viernes, 22 de julio de 2016

Pesebre invitado #38: Mirando a Belén




Este pequeño cuadro apareció un día de principios de mayo de 2016 en el acceso al bautisterio de mi parroquia, la Basílica de María Auxiliadora, de Buenos Aires.
La imagen muestra a María, con el Niño en brazos, y a José, y por debajo un caserío: es Belén.
María y José observan desde arriba la pequeña ciudad. Pero su mirada no es altiva.
Fueron hasta allí para cumplir con un decreto imperial de censarse. Como José pertenecía a la familia de David, tenían que inscribirse n Belén, la ciudad natal del célebre rey.
Pero estando ya allí le llegó a María la hora de dar a luz a Jesús. Y el alumbramiento fue en un pesebre porque, como lo señala el Evangelio de Lucas, "no había lugar para ellos en el albergue" de Belén.
No sabemos si fue porque el sitio estaba completo de huéspedes, o porque no tenían cómo pagar el hospedaje, o porque nadie les tendió una mano... lo cierto es que "no había lugar para ellos".
Pudieron haber alegado la condición de José de miembro del linaje del rey David... O María, sabiéndose Madre del Hijo de Dios, pudo haber lanzado un mar de protestas y reproches... Pero nada de esto... El Evangelio hace un silencio sobre la reacción de José y María al encontrarse con que "no había lugar para ellos"... silencio evangélico que es eco del silencio humilde de María y José.
Humildad que abre camino a la humildad del pesebre, humildad que Dios Padre quiso como primera cuna de su Hijo muy amado.
Imagino a María, con el pequeñísimo Jesús ya en sus brazos, y a José observando, a lo lejos, desde el pesebre de la voluntad de Dios, a la pequeña Belén donde no hubo lugar para ellos...
Mirada sin resentimiento, sin reproches, sin enojos...
Mirada que tal vez no lo comprende todo, pero lo acepta todo en la confianza ciega en los por qué que se esconden en los planes de Dios Padre.
Mirada con un dejo de tristeza: la pena no por el albergue que se les negó a ellos sino por la acogida que no le dieron al Dios hecho Hombre...
Mirada silenciosa, hecha oración, en la comunión con el Niño, por la conversión de nuestros corazones, para que en ellos Dios sí encuentre sitio para nacer...


domingo, 17 de julio de 2016

#196 ¡El don es Él!



Este cuadro me lo regaló en mayo de 2016, por mi cumpleaños, mi sobrino Juan Cruz, que intervino con sus manos para pintar el marco.
Es una imagen bella, llena de color y detalles preciosos, como esas dos ovejitas en uno de los ángulos.
Es la escena de la Adoración de los magos. Pero hay algo que llama mi atención y es que María parece que dejó de prestarles atención a los reyes y sus costosos regalos, se giró y me mira.
Uno de los magos, recogido en la oración, arrodillado, ni se percató... pero los otros dos, cargados con sus dones para el Niño, también se dieron vuelta para ver a quién mira la Virgen y me observan... las manos.
Yo caí en Belén sin nada para el recién nacido. No sé si los reyes piensan que soy una descarada o una desubicada... pero a María parece no importarle que yo llegué con las manos vacías.
De hecho, ni me mira las manos, sino que me está mirando a los ojos, con ternura, con una sonrisa.
No pronuncia palabra, pero me muestra a Jesús, como presentándomelo, como ofreciéndomelo... su Hijo, el Todo, para colmar mi nada.
Y entonces ya no siento vergüenza de mis manos vacías, las tengo libres para aceptar a Quien se me ofrece. ¡El don es Él!



sábado, 2 de julio de 2016

Pesebre invitado #37: La Virgen del Socorro, la Madre del pesebre


Este pesebre lo descubrí en marzo de 2016 en la Basílica Nuestra Señora del Socorro, de Buenos Aires. Es de estilo clásico y ocupa uno de los altares laterales de la iglesia.
La advocación de la Virgen del Socorro es antigua. Existen diferentes imágenes para este título mariano. Quizá la más conocida sea la del ícono bizantino de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
A Buenos Aires la advocación llegó en la segunda mitad del siglo XVIII desde España, donde había sido difundida por la orden de los agustinos, tras su popularización en Palermo (Sicilia, Italia).
Aunque las representaciones de la Virgen del Socorro son diversas, en la mayoría de ellas María lleva a Jesús en brazos, gesto que habla de sus cuidados maternales, su dedicación amorosa al Hijo, su atención permanente a las necesidades de Jesús...
Como dice esta oración: "¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro, en cuyos brazos el mismo Niño Jesús parece buscar seguro refugio!".
La Virgen del Socorro es la Madre del pesebre, la
 Madre que mira atenta al Niño, que vela junto a Él, que está muy cerca de Jesús para procurarle todo lo que necesite. 
Esta misma Madre es la que Jesús nos dio en la Cruz.
Te invito a mirarla cómo Jesús la mira desde este pesebre... para descubrir a quien siempre está dispuesta, atenta y muy cerca para socorrernos.




"Oh, Santa María, ayuda a los pobres,
da fuerza a los débiles,
consuela a los que lloran,
ruega por todos,
ruega por los sacerdotes,
intercede por las piadosas mujeres,
que sientan tu socorro
todos los que exaltan tu misericordia.
Recibe benignamente los deseos
de los que a Ti se encomiendan,
concede a todos lo que te piden.
Que sea tu cuidado pedir
por el Pueblo de Dios.
Tú, que mereciste, Virgen bendita,
llevar en tu seno al Redentor del mundo,
que vive y reina por los siglos de los
siglos. Amén".

