajo, lejos del Niño. 
Dios quiera que cuando veas este pesebre te sientas invitado a acudir y a invitar a otros... Dios quiera que escuches al lorito pregonando su alegre y contagioso "creo, creo"... Dios quiera que no te quedes en tu corral... Dios quiera... ¡Dios lo quiere!

miércoles, 31 de diciembre de 2014

#148 Desde Filipinas


Este pesebre lo compré en noviembre de 2014 en la tienda Falabella, de Miraflores, en Lima, Perú. Pero su origen es Filipinas.
Mide unos 30 centímetros de alto y está hecho con tela, paja, resina y alambre.
Dicen que en Filipinas tienen la temporada navideña más larga del mundo, ya que comienzan a ponerse "en clima" a partir de septiembre y las celebraciones se extienden hasta enero.
Se trata de un país donde el 90 por ciento de sus habitantes es cristiano, de mayoría católica.
Los espacios públicos se iluminan con los colores de la Navidad, pero la celebración no se queda en un mero hecho exterior, turistico o comercial.
Los filipinos celebran la Navidad con fe. Una de las tradiciones es el "Simbang Gabi", una serie de misas que se celebran a lo largo de nueve noches y que culmina en la víspera de Navidad.
Un elemento típico de la Navidad filipina son los faroles con forma de estrella, confeccionados con papel y bambú y que, desde su creacion, se disponían en caminos de pueblos y ciudades para guiar en la noche a los feligreses que iban a la Misa de Gallo. Hoy la tradición de mantene, aunque las estrellas de papel se iluminan por dentro con luz eléctrica. Sin embargo, el sentido es el mismo: una luz que guía en la oscuridad a quienes buscan congregarse para orar.
Y, por cierto, la imagen religiosa más antigua de Filipinas, que es venerada por miles de fieles que participan en multitudinarios actos de piedad cada año, es la del Niño Jesús.
Se trata del Santo Niño de Cebú, una inagen que tras estar vatios años perdida fue reencontrada el 28 de abril de 1565 por unos misioneros agustinos en una choza quemada, un acontecimiento que los filipinos recuerdan con el nombre de "kaplag" y que coincide con el comienzo de la evangelización permanente de su país.
La venerada imagen había sido llevada al atchipielago filipino por Fernando de Magallanes, célebre navegante portugués al servicio de la Corona española, y su capellán, el padre Pedro de Valderrama.
La expedición, que atravesó el estrecho que lleva el nombre del navegante en el extremo sur de América, llegó a Filipinas en 1521 y logró en la isla de Cebú la conversión del rey de Masaguá y el bautismo de muchos de los pobladores.
La imagen del Santo Niño fue entregada como obsequio a la esposa del rey.
Sin embargo, la expedición fracasó luego y la mayoría de los expedicionarios murió.
En 1565, el primer grupo de misioneros agustinos llegó a Filipinas, con frailes provenientes de España y México, liderados por el padre Andrés Urdaneta. Los religiosos encontraron la imagen dentro de una choza quemada y levantaron allí un templo que hoy continua siendo centro de la fervorosa devoción al Santo Niño.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Pesebre invitado #25: El Bien que llevamos dentro