Oración de San Agustín a la Virgen María



jueves, 23 de junio de 2016

#195 Llaves


Este llavero me lo regaló mi mamá en mayo de 2016. Tiene la imagen de un pesebre y lo puse con las llaves de mi casa.
Dar las llaves del propio hogar a alguien implica un acto de confianza. También de cesión del dominio absoluto sobre ese lugar. Ahora alguien más podrá entrar y salir cuando quiera, tendrá libertad para hacer y deshacer...
Si Dios habita en nuestro corazón -o por lo menos aspiramos a que no sea un huésped de paso- es justo que tenga las llaves de nuestra vida. Confiarnos a su voluntad, permitirle que disponga de nosotros y que "acomode" nuestro corazón como lo hace un dueño de casa.
Santa Gertrudis de Helfta, a quien se representa con un Niño Jesús en su corazón, cuenta que una vez le ofreció al Señor que descendiera a la morada de su corazón. Y Jesús le respondió: "Si me das esa libertad, dame la llave de tu voluntad propia".
La imagen de la "llave de la voluntad" también está presente en los escritos de santa Teresa de Jesús. Es el "darse del todo al Todo" en el que mucho insiste.
En su "Libro de la vida", santa Teresa sostiene que quien entrega esta "llave" a Dios ya "no quiere hacer cosa, sino la voluntad del Señor", ni "quiere cosa propia, sino que haga de todo conforme a su gloria y a su voluntad".
"Tengo para mí que un alma que allega a este estado, que ya ella no habla ni hace cosa por sí, sino que de todo lo que ha de hacer tiene cuidado este soberano Rey", dice más adelante Teresa.
Darle las llaves y que venga a nosotros su Reino hasta un día poder decir con san Pablo: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20).


viernes, 3 de junio de 2016

Niño invitado #36: el Sagrado Corazón de Francisco


Esta imagen del Sagrado Corazón del Niño Jesús la tomé en abril de 2016 en uno de los altares laterales de la Basílica de San José de Flores, en Buenos Aires, la iglesia que frecuentó durante su niñez y adolescencia el Papa Francisco.
Imagino que muchas veces habrá mirado esta imagen, se habrá dejado interpelar por este Jesús, Niño, que con su pequeña mano izquierda señala su Corazón.
Cuando veo una imagen del Sagrado Corazón -Jesús que muestra, que descubre, que señala su Corazón- pienso en su Amor ofrecido, pero también en el amor que nos pide -nuestro pobre amor para su Corazón herido- y en el camino que quiere proponernos desde el latir de su Corazón. Es como si Jesús nos dijera, señalando su Corazón: "te ofrezco mi Amor, necesito tu amor, te propongo amar así...".
Pero, ¿y qué nos dice este Corazón desde el pecho de Jesús Niño? Lo mismo, pero con el acento puesto en dejarse amar y amar con "corazón de niño".
En junio de 2014, en una homilía para la fiesta del Sagrado Corazón, el Papa Francisco dijo que, para comprender el amor de Dios, el hombre necesita buscar una dimensión inversamente proporcional a la inmensidad: la pequeñez, la pequeñez del corazón.
En nuestra pequeñez Dios vuelca su misericordia, su ternura. Él es Padre.
Dice Francisco que lo "que Dios busca en el hombre es una relación de papá-hijo", "pero si nosotros nos sentimos fuertes, no experimentaremos nunca la caricia del Señor".
Hay que hacerse como niños. Tener corazón de niño.
"Y cuando Jesús habla de sí mismo, dice: ‘Yo soy manso y humilde de corazón’. También Él, el Hijo de Dios, se abaja para recibir el amor del Padre”, añade el Papa al marcar la actitud de Jesús, quien nos enseña desde su Corazon de Niño cómo abrirnos al Amor de Dios.



sábado, 28 de mayo de 2016

Pesebre invitado #35: Como en Belén, pero aquí y ahora



Este sagrario lo descubrí en abril de 2016 al visitar la parroquia Patrocinio de la Virgen, aledaña al hospital Churruca, en Buenos Aires.
El tabernáculo no es muy grande. Está sobre un pedestal muy sencillo, a un costado del altar. Está dispuesto de tal modo que, si uno se acerca con delicadeza, se pueden abrir las puertas frontales y dejarlas abiertas para poder adorar al Santísimo, expuesto en una custodia, tras un vidrio.
En las puertas frontales se pueden ver imágenes de un ángel anunciando a los pastores el nacimiento de Jesús y de otro guiando a los magos de Oriente hacia el pesebre. Ambas imágenes, cuando el sagrario está abierto, miran hacia el centro, donde está Jesús, Vivo y Verdadero.
Cuando vi la hermosura de este sitio de adoración, donde Jesús está presente como en Belén, me acerqué para observar más de cerca... Descubrí que los laterales y la puerta por detrás, que custodia la reserva, también tienen imágenes relativas al nacimiento de Jesús. Uno de los laterales muestran a los tres magos de camino a Belén. El otro lateral presenta a un ángel anunciando el nacimiento a dos pastores. Y la puerta de atrás exhibe una escena muy tierna, del Niño Jesús, en el regazo de María, siendo alimentado en el pesebre.
Poco después me enteré de que todas estas imágenes corresponden a pinturas de Bradi Barth (1922-2007), una artista suiza, pero que vivió la mayor parte de su vida en Bélgica y que se distinguió por la belleza de sus obras sobre motivos religiosos.
Es un sitio de adoración precioso. Muy sencillo y silencioso. Con Jesús Vivo y Verdadero. Como en Belén, pero aquí y ahora.
Y, más allá de la belleza artística que pueda o no tener, cada sagrario, cada altar donde Jesús Eucaristía esta presente es nuestro Belén.







"Mi belén es el altar: 
no hay cueva, sí sacramento,
besa y come tu alimento,
adórale hasta llorar,
que adorar es puro amar.
Como María y José
a mi Dios adoraré: 
Salve, Cuerpo, aquí escondido,
Salve, amor, de Dios ungido,
Salve, Misterio de fe".

"Ave Verum Corpus", de Rufino María Grández, sacerdote capuchino, en "Cantad Eucaristía".





martes, 24 de mayo de 2016

#194 Divino Niño, auxilio de los cristianos



Este llavero con la imagen del Divino Niño lo compré en abril de 2016 en la santería de la Catedral de Buenos Aires.
Es una imagen bastante difundida: el Niño pequeño, vestido de rosa, con sus brazos extendidos, descalzo sobre una nube que por debajo lleva la leyenda "Yo reinaré".
Lo que para mi era desconocido hasta hace poco es el origen salesiano de esta devoción. Y ahora, cuando lo veo, hasta me parece que, aunque no va vestido igual, es el Niño que se ha bajado por unos instantes de los brazos de la Auxiliadora...
Todo comenzó con la llegada a la ciudad colombiana de Barranquilla del padre Juan del Rizzo, un misionero salesiano italiano, en 1914.
Un día su superior le encomienda a él y a otros compañeros salir a pedir limosnas para apoyar la construcción de un templo. Pero como el padre Juan era muy tímido no pudo pedir nada y al parecer fue reprendido.
Entonces se fue a rezar a los pies de una imagen de María Auxiliadora, que tiene al Niño en sus brazos. Y en un momento sintió que el pequeño Jesús le decía que no se preocupara y que Él le acompañaría al día siguiente a pedir la limosna.
Es entonces cuando el padre Juan se confía al Niño y hace el propósito de propagar la devoción al Divino Niño Jesús. Y lo hace con la devoción que él ya conocía, que era la del Niño Jesús de Praga.
En 1934 el padre Juan es trasladado a Bogotá, al colegio León XIII, y le encomiendan la animación del oratorio del Campo San José, en el barrio 20 de Julio, pero le piden que no promueva allí la devoción al Niño de Praga pues esa tarea ya la realizaban los carmelitas en esa ciudad.
Entonces el padre Del Rizzo va a una tienda de artículos religiosos del centro de Bogotá y compra allí una imagen del Niño Jesús. Pide que le quiten una cruz que llevaba en la espalda y que le retoquen un poco el rostro.
La figura, un Niño de brazos abiertos dispuesto a recibir a todos, fue colocada en el oratorio. Pronto la devoción ganó gran popularidad. Y el amor al Niño despertó en muchos corazones el deseo de ayudar a los chicos más pobres del oratorio.
Hoy el Divino Niño tiene un santuario en este sitio, que es visitado por miles de fieles cada semana. Su fiesta principal se celebra el primer domingo de septiembre.


Oración de la confianza al Divino Niño

Niño amable de mi vida,
conduelo de los cristianos,
la gracia que necesito
pongo en tus benditas manos.
Tú, que sabes mis pesares
pues todos te los confío,
da la paz al angustiado
y alivio al corazón mío.
Y aunque tu amor no merezco
no recurriré a Ti en vano
pues eres Hijo de Dios
y auxilio de los cristianos.
Acuérdate, oh Niño Santo,
que jamás se oyó decir
que alguno te haya implorado
sin tu auxilio recibir.
Por eso, con fe y confianza,
humilde y arrepentido,
lleno de amor y esperanza
este favor yo te pido.
Divino Niño Jesús,
bendícenos con amor.



sábado, 14 de mayo de 2016

#193 Ven a visitar tu viña




Este Niño me lo regalaron mamá y papá en abril de 2016. Lo compraron en una tienda de Mercedes (Argentina), pero -y quién sabe cómo llegó hasta aquí- es originario de Puerto Rico. Lo sé porque venía con una tarjeta adosada, indicando que es creación de la artesana Mercedes Buenaga, de Río Piedras.
Es una única pieza de barro, con el pequeño Niño envuelto, que descansa sobre una enorme hoja de vid.
Esta imagen me hizo recordar algo que el pueblo de Israel pedía a Dios: "Ven a visitar tu viña" (salmo 79). Y Dios no ignoró estas oraciones. Realmente vino a visitar su viña, encarnándose.
No solo vino a nuestra viña, a nuestra humanidad, sino que se hizo Él mismo vid. "Yo soy la vid verdadera". Y nos asumió como sarmientos... para dar frutos en Él.
El punto de partida para esta "visita" de Dios a nuestra viña no es otro que su Amor misericordioso. Él nos plantó, nos dio una tierra donde crecer... y cuando fuimos invadidos -o nos hemos dejado invadir- por la maleza, no desoyó la súplica: "Ven a visitar tu viña".
En ese Amor misericordioso debemos confiar cada vez que sintamos que nuestra viña es asaltada, pisoteada, saqueada... Es el Amor de quien se hizo vid por nosotros.


"Tú sacaste de Egipto una vid,
expulsaste a los paganos y la plantaste;
le preparaste el terreno, echó raíces
y llenó toda la región.
Las montañas se cubrieron con su sombra,
y los cedros más altos con sus ramas;
extendió sus sarmientos hasta el mar
y sus retoños hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado sus cercos
para que puedan saquearla
todos los que pasan?
Los jabalíes del bosque la devastan
y se la comen los animales del campo.
Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu viña,
la cepa que plantó tu mano,
el retoño que tú hiciste vigoroso.
¡Que perezcan ante el furor de tu mirada
los que le prendieron fuego y la talaron!
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,
al hombre que tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,
que brille tu rostro y seremos salvados!"
Salmo 79
"Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo".
Lucas 1, 68



viernes, 29 de abril de 2016

#192 Pino


Este pesebre me lo regaló en diciembre de 2015 mi amiga Daniela Vulcano.
Es una única pieza, de resina, y dentro tiene luces de colores que funcionan a pila. Es un pino nevado, con una estrella dorada en la punta. Pero lo mejor es que el árbol no se roba el protagonismo, sino que en primer plano está el pesebre.
La tradición de colocar un pino dentro de la casa y decorarlo con luces para la Navidad tiene ya unos siglos y es originaria de Alemania.
Lamentablemente en muchos lugares el árbol queda como único signo de la Navidad y la representación del nacimiento de Jesús, lo verdaderamente central, queda marginada o ausente.
No se trata de eliminar al árbol sino de poner las cosas en su justo lugar: que el pesebre recupere su sitio destacado y que el árbol de Navidad adquiera un sentido más profundo y no meramente decorativo.
Buscando por allí, encontré un escrito, de autor desconocido, una verdadera oración que comparto más abajo y que, me parece, es válida no solo para los días de Adviento en los que se arma el árbol sino para cualquier momento del año, porque de lo que se trata, finalmente, como el pino decorado en los días de Navidad, es ser signo, testimonio, del amor de Dios encarnado. ¡Nosotros también podemos ser pino!