Este pesebre es de mi amiga soriana Alida Juliani Sánchez. Lo compró en 2013 en El Calafate, en el sur de Argentina, y le ha acompañado en sus dos Navidades en Buenos Aires, donde recaló a principios de 2013 por trabajo.Para sus compañeros y amigos, ha sido una bendición tenerla entre nosotros. Alida tiene el don de la alegría y de la esperanza, del compartir y del sobreponerse a las adversidades... y estas gracias solo anidan en un corazón bueno y noble, de buena voluntad.
Le insistí para que compartiera su pesebre, junto con una pequeña reflexión, y accedió generosamente. Sus palabras nos llegan a poco de la Nochebuena de 2014.
"Hoy el mundo celebra que nació Jesús. Los pobres, los ricos, los creyentes incluso los que no creen celebran que hoy nació Jesús. Yo también. A miles de kilómetros de mi hogar y con un verano que, como europea, no me deja sentir de lleno lo que para mi ha sido la Navidad desde niña, pero también lo celebro. Y lo hago porque más allá de religiones y de creencias y de las mil trabas que nos pone la vida para dudar de él, existió y tuvo que ser alguien sumamente especial. Tan especial como para que más de 2.000 años después se siga celebrando que nació. Un simple mortal no puede dejar una huella tan profunda en la humanidad. Su espíritu revolucionario nos dejó un legado que todo ser humano, hasta el peor, necesita: amar y ser amado. Sin eso no tenemos nada", asegura Alida.
"Es la esencia de su mensaje la que nos tiene que quedar, mas allá de las interpretaciones que, a lo largo de la historia, se hayan hecho de él. De hecho, todo ser humano de buen corazón lleva su mensaje implícito, solo hay que saber revisarlo de vez en cuando, cada vez que se nos olvide", continua.
"Hoy Jesús nace, pero Nochebuena puede ser cualquier noche del año, o cualquier día, a cualquier hora. No es más que un sinónimo de ser buenas personas, de querer a los que nos rodean, de dar lo mejor de uno mismo. En resumen, es vivir en paz. Encontrar esa paz es encontrarlo a él, el hombre bueno, pero también el rebelde que cargó contra los mercaderes del templo y que supo ser crítico y renegó de lo que no estaba bien", reflexiona Alida.
"Todos llevamos un Jesús dentro. Que cada Nochebuena sirva para renovarnos y recordarnos que él es mucho más que los cánones que nos rigen. Jesús es una manera de vivir y de ser, la de una persona de bien", concluye.
Cuando Jesús nació en Belén, los ángeles entonaron ante los pastores un canto de gloria a Dios, pregonando la paz a los hombres de buena voluntad en toda la Tierra... porque ellos son los amados por Dios.
¡Feliz Navidad!

domingo, 21 de diciembre de 2014

Pesebres invitados #24: La Noche de los pesebres

Si la movida cultural de Buenos Aires tiene sus "noches" para los amantes de los museos, las librerías y las disquerías, ¿por qué no dedicar otras a recrearse la vista y dejarse acariciar el corazón con el dulce lenguaje de los pesebres?
Los días 19 y 20 de diciembre de 2014 el espacio cultural La Abadía, que funciona en el antiguo monasterio de San Benito, de Buenos Aires, abrió sus puertas al caer el sol para celebrar la "Noche de los pesebres", un evento singular que combinó la exhibición de nacimientos con conferencias y coros en el apacible entorno del patio y las galerías conventuales.
Algo más de medio centenar de nacimientos ha formado parte de esta propuesta, entre ellos los de la comunidad Sodálite, la asociación Ayres de Esperanza, María Bendita Eres, los colegios Michael Ham y Godspell College, y las familias Darchuk, Romero, Vitulio Servat, Colombo, Clarens, Olivieri, Lancelotti, Chero, Delger, Bovone y Pizzi.
También se expusieron dos trabajos artísticos de Paulina Zarza de Goyenechea y Alicia Suárez de Blanco, "La infancia de Jesús en Nazaret" y "Pesebre popular y bíblico", hechos con una técnica mixta de cartapesta, arcilla y tela encolada.






Además, formaron parte de esta muestra una veintena de nacimientos de la Hermandad del Santo Pesebre:



sábado, 20 de diciembre de 2014

Pesebres invitados #23: Anunciando la Buena Nueva

Caty Obeid es ya una amiga de este blog. En noviembre de 2013 se contactó para compartir los frutos del don hermoso que Dios le dio: crear pesebres a partir de elementos de la naturaleza, como piñas, frutos, ramas o cortezas secas, que sirven de marco a las figuras del nacimiento que modela con porcelana fría.
Ahora comparte sus creaciones de 2014.
Nacida en Victoria (Entre Ríos, noreste de Argentina) y actualmente residente en Rosario (Santa Fe), Caty sale de paseo, mira a su alrededor y se va topando con su futuro material de trabajo: una vaina, un fruto, una piedra... Visualiza el pesebre y recolecta.
Ya en su casa, se pone manos a la obra. "En cuanto a lo que voy pensando, es una mezcla recordar, imaginar y concentrarme. Sola, sin
música, con el canto de los pájaros", cuenta Caty sobre cómo es su proceso creativo.
Caty descubrió la técnica de la porcelana fría hace casi tres décadas y hasta dio cursos en San Nicolás y en Victoria.
Hace cuatro años atrás, en la capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de su ciudad natal, surgió un proyecto solidario navideño para armar cajas de regalo para familias de escasos recursos y Caty quiso sumarse con sus pesebres, 42 en total. Y al año siguiente, volvió a la capilla para enseñar su técnica para hacer pesebres.
En 2014 concretó un proyecto que tenía pendiente: dar un curso junto a una amiga de Rosario sobreviviente de la catástrofe en agosto de 2013 por la voladura de un edificio por un escape de gas que afectó además a otras construcciones.
"Este año di el curso de pesebres que tenía pendiente con mi amiga que perdió todo en la explosión de la calle Salta. Ella invitó y yo invité a otras señoras. Me dio mucho placer hacer este curso, porque se quedaban maravilladas de lo que ellas eran capaces de hacer y emocionadas de tener su pesebre", relata Caty.
Al finalizar el curso, le regaló a cada asistente un pesebre y el poema "En un portal de Belen", que escribió en 2003.
"No cobro para dar el curso, pero ellas querían pagar y les dije que dejaran una colaboración, que luego la llevo a la capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Victoria", cuenta Caty.
Luego, una de sus hijas le pidió pesebres para regalar y siguió la producción...
¿Por qué hace todo esto? Caty dice que le inspiran las mismas palabras de Jesús en el Evangelio: "Vayan por todo el mundo anunciando la Buena Noticia a toda la humanidad" (Marcos 16,15).
"Para mi, es una forma de hacer apostolado", asegura.