"Esta Navidad quiero ser tu pino, Señor. Un pino sencillo, de los que nacen en las sierras, pero con unas ramas verdes y frescas, alimentado por la savia de tu Vida divina.
Como un reflejo tuyo, mi forma será triangular, signo de la Santísima Trinidad, y si una rama sobresale demasiado, hazme sensible para cortarla antes de que me deforme demasiado.
Empezaré a limpiar mi tronco y mis ramas de todo musgo que tenga.
Y así, poco a poco, quitaré todo lo que me estorba: mi egoismo, mis envidias, mis incomprensiones, mi orgullo, mi soberbia, que como 'plagas' crecen sin que yo me de cuenta.
Como un recuerdo de todas las estrellas que brillaron esa noche bendita en que Tú naciste, me llenaré de foquitos de colores para reflejar a los demás la alegría de tu venida al mundo.
Escogeré unas esferas doradas, las más brillantes, para que representen todas mis alabanzas por el sol que sale cada día, por las estrellas, por los atardeceres tan hermosos y por todas las maravillas del mundo que Tú creaste para nosotros, por ser nuestro Ser Supremo.
Continuaré con muchas esferas rojas, que representan mis peticiones. Te pido que hagas de mi un instrumento de tu Amor. Te pido por mi familia, mis amigos, mi comunidad, mi parroquia. Por mi patria, para que sea un país donde Tú siempre reines. Que jamás el desaliento entre en mi corazón. Te pido tu Santo Espíritu y, con Él, la verdadera sabiduría que viene de ti.
Dame, Señor, lo que Tú sabes que me conviene y yo no sé pedir. Dame mucha paciencia y humildad. Dame prudencia para nunca herir a nadie y dame caridad para tener un corazón grande que sepa amar.
Pondré también unas esferas azules, para pedirte con ellas perdón porque yo no siempre he sido fiel, porque no he sabido dar ni perdonar, porque viendo la luz he preferido la oscuridad, porque conociendo el bien he optado por el mal.
Por último, me llenaré de esferas plateadas, muy grandes, que serán para darte gracias por todo lo que he recibido de ti. Gracias porque me has otorgado salud, bienestar, alegría y satisfacciones.
Gracias también por la enfermedad, las penas y los sufrimientos, aunque me cuesta trabajo decírtelo y aceptar tu voluntad. Tú sabes lo que hiciste.
Gracias, Señor, por todo aquello que me acercó íntimamente a ti. Es tanto lo que tengo que agradecerte...
Y en la punta, con una luz muy intensa, pondré una estrella enorme, que me ilumine siempre, ésa será mi fe. Una fe madura e inquebrantable, siempre en aumento, que se alimentará de tu Sagrada Eucaristía y de tu Palabra.
Por eso, esa luz brillará para todo aquel que se acerque a mi, porque Tú brillas en mi.
Yo quiero ser tu pino, Señor.
Lléname de alegría para participar a todos mis hermanos el gozo de poseerte, Señor".

domingo, 27 de marzo de 2016

Niño invitado #34: La mirada del Resucitado




Este Niño está en uno de los altares laterales de la Basílica de Santo Domingo, de Buenos Aires.
Lo elegí para este Domingo de Pascua porque su figura inocente, revestida de blancura y con el cayado de la Cruz victoriosa, me habla de Jesús Resucitado.
Pero más me dicen de su resurrección esos sus ojos, llenos de vida, de ternura, de paz, de misericordia... Pupilas de brillo delicado en las que se dibuja la Vida verdadera por Él conquistada y por Él dada...
¡Qué en esta Pascua nos descubramos vivos en la mirada del Resucitado!


"La muerte ha madurado de ternura
tu rostro, luz de Dios, semblante humano;
el paso por la Cruz ha embellecido
tus ojos, tus mejillas y tus labios.

Y ahí estás, Jesús, para mirarte,
del Padre y del Amor icono exacto;
mirarte es comunión y paraíso,
perdidos en tu faz, por ti mirados.

Tu imagen es presencia y sacramento,
el don total de Dios en ti donado;
tu frente es el reflejo del Espíritu,
tus ojos son el Padre remansado.

Con cuerpo de una Virgen tú naciste,
y en ese cuerpo Dios está entrañado,
mas luego de tu muerte eres más cuerpo,
de Dios perdón, purísimo regalo.

Tus ojos y los nuestros se han fundido,
oh Dios a quien miramos y adoramos,
oh dulce rostro, pasto del amor,
en esa tu mirada, Amado, báñanos.

¡Exhausto manantial manante siempre,
oh rostro del secreto revelado,
deleite de pupilas, oh Jesús,
a ti el amor hermoso en nuestro canto! Amén".

Himno pascual, de Rufino María Grández, capuchino.






viernes, 25 de marzo de 2016

Niño invitado #33: Voluntariamente aceptada




Esta imagen está en mi parroquia, San Carlos y Basílica de María Auxiliadora, de Buenos Aires. Y cada vez que la contemplo me vienen siempre las mismas dos palabras: "voluntariamente aceptada".
El Niño Jesús, muy pequeñito, abre sus brazos en cruz y se apoya sobre el madero. Libremente... No está clavado, ni atado. Hasta me da la impresión de que está en puntas de pie, como queriendo alcanzar la Cruz... Nada parece obligarle... Y su rostro... inocente, sereno, manso... revela su íntima comunicación con el Padre.
Unas de las palabras que más me estremecen de la consagración eucarística son, precisamente, las que se refieren a la "pasión voluntariamente aceptada": la libertad para amar al Padre y amarnos a nosotros hasta el "extremo", el extremo de darse a sí mismo, dar su vida entera, hasta la muerte y muerte de Cruz, por nuestra salvación.
"Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente" (Juan 10, 18). ¡Estas palabras son impactantes! Porque las pronuncia en el contexto de presentarse a sí mismo como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, para que éstas tengan vida en abundancia. Y en sus palabras se denota que lo hace con libertad, porque ama -nos ama-, porque así lo quiere el Padre -"éste es el encargo que he recibido del Padre"- y porque se sabe Hijo de Dios y confía plenamente en su Padre, que le ha dado poder para dar su vida y "después recobrarla".
Me pregunto cuándo descubrió Jesús cómo habría de salvarnos... es un misterio, pero intuyo que en su Corazón, desde el momento mismo de la Encarnación, ardió el celo por las cosas de su Padre, latió la urgencia del Reino, el deseo de nuestra salvación y su ansías de amarnos dándose hasta el extremo...
Esta imagen está junto al altar de santa Teresa del Niño Jesús. De ella tomo estas palabras finales. El anhelo de darse, de una entrega voluntariamente aceptada por amor, esa libertad de Jesús, siempre se encarna en sus santos...

"Acuérdate, Jesús, Verbo de vida, de que tanto me amaste, que moriste por mí. También yo quiero amarte con locura, también por ti vivir y morir quiero yo. Bien sabes ¡oh, Dios mío! que lo que yo deseo es hacer que te amen y ser mártir un día. Quiero morir de amor. Señor, de mi deseo ¡acuérdate!".
Santa Teresa del Niño Jesús, "Jesús, Amado mío, acuérdate", 21 de octubre de 1895



domingo, 20 de marzo de 2016

#191 Tú eres Rey




Este señalador imantado me lo regaló en diciembre de 2015 mamá, quien lo compró en una librería de Buenos Aires.
En la imagen se puede ver a los magos -sabios- de Oriente, arrodillados, ofreciendo sus dones y adorando al rey que buscaban...
Bien podrían ser ellos los que dicen la frase impresa abajo de la imagen: "Niño Jesús, Tú eres el rey de la paz". Pero, ¿qué es lo que les permite reconocer como rey a este niño, débil, pobre, nacido en un contexto despojado de todo signo de realeza?
Para tomar la foto del señalador, elegí la página del Evangelio según san Juan en la que Jesús es llevado en su Pasión al pretorio para ser interrogado por Pilato sobre su condición de rey:
"Entró de nuevo Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:
—¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús respondió:
—¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí?
Pilato respondió:
—¡Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
Contestó Jesús:
—Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Le dijo Pilato:
—Entonces, ¿tú eres rey?
Jesús contestó:
—Tú lo dices. Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad, escucha mi voz.
Le dice Pilato: —¿Qué es la verdad?" (Juan 18, 33-38).
¿Qué es lo que le impide a Pilato reconocer a Jesús como rey? Dice Jesús: "Quien está de parte de la verdad, escucha mi voz". Solo el que es de la Verdad, el que es de Dios, puede reconocer al Hijo, aceptarlo como Rey, seguir su voz... Pero Pilato no sabe qué es la verdad... no puede reconocer a Jesús como Rey. Y sus sentidos le dicen que un hombre preso, humillado, abandonado, traicionado, indefenso, pobre... no puede ser un rey... un rey como lo entiende el mundo.
Cristo Rey: el nacido entre pajas, el de la vida escondida del trabajo y la oración, el que toca a los enfermos, el que come con pecadores, el que no tiene donde recostar su cabeza, el cordero manso, el coronado de espinas, el de la Cruz... el que prefiere trato de amigo, el que se nos ofrece como pan. ¡Rey!


martes, 9 de febrero de 2016

#190 Hemos visto su estrella y venimos a adorarle




Este pesebre me lo regaló mi mamá en diciembre de 2015. Es muy sencillo, pequeño, hecho de cartón y con un imán. La imagen es también muy simple: José, María y el Niño en el pesebre. Y una gran estrella, la que condujo a los magos de Oriente hasta la gruta de Belén.
La luz de aquella estrella tenía un propósito: señalar el sitio exacto en donde encontrar a Jesús, guiar hasta ese punto a los adoradores. "Hemos visto su estrella y venimos a adorarle" (Mateo 2, 2).
La luz de la estrella de Belén me recuerda la luz que hoy también guía a los adoradores hasta el sitio donde está Jesús: es la luz de la lámpara que siempre se encuentra junto al sagrario.
Jesús está igual de presente hoy en el sagrario que hace veintiún siglos en el pesebre de Belén. Es el mismo: su mismo Cuerpo, su misma Sangre, su misma Alma y su Divinidad. Y con un abajamiento muy similar, entonces como un débil niño, hoy como una simple hostia.
Llama la atención del relato de los magos que, siguiendo la estrella y llegados al destino, la pobreza de aquella escena no les hizo dudar de que aquel niño era el Rey que buscaban con el solo fin de adorarle.
Simplemente se dejaron guiar por esa luz, avanzaron, hallaron a Quien buscaban y lo adoraron.
Hoy también una luz brilla junto a cada sagrario para señalar que allí está presente Jesús e invitar a adorarle.
Es una luz que nunca deja de brillar... que nunca deja de dar testimonio... que nunca deja de invitar a la oración. Y así se vuelve también imagen del verdadero orante, del adorador que, tan solo con su presencia junto al sagrario, es lampara viviente que señala que allí está su Señor e invita a otros a adorar a Dios...
San Luis Orione (1872-1940) contemplaba la lámpara junto al sagrario como una privilegiada que consumía su vida junto a Jesús.
Traduzco y comparto aquí unas líneas que brotaron en el corazón de Don Orione como fruto de una experiencia que tuvo siendo un joven seminarista, cuando lo emplearon como cuidador en la catedral de Tortona (Italia). Su humilde habitación, en lo alto del templo, tenía una pequeña ventana desde la que divisaba la luz de la lámpara junto al sagrario. De noche, en soledad, oraba con aquella tenue y apacible luz... Y entonces esa lámpara deseaba ser:

"Oh, tú, afortunada, humilde lámpara que siempre velas, consumiéndote delante de mi Jesús.
Habitante de este sitio, pleno de amor, que rodea el Corazón de mi Dios, dime, ¿conoces tú sus latidos ardientes, su inefable dulzura?
Ven, bendita luz, penetra en mi corazón, hasta lo profundo, hasta sus secretas hendiduras... Háblame del Buen Jesús, de su amor.
Tu calor suave y delicado reavivará dulcemente mi espíritu y hará brotar las semillas de las virtudes y el sacrificio.
¡Oh, dulce Jesús, si en mi corazón una llama perenne de amor emulase la vigilante lampara en su arder para Vos, intensamente, hoy, mañana... siempre!
Te veo desde aquí, lámpara querida, resplandecer como una estrella.
¡Cuántas cosas nos da tu antorcha bella que al alma sedienta siempre enseña!
Consumes tu vida junto al altar: tu luz es del amor dulce testimonio.
¡Oh, quién puede imaginar vida más hermosa, quién puede desear vida más querida...!
Delante de Él, que "hiere y consuela", cédeme tu lugar solo por un día o, mejor aún, por una sola noche.
Déjame probar qué delicia es consumir por Él mi vida en el dulce permanecer con Jesús".