 

viernes, 19 de diciembre de 2014

Pesebres invitados #22: Pesebres escultóricos

“En todo lo que suscita en nosotros el sentimiento puro y auténtico de la belleza está realmente la presencia de Dios. Existe casi una especie de encarnación de Dios en el mundo, cuyo signo es la belleza", escribió la filósofa francesa Simone Weil.
Y ciertamente hay belleza en los pesebres, sobre todo cuando son obra de auténticos artistas.
Éste es el espíritu que se respira en la muestra “Pesebres Escultóricos", inaugurada en diciembre de 2014 en el Museo de Esculturas Luis Perlotti, de Buenos Aires, con los trabajos presentados en la décimo octava edición del concurso “Pesebres Escultóricos".
El certamen busca exaltar la veta creativa y el sentido escultórico del pesebre, sin descuidar el sentido último de la temática elegida: la celebración de la Navidad a través de la imagen del nacimiento del Niño Dios.
Para ser admitidas al concurso, las obras deben tener un sentido escultórico, imbuidas de un alto contenido creativo, donde el conjunto realmente sea concebido con originalidad y sentido estético.
Las 23 obras concursantes en la edición 2014 son, en su mayoría, muy creativas, utilizando desde madera, alambre y piedra, hasta papel, metal y cerámica.
Vale la pena detenerse en cada trabajo e intentar contemplar el misterio de la Navidad desde el ojo y desde el corazón creativo de cada uno de los artistas...

Premiados:
Primer premio: Mario Niejadlik
Segundo premio; María Gabriela Lacalle
Tercer premio: Ana María Simoes


 
Menciones:
Primera mención: Silvina,Bornic
Segunda mención: Eleonora Pascual
Tercera mención: María Mercedes Billinger
 

Distinciones:
María Isabel López
Fredy Ghidone
Gabriela Garibaldi




También concursaron:
José Ricardo Russo
Mariela Gladys Segura
Alfredo Parra
Valeria Ivanna Torrini
Alberto Deslous
Bibiana Mónica Beer
Stella Maris Pernice
Pedro Hasperue
Eleonora Pascual
Firpo Gracia
Maria Eugenia Giusto
Nieves de los Angeles Armijo Tapia
Mónica Bellido
Mónica Seferiam





jueves, 18 de diciembre de 2014

#147 No temas




Este pesebre de cerámica lo compré en noviembre de 2014 en la tienda Falabella de Buenos Aires.
Es una sola pieza, con la Sagrada Familia envuelta como en una capilla color ocre, que remata en una cruz, con la estrella de Belén.
María tiene a Jesús en su regazo, pero lo que más llame mi atención es la figura de José, que no solo protege al Niño de frente, sino que además toma tiernamente la mano de la Virgen...
Es un gesto impactante que resume la grandeza de la fe y el amor de este hombre.
José, que dice sí a la voluntad desconcertante de Dios, aquel a quien el Ángel del Señor hubo de decir también "no temas", acoge todo este misterio y se entrega con confianza al plan de Dios.
"Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: 'No temas, yo mismo te auxilio'" (Isaías 41, 13). Intuyo estas palabras de la Escritura resonando en lo profundo del corazón de José...
"No temas, estoy contigo", parece decirle él mismo a María con ese gesto dulce, silencioso, tierno...
Una mano que, tomada a la de María y enraizada en la fe de su pueblo y la gracia del Padre, protege al Niño que

 se entrega en la Cruz.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Pesebre invitado #21: La gracia del amor




Este nacimiento fue realizado por la familia Franco-Costabella, de Puerto Santa Cruz (Argentina), al participar en noviembre de 2014 de un concurso de pesebres convocado por el jardín del colegio María Auxiliadora de esa ciudad.
Está elaborado con cartulina, tela, telgopor, yerba mate y cartón y un elemento que, sin ser material, se ve a las claras al contemplar la obra final: ¡mucho cariño!
La familia -integrada por mamá Andrea, papá Walter, Camilo, de 6 años, e Irina, de 5- eligió "La gracia del amor" como título para su pesebre.
"Lleva ese lindo nombre porque al hacerlo nos propusimos agradecer por todo el amor que nos une", cuenta Andrea.
Y el poner manos a la obra fue ya un modo de compartir en familia. Mientras Walter hacía unos mates para tomar, Andrea se encargaba de la estructura del pesebre y de las figuras. Irina, con sus manitos llenas de yerba mate y pegamento, hacía los fardos, y Camilo, con mucha paciencia, las bolitas de algodón para la ovejita.
"Todos opinábamos para mejorarlo. Cuando lo vimos terminado, nos sentimos orgullosos y felices de tener para esta Navidad un pesebre hecho con nuestras propias manos y eso tiene mucho valor para nosotros. Nuestra obra es simple, como nuestra familia, hecha con puro amor", dice Andrea.
¡Gracias por compartirlo!


viernes, 12 de diciembre de 2014

#146 Halo



Este pesebre de porcelana, en colores blanco, azules y ocres, lo compré en noviembre de 2014 en la tienda Falabella de Buenos Aires.
Es una única pieza, con las figuras muy delicadas de José, Maria y el Niño, rodeadas con un aro que culmina con la estrella de Belén.
Este aro me recuerda a los halos que muchas veces se pueden ver alrededor del Sol.El anillo azul-blanquecino se forma cuando la luz del Sol es defractada al pasar por los cirroestratos, unas nubes muy delgadas compuestas por pequeños cristales de hielo.
Estas nubes suelen formarse antes de la llegada de un frente cálido, que frecuentemente produce lluvia, por lo que el saber popular toma los halos alrededor del Sol como un vaticino de que en pocos días mas lloverá.
Me parece, por tanto, un elemento muy hermoso y simbólico en un pesebre, ya que Jesús es el "Sol que nace de lo alto" (Lucas 1,78) y con su llegada nos "dará lluvia para la semilla" sembrada en el campo, "y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso" (Isaías 30, 23).


miércoles, 10 de diciembre de 2014

#145 Pequeño... por amor


Este pesebre me lo regaló en noviembre de 2014 mi precioso ahijado Tommy. Fue comprado en la santería de Nuevo Schoenstatt, de Florencio Varela (Argentina).
Tiene una base de madera ovalada y las tres figuras de la Sagrada Familia en metal.
Es una verdadera miniatura ya que toda la pieza apenas mide 3 centímetros por 2,5 centímetros. Y el Niño apenas alcanza los cinco milímetros.
Una vez santa Teresa del Niño Jesús, al regalarle una estampa a su hermana Celina para su cumpleaños, anotó en el sobre estas palabras:
"Jesús, ¿quien te ha hecho tan pequeño? El amor".
Este diálogo se atribuye a san Bernardo, pero más allá de eso, bien podría resumir la mirada que Teresita tuvo al misterio de la Encarnación. Si por amor, Jesús se hizo pequeño, ella, imitándole, también se hizo pequeña por amor...
La pequeñez espiritual tiene sabor a bienaventuranza evangélica. Hay que hacerse como niños para entrar al Reino de los Cielos. Solo los pequeños de corazón -¡y no los de corazón pequeño!- verán a Dios...
Son los ojos de niño -los ojos de la fe- los que permiten acercarse con confianza al pequeño Jesús y levantar el velo que lo envuelve... Solo quien es pequeño cabe junto al pequeño Jesús en el regazo de María... Solo así se puede pregustar el Cielo...

"Envuelto en luz de amor,
en el blando regazo de tu Madre,
¡oh, mi dulce Jesús!, te muestras a mis ojos, radiante de amor.
El amor:
misteriosa razón
que te alejó de tu mansión celeste
y te trajo al destierro.
Deja que yo me esconda bajo el velo
que a la humana mirada te disfraza.
Solamente a tu lado, ¡oh Estrella matutina!,
mi corazón pregusta un avance del cielo".

"El rocío divino", Santa Teresa del Niño Jesús, 1893.