jueves, 28 de enero de 2016

#189 Amigo invisible



En diciembre de 2015 con mis compañeros de trabajo jugamos al "amigo invisible" para Navidad. Por sorteo, cada uno debía hacer un regalo, de manera anónima, a uno de sus compañeros.El regalo que me hicieron fue un pesebre, hecho con vellón, traído de la ciudad argentina de Córdoba. Me encantó y, sin saber quién me lo había regalado, fui agradeciendo uno por uno... hasta que descubrí la identidad de mi "amigo invisible", Aitor Iturria, a quien agradezco el gesto delicado de alegrarme el corazón regalándome algo que sabe que me gusta y valoro tanto...
Esto del "amigo invisible" me hizo pensar en cuántos bienes -materiales y espirituales- recibimos a lo largo de nuestra vida sin enterarnos nunca de qué manos provienen.
De cuántas cosas que recibimos en nuestros primeros años de vida no somos conscientes... no podemos recordar quién nos acunó con paciencia aquella noche que éramos llanto vivo...
Sabemos que nuestros padres o abuelos habrán hecho muchos de estos actos buenos por nosotros, pero en lo concreto permanecen invisibles a nuestra memoria.
Hay otros bienes que hemos recibido de los que sí somos conscientes, pero ignoramos la identidad de nuestro benefactor. Quizás un mensaje anónimo de consuelo o un desconocido que nos ayudó en la calle...
Otras veces incluso ignoramos el bien que se nos hace... Alguien que nos perdonó en lo secreto de su corazón, alguien que intercedió a nuestro favor sin que lo sepamos, que rezó por nosotros...
Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) ha planteado una idea que me parece fascinante. Aunque en apariencia podemos ponerle nombre y apellido a los protagonistas de los grandes acontecimientos de nuestra historia personal y de la historia de la humanidad, esta santa afirma que "no cabe ninguna duda de que los giros decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales poco o nada dicen los libros de historia".
Quiénes son estas personas, dice, "a las que hemos de agradecer las transformaciones decisivas de nuestra vida personal" solo lo sabremos "el día en que todo lo oculto sea revelado".
Son personas que viven "íntimamente unidas a Dios" y cuyos frutos pueden permanecen ocultos a los otros hombres e incluso a sí mismas. De allí, sostiene Edith Stein, brotan fuentes misteriosas de vida...
Resulta medio increíble que haya personas así, que nos hagan el bien en lo secreto, sin esperar ni un gracias a cambio e incluso sin conocernos, cuando lo que prima en el mundo es la búsqueda de reconocimiento, de prestigio, de fama y casi todo se hace con algún interés personal.
¿Quién de verdad actúa como "amigo invisible"? Creo que la única respuesta posible la da la propia Edith Stein al decir que son personas que viven "íntimamente unidas a Dios". Porque actuar así, hacer el bien en lo secreto, en el silencio, en lo oculto, es muy propio del estilo de Dios...
Jesús, de hecho, dice san Pedro, "pasó haciendo el bien" (Hechos 10, 38), pero la mayor parte de su vida terrenal fue vida oculta. Y ese hacer el bien en lo secreto de la vida ordinaria de Nazaret nos lo dejó como enseñanza: "tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos"; "cuando des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha para que tu limosna quede en secreto"; "cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto"; "cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto" (Mateo 6).
Ésta es la "escuela" del "Amigo invisible". A todos los que desde ella, en lo secreto, en el anonimato, en lo oculto, en el silencio, me regalan el bien, ¡gracias!



jueves, 21 de enero de 2016

#188 Tilincho




Este pesebre me lo regaló en diciembre de 2015 mi amiga Gina Baldivieso de Arze, de La Paz, Bolivia.
"Es un nacimiento tiilincho", me dijo. "¿Un qué?"... Aunque sí había visto ya pesebres de este estilo, nunca antes había escuchado esa palabra...
El “tilincho” es una figura en miniatura, hecha de barro, cocida y pintada, con características de hombres o mujeres andinos: tez cobriza, vestimenta tradicional y costumbres indígenas y mestizas.
Los pequeños muñecos siempre tienen una expresión alegre, ojos grandes y un sonrisa amplia.
Normalmente representan escenas de la vida cotidiana o de oficios típicos de la cultura boliviana. Pero también está muy difundido el uso de estas pequeñas figuras en la confección de pesebres.
Por lo que pude rastrear, la invención de los "tilinchos" es un asunto disputado: se la atribuyen al historiador y artista plástico Ronald Roa Balderrama, del grupo Pukara; al arquitecto Jimmy Ledezma, que integró ese mismo colectivo de artistas; y al ceramista Wálter Meléndrez, quien hizo de estas miniaturas un producto boliviano de exportación, incluyendo varios modelos de nacimientos.
Y a todo esto, ¿de dónde viene la palabra "tilincho"? Deriva de "tili" o "t'ili", que en aymara significa "el más pequeño", una expresión que viene como anillo al dedo si hablamos de pesebres.
A los "pequeños" y al "más pequeño" ha hecho referencia Jesús en los Evangelios. Es una figura que encierra un modelo de vida espiritual marcado como senda por el propio Jesús. Él mismo se hizo "el más pequeño", un auténtico "tilincho", para enseñarnos quién es verdaderamente grande en el Reino de los Cielos...



jueves, 14 de enero de 2016

#187 Nacimiento characato



Este pesebre me lo regaló en diciembre de 2015 mi amiga Annie Calzia.
Es un pequeño pesebre, de nueve piezas en miniatura, con la representación del nacimiento en estilo characato.
Characato es uno de los distritos de la provincia de Arequipa, en Perú. Está rodeado de cerros y tiene un manantial llamado Ojo del Milagro o Agua del Milagro. El nombre Characato podría ser una derivación de la voz quechua chakra y, de hecho, se utiliza como sinónimo de chacarero en Arequipa.
El pesebre characato nació hace casi tres décadas de las manos del ceramista peruano Eduardo Gonza Aragón, quien quiso crear un nacimiento de arcilla con elementos propios de la cultura arequipeña.
En este nacimiento José es un loncco -como se denomina en Arequipa al campesino que vive en una chacra- de gruesos bigotes negros, camisa arremangada, pantalón y pies descalzos; María es una lechera vestida con falda negra, blusa blanca y delantal rojo; y el Niño Jesús está desnudo y boca abajo, sobre su cunita.
Tanto María como José llevan sombrero de paja de ala ancha, típico de Arequipa.
Completan el pesebre un burro, una vaca y una oveja.
Cada vez que veo representaciones del nacimiento de Jesús al estilo de una cultura particular pienso en la voluntad del Padre de que todos y cada uno de los pueblos reconozcan a su Hijo como Salvador. Y es bella la idea de que cada pueblo, al acoger a Jesús como "su" Salvador, manifieste esta "apropiación" con un pesebre que represente al Señor como uno de los suyos...
En Arequipa, Jesús se hace characato entre los chacareros... y, como canta un villancico compuesto por Raúl García Salazar cuya letra comparto a continuación, el Niño loncco no nace en una gruta sino en un corral del cerro... pero es igual de lindo y es nuestro mismo Redentor.


"En un camino a mi chacra,
junto a la acequia y el boquero,
un niño loncco gritaba:
"¡Allí en el cerro ha nacido Dios!".
Dejé la yunta y mirando hacia el cielo
fui hasta el manantial,
atravesé un alfalfal,
subí al cerro y allí había un corral.
Ha nacido el Redentor,
qué lindo está el Niño Dios.
Lonccos y ccalas miraban
la belleza de mi Señor.
En un corral en el cerro
una estrella alumbró
y entre el burrito y la vaca,
José, María, está el Señor.
Qué viva el Niño Dios,
Él es nuestro Redentor.
Lonccos y ccalas saltaban
de alegría por nuestro Señor.
Desde toítos los rincones
ccalas y lonccos han venido
a mirar qué linda guagua
que en el corral del cerro ha nacido.
Venite pronto, chacarero,
por la pacha han de subir.
Entre la mula y el buey
ha nacido nuestro Rey".



viernes, 8 de enero de 2016

#186 Mejillas

Este pesebre me lo regalaron en diciembre de 2015 mamá y papá. Lo compraron en Buenos Aires, pero fue hecho en China.
Es una única pieza, de resina, con las figuras de José, María y el Niño "rellenitos". Los rostros redondeados, las mejillas sonrojadas, le dan una expresión muy tierna, en particular a la Virgen.
Como los ojos, "espejo del alma", las mejillas también tienen ese poder de revelar exteriormente, en el rostro, lo que pasa por el corazón de una persona.
Sentimientos como la alegría, la timidez, incluso la ira, se traslucen en las mejillas...
¿Qué revelan las mejillas de María? "Tienes tan castas y hermosas las mejillas, Virgen pura, que en fragancia y hermosura son azucenas y rosas", dice fray Luis María Llop en su poema "Lo mejor de la Virgen".
El Dios enamorado que habla en el Cantar de los Cantares le lanza este elogio a su Amada para exaltar su belleza: "Como cortes de granada son tus mejillas, detrás de tu velo". Y se lo dice, no una, sino dos veces.
Es una imagen preciosa: dos mitades de granada, una fruta que en su interior cobija cientos de granos color rojo sangre, semillas que, una vez salidas y ofrecidas, darán nueva vida y se multiplicarán en más frutos. ¡Cuán bien se aplica esta bella imagen a la Virgen que en su seno llevó el fruto bendito que nos dio Vida!

jueves, 31 de diciembre de 2015

#185 Bajo las alas de Dios


Este pesebre, de una sola pieza, lo compré en Buenos Aires en diciembre de 2015.
Un par de alas cobija el nacimiento de Jesús, signo del amor de Dios Padre.
En los salmos aparece varias veces esta figura, la de las alas de Dios, para expresar la protección, el refugio, el amparo que prodiga Dios.
"Guárdame como a la niña de los ojos, a la sombra de tus alas escóndeme de los malvados que me asaltan, del enemigo mortal que me acorrala" (Salmo 17).
"Piedad de mí, oh Dios, piedad, que me refugio en ti; me refugio a la sombra de tus alas, hasta que pasa la calamidad" (Salmo 57).
"Te cubrirá con sus plumas, y bajo sus alas te refugiarás" (Salmo 91).
Esas alas no solo son un escondite en el que refugiarse, una barrera de protección ante el mal. Son también casa, "tienda de Dios", calor de hogar que nos hace pedir: "Quiero hospedarme siempre en tu tienda, refugiado al amparo de tus alas" (Salmo 61).
Y en ese hogar de las alas de Dios que nos cobija hay un bien que se nos ofrece, la fuente misma de la Vida y la Luz verdadera: "¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios! Los humanos se refugian a la sombra de tus alas, se sacian con la abundancia de tu casa, les das a beber en el río de tus delicias; porque en ti está la fuente de la vida y con tu luz vemos la luz" (Salmo 36).
Quizá llegamos a refugiarnos bajo esas alas huyendo de una tempestad o de un enemigo, con miedo, desesperación. Pero hechas hogar, esas alas se vuelven espacio de unión con Dios y, por tanto, de felicidad: "Tú has sido mi ayuda y a la sombra de tus alas salto de gozo. Mi vida está unida a ti y tu mano me sostiene" (Salmo 63).
Jesús nació bajo estas alas del Padre y a su sombra vivió. Conocía tan bien los tesoros de gracia escindidos bajo estas alas que deseó Él mismo poder reunir a los suyos bajo ese plumaje, como una gallina lo hace con sus pollitos (Mateo 23, Lucas 13). Lo dijo queriéndolo para Jerusalén y lamentando su rechazo. Y Jesús derramó lágrimas por Jerusalén...
Unos meses antes de morir, el 7 de junio de 1897, santa Teresa del Niño Jesús también lloró al ver esta escena en un rincón de su Carmelo de Lisieux.
En las "Últimas conversaciones", recogidas por su hermana Paulina -la Madre Inés de Jesús-, se cuenta cómo aquel día, Teresita, “al bajar las escaleras, vio, a la derecha, bajo el níspero, a la gallinita blanca que tenía a todos sus polluelos recogidos bajo las alas".
"Se paró muy pensativa a contemplarlos. Al cabo de un rato, le hice señas de que era hora de volver a entrar. Tenía los ojos arrasados en lágrimas. Le dije: '¿Estáis llorando?'. Entonces se cubrió los ojos con la mano, llorando más, y me respondió: 'No puedo deciros en este momento por qué lloro; me siento demasiado emocionada...'".
Por la noche, ya en su celda, Teresa le confió a Paulina el por qué de sus lágrimas: "He llorado al pensar que Dios escogió esa comparación para hacernos creer en su ternura. Eso es lo que ha hecho Él durante toda mi vida. ¡Me ha escondido enteramente bajo sus alas!”.

domingo, 27 de diciembre de 2015

#184 El sueño del Niño Jesús



Este Niño, uno de los más preciosos que he visto, me lo regaló en diciembre de 2015 Eduardo Molinari, un hermano de la parroquia.
Contemplar esta figura da mucha serenidad: Jesús descansa plácidamente, nada parece turbarlo. Todo en su rostro habla de reposo.
En esta época de tanta agitación y ajetreo... ¡¿quién pudiera dormir así?!
Sin embargo, en este sueño de Jesús hay algo misterioso... tan misterioso como su condición de verdadero Dios y verdadero Hombre: ¿Cómo, siendo Dios, duerme? ¿Cómo, siendo Hombre, vela?
"Tu guardián no duerme, no duerme ni reposa", dice el salmista sobre Dios (Salmo 120, 3-4). Dios no nos saca los ojos de encima, ni para dormir. Nos cuida siempre.
¿Qué hace entonces Jesús durmiendo?
Meditando sobre el sueño de Jesús en el pesebre, san Alfonso María de Ligorio dice que el descanso del Niño fue muchas veces interrumpido por la dureza de aquella "camita excesivamente dura y molesta" y por el rigor del frío que reinaba en la gruta de Belén.
"De vez en cuando, sin embargo, la naturaleza sucumbía a la necesidad y el Niño querido adormecía. Pero el sueño de Jesús fue muy diferente del de los otros niños", asegura san Alfonso María de Ligorio.
Según explica el santo, cuando Jesús dormía, el cuerpo reposaba, pero su alma velaba. Velaba orando, ofreciendo, intercediendo por nosotros...
"Dormía, pues, el Santo Niño, pero mientras dormía, pensaba en todos los padecimientos que tendría que sufrir por nuestro amor, en el transcurso de toda su vida y en la hora de su muerte. Pensaba en los trabajos por los cuales había de pasar en Egipto y en Nazaret, llevando una vida extremamente pobre y despreciada. Pensaba particularmente en los azotes, en las espinas, en las injurias, en la agonía y en la muerte desolada que al final debía padecer sobre la Cruz. Todo eso Jesús ofrecía al Padre Eterno mientras estaba durmiendo, a fin de obtener para nosotros el perdón y la salvación. Así nuestro Salvador, durante el sueño, estaba mereciendo por nosotros, reconciliaba con nosotros a su Padre y nos alcanzaba gracias", explica.
Es así cómo, en su sueño, Jesús duerme y vela a la vez. Porque es verdaderamente Hombre y verdaderamente Dios.
Y este sueño de Jesús se convierte entonces para nosotros en fuente de confianza y escuela de abandono.
Si mi Dios no duerme ni reposa porque es mi guardián, entonces yo puedo descansar en Él.
Es admirable cómo Jesús, en la confianza, es nuestro Maestro desde la cuna de Belén: se entrega al sueño, aún en un ambiente no muy propicio para un niño recién nacido, porque se fía totalmente de su Padre.
Puedo cerrar los ojos, dar reposo a mi mente y a mi cuerpo. Sosegar el corazón. Dios está conmigo, siempre despierto, como una madre que vigila el sueño de su hijo recién nacido. Incluso el Espíritu ora en mí cuando duermo...
No es solo la seguridad de saber Quién nos cuida. Es además el amor que nos da Dios en ese cuidado, la caricia, el mimo, el arrullo, la calidez de su cercanía... 


"Pues os venero, mi dueño,
con la muerte y cruz dormidos,
socorred todo afligido, 
dulce Jesús del Buen Sueño. 
Descansando, tierno Niño, 
os advierte mi cuidado, 
admirando en vuestro agrado 
todo el primor del aliño, 
y el más perfecto cariño 
en vuestro rostro risueño, 
socorred todo afligido. 
Sobre una cruz reclinado, 
dulcemente estáis dormido, 
mostrándonos advertido 
este sosiego sagrado 
que el error más obstinado 
os dio por descanso un leño; 
socorred todo afligido. 
La muerte como rendida, 
Niño, os sirve de almohada, 
y es justo que esté postrada 
cuando fue por Vos vencida. 
Vuestra imagen perseguida, 
compendio de la hermosura, 
toda respira ternura, 
si de cerca se examina. 
Un ascenso misterioso 
nos dio tan bello portento, 
por favor de asiento 
vuestro afecto generoso, 
al que devoto y piadoso 
os adorare por Dueño. 
Por que con fiel alegría 
os sirva nuestra fineza, 
dispuso vuestra grandeza 
estar cerca de María, 
cuya amante melodía 
promete amparos sin ceño. 
Com esmero prodigioso 
al que gime desvelado 
concede vuestro cuidado 
sueño, descanso y reposo, 
siendo amparo tan precioso 
de vuestra piedad empeño, 
socorred todo afligido. 
Pues os venero, mi dueño, 
con la muerte y cruz dormidos, 
socorred todo afligido, 
dulce Jesús del Buen Sueño". 

(Gozos al Niño Jesús del Buen Sueño)